Los Minnesota Timberwolves consiguieron una de las incorporaciones más llamativas de la agencia libre al hacerse con Jonathan Kuminga, una operación que tomó por sorpresa debido a que Minnesota no aparecía entre los equipos que más habían sonado alrededor del jugador.

Detrás del movimiento hubo, sin embargo, una estrategia mucho más intensa de lo que parecía desde fuera. El presidente de operaciones de baloncesto de la franquicia, Tim Connelly, mantuvo conversaciones prolongadas con Kuminga e incluso viajó a Miami para reunirse personalmente con el alero de 23 años.

Pero Connelly no fue el único que intentó convencerlo.

Anthony Edwards también asumió un papel importante en el reclutamiento y, de acuerdo con el reporte de The Athletic citado por ClutchPoints, estuvo llamando a Kuminga durante el verano para transmitirle un mensaje claro: la principal figura de Minnesota quería tenerlo a su lado.

Edwards tomó la iniciativa

La participación de Edwards resulta especialmente significativa porque no se trató simplemente de una conversación aislada.

El escolta estuvo en contacto con Kuminga mientras este analizaba diferentes posibilidades para continuar su carrera. Entre los equipos que también mostraron interés estaban los Lakers, Bulls y Trail Blazers, mientras Cleveland también estuvo involucrado antes de adquirir a Peyton Watson.

En ese escenario, Minnesota necesitaba convencer al jugador de que su proyecto podía ofrecerle algo que otros destinos no necesariamente podían garantizar.

Edwards ayudó desde el ámbito personal.

El mensaje de la estrella de los Timberwolves fue, esencialmente, que Kuminga tendría el respaldo de la cara de la franquicia. Para un jugador que todavía busca establecerse definitivamente en la NBA, esa confianza puede tener un peso considerable.

Y Minnesota terminó consiguiendo su objetivo.

Una apuesta por el potencial

La operación también refleja cuánto creen los Timberwolves en las capacidades todavía por desarrollar de Kuminga.

El jugador se convirtió en agente libre después de que los Atlanta Hawks rechazaran ejercer su opción de equipo de 24.3 millones de dólares. Posteriormente, Kuminga acordó con Minnesota un contrato de dos años por 13 millones de dólares.

Su etapa en Atlanta había sido breve. En 16 partidos promedió 12.3 puntos, 5.3 rebotes y 2.1 asistencias, números que no parecen extraordinarios, pero que no resumen necesariamente la valoración que existe sobre su techo.

En Minnesota ven algo más.

La organización considera que Kuminga todavía tiene potencial defensivo por desarrollar y que sus características físicas y su versatilidad pueden resultar particularmente útiles contra algunos de los equipos más fuertes y físicos de la Conferencia Oeste.

Esa apuesta explica en buena medida por qué los Timberwolves estuvieron dispuestos a competir agresivamente por él pese a que inicialmente no eran considerados uno de los destinos principales.

Una pieza que puede cambiar el equilibrio

El atractivo de Kuminga para Minnesota también está relacionado con el tipo de jugador que puede convertirse dentro de la estructura del equipo.

Su combinación de tamaño, potencia, capacidad atlética y versatilidad defensiva puede permitirle asumir diferentes responsabilidades. Si consigue desarrollar de manera consistente esa faceta defensiva y mejorar su eficiencia ofensiva, puede convertirse en una pieza importante de una plantilla diseñada para competir en una conferencia particularmente exigente.

La expectativa es todavía mayor al imaginarlo compartiendo cancha con Edwards, Jaden McDaniels y Rudy Gobert.

El propio Edwards puede beneficiarse de contar con otro jugador capaz de atacar espacios, defender múltiples posiciones y asumir responsabilidades físicas que ayuden a reducir la presión sobre la estrella.

Minnesota no quería dejar escapar la oportunidad

La manera en que se concretó el fichaje demuestra que los Timberwolves no esperaron a que Kuminga se convirtiera en una opción evidente para actuar.

Connelly viajó personalmente para reunirse con él y Edwards mantuvo contacto durante el verano. Otros jugadores de Minnesota también participaron en el proceso de reclutamiento.

La franquicia, en otras palabras, hizo un esfuerzo colectivo.

Ahora la apuesta debe trasladarse a la cancha. El contrato de dos años por 13 millones representa una inversión relativamente contenida para un jugador al que la organización atribuye un potencial considerable.

La incógnita será si Kuminga consigue convertir esa confianza en producción sostenida.

Si lo hace, los Timberwolves podrían haber encontrado mucho más que un refuerzo de rotación. Podrían haber incorporado una pieza capaz de elevar su techo competitivo en el Oeste.

Y detrás de esa llegada estará también la influencia de Edwards, quien dejó claro que no quería limitarse a ser la estrella del equipo: también estaba dispuesto a ayudar a construir el equipo que quiere tener a su alrededor.