¡Apaga y vámonos! Lo que vimos anoche fue una falta de respeto a la historia de los Boston Celtics. Con la mesa servida para liquidar a los Philadelphia 76ers y avanzar a la siguiente ronda, el equipo verde se presentó sin ganas, sin defensa y, lo que es peor, sin identidad. El marcador de 106-93 a favor de Philly se queda corto para la paliza moral que recibieron los dirigidos por Joe Mazzulla.
El desplome del segundo cuarto
Después de un primer parcial parejo, en el segundo cuarto los Celtics se “derritieron”. Filadelfia les metió 38 puntos en un solo periodo, convirtiendo la defensa de Boston en un colador. Mientras los Sixers jugaban con el hambre de quien no quiere morir, los Celtics parecían estar esperando que les enviaran el trofeo por “delivery”. Tyrese Maxey (30 puntos) y Paul George (23 puntos) hicieron lo que quisieron en la zona pintada.
El banquillo de los acusados: ¿Quiénes fallaron?
Jaylen Brown: El motor fundido
Si eres el jugador mejor pagado y el motor del equipo, no puedes ser el que más errores cometa. Brown terminó con 18 puntos, pero sus 5 pérdidas de balón fueron gasolina pura para el contraataque de Filadelfia. Su -24 en el plus-minus lo dice todo: cuando él estaba en cancha, los Celtics eran un desastre. Jugó acelerado, forzó jugadas y se vio superado por la presión.
Derrick White: El “conector” desconectado
White suele ser el pegamento que mantiene todo unido, pero anoche se le acabó el pegante. Apenas 11 puntos y una duda constante para tirar que mató el ritmo del equipo. Lo peor fue en defensa, donde no pudo contener a un Maxey que le pasó por el lado como si fuera un poste de luz.
Jayson Tatum: ¿Dónde estaba la superestrella?
A las estrellas se les mide con otra vara. Tatum terminó con 17 puntos y 11 rebotes, pero su presencia fue casi nula cuando el juego quemaba. Se conformó con tiros lejanos en lugar de atacar el aro con agresividad. Aunque sufrió una lesión en el tercer cuarto que lo limitó, la realidad es que antes de eso tampoco mostró el “hambre” que se necesita para cerrar una serie de este calibre.
¿Se consumará la tragedia?
Boston tenía una ventaja de 3-1 y la ha tirado por la borda. Ahora regresan a casa para el Juego 7 con toda la presión del mundo. Lo que parecía un trámite se ha convertido en una prueba de fuego para el carácter de este grupo. Si no recuperan su identidad defensiva y el movimiento de balón, podrían pasar a la historia por las razones equivocadas.