Moses Brown tiene la misma estatura que las enormes estatuas de personajes de la cultura popular ubicadas alrededor del Sector Sixty 6 en Caguas. Pero a diferencia de esas figuras de fibra de vidrio, Brown llegó a esa altura de la manera más humana posible — con tropiezos, adaptaciones y una historia que comenzó muy lejos de cualquier cancha de baloncesto.
El niño de Queens que no cabía en la patineta
Brown nació el 13 de octubre de 1999 en Queens, Nueva York — uno de los cinco condados de la ciudad más grande de Estados Unidos. Como cualquier niño de su barrio, quiso andar en patineta. Pero había un problema que ninguna tienda podía resolver: sus pies eran demasiado grandes para cualquier tabla disponible.
Esa limitación — que en otro contexto habría sido solo una anécdota — terminó siendo el primer empujón hacia el baloncesto. Cuando tus pies no caben en una patineta pero sí en una cancha, el universo te está diciendo algo.
El salto que lo cambió todo
Antes de su año de segundo año en el Archbishop Molloy High School de Queens, Brown pegó un estirón de seis pulgadas. De la noche a la mañana, pasó de ser un adolescente alto a ser un fenómeno físico que ningún entrenador podía ignorar.
Fue promovido al equipo varsity, donde lideró a su escuela a una aparición en el campeonato estatal. En su último año, compartió cancha con el entonces junior Cole Anthony — hoy jugador de la NBA — y promedió 26.0 puntos, 17.0 rebotes y 6.0 tapones por partido.
Esos números le valieron un lugar en el McDonald’s All-American 2018 — el honor más prestigioso del baloncesto universitario americano — y ofertas de UCLA, Kentucky, Maryland y Florida State.
Eligió los Bruins de UCLA.
El camino hacia el profesionalismo
Brown no fue seleccionado en el Draft de la NBA — una rareza para alguien con su perfil físico. Pero eso no lo detuvo. A lo largo de su carrera profesional ha pasado por múltiples organizaciones de la NBA y la G League, acumulando experiencia y madurando como jugador.
Sus promedios de carrera en la NBA hablan de un jugador de rol sólido: 5.3 puntos, 4.9 rebotes y 0.5 tapones en 163 partidos — con un porcentaje de tiro de campo del 57.4% que refleja su eficiencia cerca del aro.
La aventura en Puerto Rico con los Criollos
Ahora, Brown viste la camiseta de los Criollos de Caguas en el Baloncesto Superior Nacional (BSN) de Puerto Rico — una liga que históricamente ha atraído a jugadores con trayectoria en la NBA que buscan mantenerse activos y competitivos.
Su presencia en Caguas no pasó desapercibida. En el Sector Sixty 6, el centro de entretenimiento del Valle del Turabo, Brown se detuvo para firmar autógrafos y tomarse fotos con niños — una imagen que captura perfectamente la dimensión humana de un jugador que, a pesar de su estatura monumental, sigue siendo accesible y cercano.
Vivir con 7’2″: dentro y fuera de la cancha
Ser el hombre más alto en prácticamente cualquier habitación tiene sus ventajas en el baloncesto. Pero fuera de la cancha, la vida de alguien que mide 7’2″ y pesa 245 libras está llena de pequeños desafíos cotidianos que la mayoría de las personas nunca imagina.
Desde los asientos de los aviones hasta las puertas de los hoteles, pasando por la ropa y — como ya sabemos — las patinetas, Brown ha aprendido a navegar un mundo construido para personas considerablemente más pequeñas que él.
Esa adaptación constante, lejos de frustrarlo, parece haberlo hecho más resiliente. Y esa resiliencia es exactamente lo que lo llevó desde Queens hasta Caguas — pasando por UCLA, la NBA y la G League.