A pesar del 4-0 definitivo, el coach Mark Daigneault admitió que la agresividad defensiva de los Lakers fue la prueba más dura que han enfrentado en años. Shai Gilgeous-Alexander tuvo que sudar “petróleo” para anotar 35 puntos en el Juego 4 ante una defensa que no lo dejó respirar. ¡OKC ya espera en las Finales del Oeste!

El Oklahoma City Thunder sigue su paso perfecto en estos Playoffs 2026 tras barrer a los Los Angeles Lakers este lunes. Con un récord de 8-0 en la postemporada (sumando la barrida a Phoenix), los campeones defensores parecen encaminados a repetir el título, aunque la serie ante los angelinos les dejó lecciones valiosas sobre cómo sobrevivir a un esquema defensivo “maniaco”.

La “clase” de JJ Redick

Aunque los Lakers no pudieron ganar un juego, el respeto que se ganó Redick como estratega es total. El coach del Thunder, Mark Daigneault, fue sincero tras el partido:

  • Defensa asfixiante: “Es la defensa de doble equipo más agresiva que hemos visto en mucho tiempo en una serie de playoffs”, admitió Daigneault.

  • Ajedrez táctico: Comparó el esquema de los Lakers con la zona que les plantó Denver el año pasado, destacando cómo Los Ángeles logró “mezclar” las defensas para confundir a sus estrellas.

Shai: Modo MVP activado

A pesar de estar rodeado por dos y tres defensas en cada posesión, Shai Gilgeous-Alexander demostró por qué es el mejor del mundo en este momento:

  • Cierre de oro: En el Juego 4, Shai explotó con 35 puntos y 8 asistencias, sabiendo cuándo atacar y cuándo pasar ante el asedio púrpura y oro.

  • Soporte de lujo: Ante la baja de Jalen Williams, el novato Ajay Mitchell y el gigante Chet Holmgren sacaron la cara para castigar los espacios que dejaba la defensa de los Lakers sobre Shai.

¿Qué sigue para el Campeón?

El Thunder ahora se sienta a esperar al ganador de la “guerra” entre los San Antonio Spurs y los Minnesota Timberwolves (serie empatada 2-2). Con el descanso a su favor y un nivel de juego que asusta, OKC es el rival a batir, pero se llevan de los Lakers el recordatorio de que en el Oeste nadie regala nada.

Para LeBron James, a sus 41 años, queda la duda de si este fue su último baile, pero lo hizo peleando cada centímetro de la duela hasta el último silbato.