Los números no mienten. La selección dominicana de baloncesto tiene en este momento la generación más talentosa de su historia. Los datos del clasificatorio al Mundial y la AmeriCup 2025-26 muestran un equipo que supera a sus rivales en puntos (+9.8), rebotes (+15.2) y tapones (+2.3) por partido.

Y sin embargo, el equipo que compite en esas ventanas clasificatorias no incluye a los jugadores dominicanos más famosos del mundo.

El talento que existe — y que no siempre está disponible

República Dominicana tiene jugadores en los escenarios más importantes del baloncesto mundial en 2025-26:

  • Karl-Anthony Towns — Finales de Conferencia Este de la NBA con los Knicks
  • Jean Montero — Semifinales de la Euroliga con el Valencia Basket
  • Chris Duarte — BCL con el Unicaja de Málaga
  • Andersson García — Con experiencia en la NBA esta temporada
  • Al Horford — Veterano de múltiples temporadas en la NBA

Cuando estos jugadores se integran a la selección — como ocurrió en el clasificatorio al Mundial donde Andrés Feliz, Chris Duarte y Jean Montero compartieron cancha — el nivel del equipo sube exponencialmente.

El problema es que no siempre están disponibles. Y algunos, directamente, no quieren venir.

Los calendarios: el obstáculo legítimo

El principal argumento de los jugadores que no participan en las ventanas clasificatorias es el calendario. La NBA y la Euroliga tienen sus propios compromisos durante los períodos en que FIBA organiza las ventanas de selecciones — y los clubes no siempre liberan a sus jugadores.

Karl-Anthony Towns, por ejemplo, está en plenos playoffs de la NBA durante las ventanas clasificatorias. Su club — los Knicks — tiene todo el derecho de no liberarlo para compromisos de selección durante la postemporada.

Jean Montero tiene compromisos con el Valencia Basket en la Euroliga que también pueden coincidir con las ventanas de FIBA.

Estos son obstáculos reales y legítimos que cualquier federación del mundo enfrenta cuando tiene jugadores en las mejores ligas del planeta.

El problema más profundo: la falta de compromiso

Pero más allá de los calendarios, existe una realidad que el baloncesto dominicano necesita enfrentar con honestidad: no todos los jugadores dominicanos en el exterior tienen el mismo nivel de compromiso con la selección nacional.

Algunos jugadores han priorizado sus carreras en clubes sobre la selección en ventanas donde sí estaban disponibles. Otros han puesto condiciones económicas o logísticas que la federación no siempre puede cumplir. Y algunos simplemente no han respondido a las convocatorias.

El caso más reciente y visible es el de Chris Duarte. El alero del Unicaja expresó públicamente su deseo de jugar para República Dominicana — pero su situación disciplinaria con el club en la recta final de la temporada complica su disponibilidad para los Juegos Centroamericanos.

Por qué los Juegos Centroamericanos son diferentes

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 son una oportunidad única que no se puede desperdiciar. Hay tres razones por las que esta vez es diferente:

1. Es en casa. Competir ante la propia afición, en el Palacio de los Deportes de Santo Domingo, con miles de dominicanos apoyando — eso no tiene precio para ningún atleta.

2. El calendario lo permite. Los Juegos se celebran del 24 de julio al 8 de agosto — después de que la NBA y la Euroliga hayan terminado sus temporadas. No hay excusa de calendario.

3. Es la oportunidad de hacer historia. República Dominicana llega como campeona defensora del oro de San Salvador. Repetir el título en casa, con el mejor equipo posible, sería uno de los momentos más grandes en la historia del deporte dominicano.

El mensaje que la federación necesita enviar

La Federación Dominicana de Baloncesto tiene que ser clara con sus jugadores en el exterior: los Juegos Centroamericanos en casa son una prioridad nacional. No una opción. No un favor. Una responsabilidad.

Con Towns, Montero, Duarte, García y el resto del roster disponible, República Dominicana tendría uno de los equipos más poderosos de la región. Sin ellos, el equipo sigue siendo competitivo — los números del clasificatorio lo demuestran — pero la diferencia entre ganar el oro y quedarse en el camino puede ser exactamente esa.

La generación está. El momento está. Lo que falta es que todos respondan al llamado.