La NBA suele entrar en una etapa de relativa calma durante agosto, pero los movimientos de los Denver Nuggets volvieron a colocar a la franquicia en el centro de la conversación. La decisión de enviar a Peyton Watson a los Cleveland Cavaliers dentro de un acuerdo entre cinco equipos no puede analizarse únicamente desde el punto de vista económico. También obliga a preguntarse si Denver está haciendo lo suficiente para aprovechar los mejores años de Nikola Jokić.
En términos aislados, la operación puede tener argumentos a favor. Watson tiene un promedio de carrera de 8.7 puntos y un 36.1 % en triples. Además, el joven alero ha tenido problemas para mantener de manera consistente el nivel que mostró durante su mejor tramo, particularmente en enero de este año.
El problema aparece cuando se observa la decisión dentro del contexto completo del proyecto de los Nuggets.
Y ese contexto es mucho menos alentador.
Jokić no es un jugador cualquiera
Denver no está administrando el futuro de una franquicia alrededor de una estrella más. Está intentando competir con uno de los jugadores estadísticamente más dominantes de la historia de la NBA.
Jokić lidera históricamente la NBA en Player Efficiency Rating, Box Plus/Minus y Win Shares por 48 minutos, tres métricas avanzadas utilizadas para medir el impacto global de un jugador. También está empatado en el primer lugar histórico de triples-dobles considerando temporada regular y playoffs y forma parte del reducido grupo de jugadores que han conquistado tres premios de MVP.
A sus 31 años, además, sigue en plena etapa competitiva.
Su estilo de juego puede favorecer un envejecimiento relativamente positivo. Jokić no depende principalmente de la velocidad o de la capacidad atlética para producir. Su lectura del juego, capacidad de pase, eficiencia ofensiva y dominio cerca del aro constituyen la base de su valor.
Por eso, la ventana para intentar ganar nuevamente con él sigue abierta.
La pregunta es si Denver está utilizando esa ventana de la manera adecuada.
El problema no es solo Peyton Watson
Watson tenía dudas reales a su alrededor. Pagarle aproximadamente 22 millones de dólares anuales habría elevado todavía más la factura de una plantilla que ya estaba por encima del segundo apron salarial.
Desde una perspectiva financiera, Denver tenía razones para evaluar cuidadosamente la operación.
Pero el cuestionamiento surge porque Watson representaba también una de las apuestas jóvenes más interesantes de la organización.
A cambio, los Nuggets recibieron una selección de primera ronda que no se materializaría hasta una etapa en la que Jokić tendría 36 años. Y el paquete no incluyó jugadores jóvenes preparados para contribuir inmediatamente.
Eso resulta difícil de justificar cuando el principal objetivo debería ser maximizar el presente de un jugador generacional.
Cuatro temporadas de retroceso
La preocupación adquiere mayor dimensión al observar los últimos cuatro veranos.
Después del campeonato de 2023, Denver perdió a Bruce Brown, aunque las reglas del convenio colectivo hicieron que aquella salida fuera difícil de evitar.
Un año después se marchó Kentavious Caldwell-Pope, otro integrante importante del equipo campeón.
En 2025, los Nuggets enviaron a Michael Porter Jr. y capital de draft a Brooklyn a cambio de Cameron Johnson, además de perder a Russell Westbrook.
También pasaron por la plantilla jugadores como Dario Šarić y Jonas Valančiūnas sin convertirse en soluciones permanentes.
Ahora, durante este verano, Denver perdió a Watson y a Tim Hardaway Jr.
No todos esos movimientos fueron necesariamente malos cuando se analizaron individualmente. El intercambio de Porter, por ejemplo, podía entenderse como una búsqueda de flexibilidad y consistencia defensiva sin sacrificar completamente el tiro exterior.
Pero el problema de una construcción deportiva no siempre está en una operación aislada.
Está en el acumulado.
El caso de Michael Porter Jr. duele todavía más
El rendimiento de Porter después de salir de Denver hace que aquel movimiento sea todavía más difícil de evaluar.
Con Brooklyn, el alero comenzó la temporada con un nivel ofensivo extraordinario. En sus primeros 38 partidos promedió 25.6 puntos, 3.8 triples y 3.2 asistencias, mientras convirtió el 39.8 % de sus intentos desde tres puntos.
Eso no demuestra por sí solo que Denver se equivocara al traspasarlo. Las necesidades salariales, defensivas y de construcción de plantilla también importan.
Pero sí demuestra que los Nuggets dejaron escapar una pieza con capacidad para elevar considerablemente su techo ofensivo.
Mientras tanto, decisiones como la extensión de Zeke Nnaji y el coste asociado al intento de desprenderse del contrato de Reggie Jackson, operación que requirió tres selecciones de segunda ronda, han aumentado la sensación de que Denver no siempre ha manejado sus recursos con la precisión necesaria.
Y, sin embargo, los Nuggets todavía pueden competir
La situación no significa que Denver haya construido una mala plantilla.
De hecho, todavía tiene argumentos importantes.
Jamal Murray llega después de una temporada en la que alcanzó un nivel digno de All-NBA y continúa en sus mejores años.
Aaron Gordon sigue siendo uno de los complementos más completos que puede tener una estrella como Jokić, aunque sus problemas físicos representan una preocupación.
Cameron Johnson también demostró durante largos tramos de la campaña anterior que puede encajar como una pieza de conexión dentro de este equipo.
Si Christian Braun recupera su mejor nivel después de sus problemas de salud, podría acercarse nuevamente al rendimiento que llevó a Denver a otorgarle una importante extensión.
Y la llegada de Marvin Bagley III ofrece una alternativa interior que podría terminar siendo más útil de lo que muchos esperan.
Además, existe la posibilidad de incorporar a DeMar DeRozan, un movimiento que aportaría experiencia y capacidad de creación ofensiva a una segunda unidad que ha sido una de las debilidades del equipo durante la era Jokić.
Por tanto, el panorama no es necesariamente catastrófico.
Pero tampoco es tranquilizador.
El Oeste tampoco espera
El problema para Denver es que competir en la Conferencia Oeste exige cada vez más.
Los Oklahoma City Thunder y los San Antonio Spurs cuentan con plantillas jóvenes, atléticas y con importantes posibilidades de crecimiento.
Los Minnesota Timberwolves, que durante años han representado uno de los enfrentamientos más incómodos para Denver, añadieron a LaMelo Ball.
Mientras tanto, hay menos equipos dispuestos a sacrificar deliberadamente resultados para desarrollar talento mediante reconstrucciones largas.
Eso significa que el camino de los Nuggets hacia una nueva final de conferencia puede hacerse todavía más complicado.
Y cuando el principal jugador tiene 31 años, cada temporada que pasa sin competir seriamente por un campeonato adquiere mayor valor.
La verdadera preocupación es Jokić
Quizás el elemento más delicado no sea el talento disponible, sino la percepción que Jokić pueda desarrollar sobre el proyecto.
Durante años, el serbio ha expresado su deseo de permanecer en Denver durante toda su carrera. Este verano decidió no firmar una extensión porque puede acceder a un contrato todavía mayor el próximo año, que podría superar los 350 millones de dólares durante cinco temporadas.
Pero una decisión financiera no equivale a una garantía de permanencia.
Jokić ha ganado un campeonato, tres MVP y prácticamente todos los reconocimientos individuales importantes. A estas alturas de su carrera, su prioridad competitiva puede ser determinar si la organización está realmente construyendo para ganar.
Ese es el riesgo que Denver está asumiendo.
Si los Nuggets vuelven a quedar fuera temprano de los playoffs y Watson, por ejemplo, desarrolla en Cleveland el potencial que Denver decidió no pagar, la narrativa alrededor de la franquicia cambiará todavía más.
Entonces la pregunta dejará de ser si los Nuggets hicieron bien en ahorrar dinero.
Será si utilizaron correctamente los mejores años de Nikola Jokić.
Denver todavía tiene tiempo para reaccionar
La conclusión no debería ser que Jokić está a punto de abandonar Denver.
No hay evidencia suficiente para afirmar eso.
La realidad es más sencilla y, precisamente por eso, más preocupante: los Nuggets están entrando en una etapa en la que cada decisión tiene mayor importancia.
Jokić continúa siendo una garantía de competitividad. Su presencia prácticamente impide una reconstrucción convencional porque eleva inmediatamente el nivel del equipo.
Pero competir no es lo mismo que ganar.
Denver ya demostró que puede construir un campeón alrededor de Jokić. Lo hizo en 2023.
El desafío ahora consiste en demostrar que también sabe mantener una plantilla de campeonato alrededor de él.
La salida de Watson, por sí sola, no define el futuro de la franquicia. Tampoco lo hacen los traspasos de Porter, Caldwell-Pope o Brown considerados individualmente.
Lo que preocupa es el patrón.
Cuatro temporadas después del campeonato, los Nuggets parecen haber utilizado buena parte de su energía en administrar restricciones financieras, contratos y flexibilidad futura, mientras que Jokić continúa esperando una plantilla capaz de acompañarlo en la lucha por otro título.
El tiempo, sin embargo, no se detiene.
Y para una superestrella de 31 años que ya demostró que puede llevar a Denver hasta la cima, el futuro puede ser menos importante que aprovechar el presente.
Si los Nuggets quieren asegurarse de que Jokić termine su carrera vestido de azul y oro, la mejor manera de hacerlo no será solamente ofreciéndole el contrato más grande posible.
Será demostrarle, temporada tras temporada, que también están dispuestos a hacer todo lo necesario para volver a ganar.