Anthony Edwards hizo todo lo que se le puede pedir a una estrella en los playoffs. 32 puntos, 14 rebotes, jugando con una rodilla lesionada, dando el alma en cada posesión. No fue suficiente.

Los Timberwolves de Minnesota cayeron 115-108 ante los Spurs de San Antonio en el Juego 3 dentro del Target Center, cediendo la ventaja de la serie a San Antonio que ahora lidera 2-1Victor Wembanyama fue extraordinario con 39 puntos y 15 rebotes — incluyendo 16 en el cuarto período después de su quinta falta — pero la derrota de Minnesota no se explica solo por la brillantez del francés.

Se explica también por lo que hicieron — o no hicieron — tres de sus propios jugadores.

1. Jaden McDaniels: 5-22 y una noche para olvidar

Los Spurs tenían un plan claro: colapsar la defensa sobre Edwards y obligar a los complementarios a anotar. Jaden McDaniels era el jugador llamado a aceptar ese desafío.

No lo aceptó.

En 40 minutos de acción, McDaniels terminó con un 5-22 en tiros de campo — uno de los peores registros de su carrera en postemporada. Las oportunidades llegaron. Los tiros abiertos llegaron. Pero McDaniels se mostró dubitativo, se quedó corto en las penetraciones y se conformó con lanzamientos difíciles que no entraron.

Su plus-minus de -15 fue el peor entre los titulares — un número que refleja perfectamente cuánto sufrió Minnesota cuando él estaba en la cancha. Cada miss de McDaniels le daba más oxígeno a la defensa de San Antonio para apretar a Edwards y a Randle.

2. Julius Randle: 3-12 y cero asistencias

Minnesota espera que Julius Randle traiga la experiencia y la solidez física que un equipo necesita en los playoffs para complementar a su estrella. En el Juego 3, esa versión de Randle no apareció.

El ala-pívot terminó con apenas 12 puntos con 3-12 en tiros en 31 minutos. Incapaz de establecerse en el poste bajo contra la longitud de los Spurs, Randle se refugió en lanzamientos difíciles desde media distancia que no entraron. Cero asistencias y dos pérdidas de balón completaron una noche para el olvido.

Lo más preocupante no fueron los números ofensivos. Fue la falta de impacto general. Cuando San Antonio enviaba dobles marcas hacia Edwards, Randle nunca fue la válvula de escape que Minnesota necesitaba. Y en defensa, llegó constantemente tarde al movimiento del balón — contribuyendo a los tiros abiertos desde el triple que los Spurs convirtieron en el tercer cuarto (6-10 desde el arco).

Para rematar la noche, Randle terminó en un póster de Wembanyama.

3. Mike Conley: cuatro minutos y desaparición total

La más extraña de las actuaciones. Mike Conley arrancó como titular pero jugó apenas cuatro minutos antes de desaparecer de la rotación — sin anotar, sin asistir, sin rebotar.

Sin Conley organizando el juego, los Timberwolves lucieron desconectados y apresurados. Ayo Dosunmu y Naz Reid tuvieron que asumir responsabilidades organizativas para las que no estaban preparados en ese momento. El ataque de Minnesota degeneró en posesiones de aislamiento estático que jugaron directamente en las manos del plan defensivo de San Antonio.

El valor de Conley siempre ha ido más allá de las estadísticas: es la voz que calma, el jugador que baja el ritmo cuando las emociones suben. Su plus-minus de -10 en solo cuatro minutos ilustra lo rápido que Minnesota perdió el control sin su presencia. Ese vacío de liderazgo fue visible durante todo el partido.

El contexto: Minnesota estuvo cerca

Lo que hace más dolorosa la derrota es que Minnesota estuvo en el partido hasta el final. Los Wolves arrancaron perdiendo 18-3 tras fallar sus primeros 12 tiros, pero usaron su inteligencia defensiva para empatar el partido 51-51 al descanso.

Estaban a un punto con seis minutos restantes. Pero Wembanyama respondió con un triple crucial que selló el partido. Y Minnesota, sin el apoyo necesario alrededor de Edwards, no pudo encontrar la respuesta.

Lo que viene

Los Timberwolves necesitan que sus veteranos y piezas complementarias encuentren su mejor versión — y rápido. Si Minnesota no puede obtener más de McDaniels, Randle y Conley en el Juego 4, esta prometedora campaña de postemporada podría comenzar a desmoronarse antes de lo que nadie en Minneapolis esperaba.

Edwards no puede ganar solo. Nadie puede.