La retirada de Russell Westbrook a los 37 años sorprendió a buena parte del mundo de la NBA. No necesariamente porque el ex MVP todavía fuera el jugador dominante que llegó a ser, sino porque su salida se produjo cuando todavía parecía tener argumentos para ocupar un lugar en algún equipo de la liga.

Para Patrick Beverley, antiguo rival y posteriormente compañero de Westbrook, la explicación del deterioro de su carrera va más allá del rendimiento sobre la cancha. El exbase considera que hubo un factor externo que terminó condicionando la manera en que la liga veía al jugador: la narrativa construida alrededor de él durante sus últimos años.

“Creo que los medios mataron su juego”, afirmó Beverley en su programa The Pat Bev Show, según recoge la información citada por el artículo. Su argumento parte de un momento específico: la llegada de Westbrook a Los Angeles Lakers.

Beverley considera que aquel capítulo representó un punto de inflexión. A partir de entonces, Westbrook comenzó a cargar con una percepción negativa que, en su opinión, terminó trascendiendo las estadísticas y afectando incluso la evaluación que las organizaciones hacían de él.

Según Beverley, después de su etapa en Los Ángeles existían dudas alrededor de Westbrook que iban mucho más allá de lo estrictamente deportivo.

Los equipos, explicó, comenzaron a preguntarse si era un jugador dispuesto a asumir un papel dentro de un colectivo y si podía ser una presencia positiva en el vestuario. Es decir, el problema dejó de ser únicamente qué podía producir Westbrook y pasó a ser qué significaba tenerlo dentro de un equipo.

Esa diferencia es fundamental para comprender la última etapa de su carrera.

Westbrook fue durante años uno de los jugadores más explosivos de la NBA. MVP, múltiples veces All-Star y uno de los grandes generadores de triple-dobles de la historia, construyó su carrera alrededor de una identidad muy particular: velocidad, agresividad, volumen ofensivo y una enorme confianza en sus propias capacidades.

Pero cuando sus condiciones físicas comenzaron a disminuir, ese mismo estilo se convirtió en un obstáculo. Lo que antes parecía energía competitiva podía interpretarse como precipitación; lo que antes era agresividad podía convertirse en malas decisiones; y los tiros que en otro momento parecían parte natural de su juego comenzaron a ser utilizados como evidencia de sus limitaciones.

Ahí entra el argumento de Beverley.

El exjugador sostiene que la cobertura mediática no solamente reflejó esas deficiencias, sino que contribuyó a consolidar una percepción que terminó influyendo en los aficionados y, posteriormente, en las propias franquicias.

“Permitió que los aficionados lo llamaran de diferentes maneras y tuvieran opiniones sobre su juego, lo que también obligó a propietarios, gerentes generales y presidentes a verlo de determinada manera”, explicó.

No obstante, reducir el declive de Westbrook exclusivamente a los medios sería demasiado sencillo. Su carrera también estuvo marcada por cambios de equipo, lesiones, disminución de su explosividad y dificultades para adaptar su juego a un papel secundario.

Precisamente por eso resulta importante el ejemplo de Denver Nuggets. Durante su etapa allí en 2025, Westbrook demostró que todavía podía modificar su función y contribuir sin ser necesariamente la principal figura ofensiva.

Ese proceso de adaptación quizá sea uno de los aspectos más interesantes de sus últimos años. El jugador que durante buena parte de su carrera necesitaba tener el balón y asumir responsabilidades enormes tuvo que aprender a aportar desde un papel diferente.

El problema fue que los equipos contendientes no parecieron encontrar suficiente valor en esa versión de Westbrook como para garantizarle continuidad.

Y esa puede ser una explicación más completa de su retirada: no necesariamente que ya no pudiera jugar, sino que la combinación entre su edad, su evolución física, su reputación y la percepción de su encaje en determinados equipos redujo considerablemente las oportunidades disponibles.

Beverley, sin embargo, cree que Westbrook todavía tenía baloncesto que ofrecer. Su defensa del antiguo compañero también refleja algo que suele ocurrir con las grandes figuras cuando se retiran: desaparece la presión de juzgar cada partido y comienza a aparecer una valoración más amplia de su legado.

Durante sus mejores años, Westbrook fue uno de los jugadores más difíciles de ignorar de la NBA. Su intensidad, sus triple-dobles y su capacidad atlética lo convirtieron en una figura generacional, aunque también en uno de los jugadores más discutidos de su época.

Ahora que su carrera terminó, la conversación comienza a cambiar.

Y quizá esa sea precisamente la paradoja que Beverley intenta señalar: Westbrook no necesitó convertirse en un jugador perfecto para tener una carrera extraordinaria; pero, en sus últimos años, sus errores terminaron pesando mucho más que sus virtudes en la percepción pública.

Su legado, sin embargo, parece estar fuera de discusión. Como sostiene Beverley, Westbrook apunta a ser un integrante del Salón de la Fama en primera votación, reconocimiento acorde con una trayectoria que, independientemente de cómo terminó, dejó una huella profunda en la historia moderna de la NBA.