Lonzo Ball atraviesa una etapa de incertidumbre sobre su futuro en la NBA, pero también de reflexión sobre las decisiones que marcaron el comienzo de su carrera. El exjugador de los Chicago Bulls reconoció que uno de sus mayores arrepentimientos fue no haber tomado antes las riendas de su carrera profesional, especialmente durante el período en que su padre, LaVar Ball, tenía una enorme influencia sobre sus decisiones.
La confesión surgió durante una conversación con Michael Porter Jr. en el podcast “Curious Mike”, donde Ball recordó una etapa en la que, según sus propias palabras, simplemente se dedicaba a jugar al baloncesto y seguir las indicaciones de su padre.
La situación estuvo estrechamente relacionada con Big Baller Brand, la empresa familiar que se convirtió en uno de los elementos más visibles alrededor de Lonzo cuando comenzaba a convertirse en una figura nacional durante su etapa universitaria.
Ball explicó que, en aquel momento, no tuvo una estructura profesional propia ni participó directamente en negociaciones con grandes marcas deportivas. En lugar de explorar ofertas de compañías como Nike o Adidas, optó por utilizar productos de Big Baller Brand como una manera de respaldar el proyecto familiar.
“Yo no tenía estructura. Literalmente estaba jugando al baloncesto y siguiendo a mi padre”, recordó Ball durante la conversación.
Con el paso de los años, el jugador considera que habría tomado decisiones diferentes si hubiera tenido la posibilidad de regresar a aquella etapa. Su principal cambio habría sido involucrarse personalmente en las negociaciones y contar con representación profesional.
“Si pudiera regresar, obviamente lo haría diferente. Contrataría un agente, estaría en las reuniones y haría lo que yo quisiera”, explicó.
Una carrera que quedó marcada por las lesiones
La reflexión de Ball adquiere mayor peso al observar cómo terminó desarrollándose una carrera que en sus primeros años parecía encaminada hacia un recorrido mucho más importante.
Seleccionado con el número 2 del Draft de 2017 por Los Angeles Lakers, Lonzo llegó a la NBA acompañado de enormes expectativas. Su capacidad para pasar el balón, defender, controlar el ritmo y jugar sin necesidad de monopolizar la ofensiva lo convirtió rápidamente en uno de los jóvenes más interesantes de su generación.
Después de su etapa en Los Ángeles y un paso por los New Orleans Pelicans, Ball encontró en Chicago un escenario especialmente favorable. Durante la temporada 2021-22 fue una pieza importante de unos Bulls que regresaron a los playoffs, aportando precisamente varios de los elementos que habían caracterizado su juego: defensa, distribución y capacidad para complementar a otros anotadores.
Sin embargo, los problemas físicos comenzaron a cambiar el rumbo de su carrera.
Las lesiones de rodilla lo alejaron durante períodos prolongados y terminaron provocando que se perdiera dos temporadas completas. Cuando finalmente regresó, ya no era el mismo jugador física ni competitivamente.
Durante la temporada 2025-26, Ball disputó apenas 35 partidos con Cleveland Cavaliers, tres de ellos como titular, y tuvo dificultades importantes para recuperar su nivel ofensivo. Terminó con un porcentaje de tiros de campo de apenas 30.1 %.
Posteriormente, Cleveland puso fin al experimento y Ball quedó fuera de la NBA.
El peso de una decisión tomada demasiado pronto
Más que una crítica directa hacia LaVar Ball, las palabras de Lonzo reflejan una mirada retrospectiva sobre el control que tuvo sobre su propia carrera cuando todavía era muy joven.
Big Baller Brand representaba entonces una apuesta poco convencional. En lugar de incorporarse al modelo tradicional de patrocinio de una gran compañía deportiva, Lonzo utilizó el proyecto familiar como parte central de su imagen profesional.
La decisión tenía un componente personal evidente: respaldar a su familia y, especialmente, a su padre. Sin embargo, ahora reconoce que esa lealtad pudo limitar su participación en decisiones que podían tener consecuencias importantes para su carrera y su futuro económico.
El propio Ball no presentó aquella etapa como una historia de conflicto familiar. Su reflexión apunta más bien a la falta de autonomía que tenía entonces y al aprendizaje que obtuvo posteriormente.
La diferencia entre el jugador que era en aquel momento y el hombre que analiza su trayectoria ahora es significativa. Ya no habla únicamente del talento necesario para llegar a la NBA, sino también de la importancia de comprender el negocio, rodearse de profesionales adecuados y participar directamente en las decisiones que afectan una carrera deportiva.
Y esa enseñanza llega en un momento particularmente difícil. Con su futuro en la NBA en duda, Lonzo Ball puede mirar atrás y reconocer que algunas de las decisiones más importantes de su trayectoria se tomaron cuando todavía no tenía las herramientas ni la experiencia para comprender completamente sus consecuencias.
Su historia, por tanto, no solo habla de lesiones o de oportunidades perdidas. También plantea una cuestión más amplia sobre cuánto control debe tener un joven deportista sobre su propia carrera cuando la fama y los intereses familiares llegan mucho antes de la madurez profesional.