Tras permanecer un año completo fuera de las pistas de la NBA, Ben Simmons ha comenzado a explorar activamente el mercado. Su entorno sondea opciones entre aquellas franquicias dispuestas a abrirle las puertas y ofrecerle una nueva oportunidad para relanzar una carrera marcada por lesiones, baches de confianza y prolongadas ausencias. Sin embargo, en el epicentro del baloncesto neoyorquino, la postura de los especialistas es categórica: el Madison Square Garden no debe ser su destino.

El periodista James L. Edwards III, analista que cubre el día a día de los New York Knicks para The Athletic, desestimó de plano cualquier acercamiento entre la organización y el jugador australiano:

“Considero que Simmons merece otra oportunidad en la NBA, pero definitivamente no con los Knicks”, sentenció Edwards en su valoración.

El cortocircuito táctico: falta de tiro y colapso del espacio ofensivo

La principal objeción de Edwards radica en el perfil estrictamente baloncestístico de Simmons, cuya renuencia a lanzar a media y larga distancia ha sido una constante en su trayectoria. En un ecosistema ofensivo moderno, la incapacidad para generar peligro exterior resulta letal para el espaciado sobre la duela:

Incompatibilidad con el balón: Edwards argumenta que, a menos que haya modificado su mecánica durante su tiempo de inactividad, resulta inviable apostar por un efectivo que solo rinde con la pelota en sus manos pero se niega a tirar desde el perímetro.

Defensas cerradas: Al flotarle y cederle el tiro exterior, los rivales colapsarían la pintura y entorpecerían la fluidez de la ofensiva neoyorquina.

Exigencia de campeonato: Como defensores del título de la NBA, los Knicks no pueden permitirse desajustes que resten dinamismo a su esquema táctico.

Fragilidad en la línea de libres: Su histórico déficit desde el tiro libre agrava la dificultad de mantenerlo en cancha en momentos de máxima presión.

El factor distracción en la meca del baloncesto

Más allá del encaje dentro del sistema de juego, el entorno mediático de la Gran Manzana representa un obstáculo insalvable. Al llegar con la etiqueta de vigentes campeones, los focos sobre los Knicks se han multiplicado, dejando a la institución bajo un escrutinio diario permanente.

En ese ambiente, la llegada de un antiguo número uno del draft con un historial extradeportivo tan turbulento generaría un nivel de ruido mediático desmedido para alguien destinado al fondo del banquillo:

“Añadir a Simmons sería una distracción innecesaria, y esta franquicia ya está bajo el microscopio todo el tiempo. Al haber sido un número uno del draft y tener una carrera tan atípica, se convertiría en tema constante de conversación, mucho más de lo que jamás debería ser un jugador del final del banquillo. Simplemente no vale la pena, especialmente en Nueva York”, remarcó Edwards.

Para el analista, el contexto adecuado para intentar recuperar a Ben Simmons dista por completo de la exigencia del Madison Square Garden: su perfil encajaría de forma más orgánica en una franquicia en proceso de reconstrucción, donde la presión por resultados inmediatos sea nula y exista margen para tolerar sus limitaciones sin comprometer las aspiraciones a un anillo.