Los Golden State Warriors terminaron su temporada baja con una sensación difícil de ignorar: el equipo cambió poco después de una campaña decepcionante. Sin embargo, para el gerente general Mike Dunleavy, la ausencia de grandes movimientos no significa falta de iniciativa. El ejecutivo sostiene que la organización fue “súper agresiva” en sus intentos por mejorar el plantel, aunque muchas de esas gestiones nunca llegaron a convertirse en operaciones concretas.
La contradicción resume el momento que atraviesa Golden State. Por un lado, la franquicia mantiene a Stephen Curry como su principal figura y conserva la aspiración de competir. Por otro, viene de ganar apenas 37 partidos y quedar fuera desde el juego del Play-In, por lo que repetir prácticamente la misma estructura genera dudas razonables sobre cuánto puede cambiar el resultado.
Durante el verano, los Warriors renovaron a Draymond Green, Kristaps Porzingis, Al Horford, De’Anthony Melton y Gary Payton II mediante contratos de corto plazo. La única incorporación nueva de consideración en el draft fue el novato Yaxel Lendeborg, mientras que Charles Bassey aparece como otra adición de menor impacto.
El problema no es solamente quién llegó, sino quién no llegó.
Golden State no pudo concretar operaciones por jugadores como Giannis Antetokounmpo, Jaylen Brown, Trey Murphy III o Michael Porter Jr. Y el caso más llamativo fue LeBron James. Los Warriors habían orientado buena parte de sus planes de agencia libre hacia la posibilidad de incorporar al cuatro veces campeón, pero James terminó firmando con los Philadelphia 76ers por el mínimo salarial.
La lectura más incómoda para Golden State es que James consideró que Filadelfia le ofrecía una oportunidad mayor para perseguir otro campeonato. Eso dejó a los Warriors sin la gran incorporación que pretendían para acompañar a Curry.
Dunleavy asegura que sí hubo intentos
Dunleavy rechazó la idea de que la organización simplemente se quedara de brazos cruzados.
“Fuimos súper agresivos”, sostuvo durante una conferencia virtual con periodistas. Explicó que realizó numerosas llamadas y llegó a ofrecer diferentes paquetes por jugadores que la franquicia consideraba capaces de cambiar su dirección.
El problema, según su explicación, es que identificar jugadores disponibles no significa que sus equipos estén dispuestos a desprenderse de ellos. Golden State habría preguntado precisamente por los jugadores que consideraba capaces de generar un impacto importante, pero muchos de esos elementos también tenían un alto valor para sus respectivas organizaciones.
Ahí aparece el dilema central de los Warriors: tener activos disponibles no garantiza conseguir la estrella que se busca.
El arma que queda: el mercado durante la temporada
Dunleavy insiste en que Golden State todavía tiene diferentes caminos para mejorar durante la campaña. El ejecutivo recordó movimientos realizados en años recientes, como las adquisiciones de Jimmy Butler, Porzingis y Andrew Wiggins.
En el caso de Butler, los Warriors entregaron a Wiggins y una primera ronda protegida. Para adquirir a Porzingis, enviaron a Jonathan Kuminga, quien actualmente continúa sin firmar con un equipo después de que los Atlanta Hawks recortaran su opción de equipo. Y en el intercambio por Wiggins, Golden State incluso consiguió que Minnesota incluyera una primera ronda sin protección a cambio de D’Angelo Russell.
Es decir, la franquicia ha conseguido mejorar anteriormente sin vaciar completamente su futuro.
Pero esta vez podría ser diferente.
Dunleavy aseguró que los Warriors cuentan con activos y flexibilidad suficientes para convencer a otros equipos de negociar. Sin embargo, el propio contexto de la NBA demuestra que una gran operación suele exigir un precio elevado.
El ejemplo de los New York Knicks es ilustrativo: cada movimiento importante realizado por el campeón implicó riesgo y la entrega de activos valiosos. Golden State podría encontrarse ante la misma realidad si quiere adquirir una pieza capaz de modificar seriamente su techo competitivo.
El problema es encontrar un jugador que cambie el destino
Incluso si los Warriors deciden gastar parte de su “arsenal” de activos, aparece una segunda pregunta: ¿qué jugador disponible realmente puede transformar a este equipo?
La organización no logró imponerse con una oferta centrada en Tyler Herro, Jaime Jaquez Jr. y Kel’el Ware para una posible operación por Antetokounmpo. Y si no se trata de una superestrella de ese calibre, surge la duda sobre cuánto sentido tendría entregar múltiples selecciones futuras de primera ronda.
La reforma de la lotería, además, ha incrementado el valor percibido de algunas de esas selecciones. Por eso, desprenderse de tres primeras rondas futuras por un jugador como Trey Murphy III, por ejemplo, exige determinar si ese movimiento realmente convierte a Golden State en candidato.
Esa es la consecuencia de la temporada baja: al mantener una plantilla que terminó décima en el Oeste, los Warriors parecen haber reducido sus alternativas. Si quieren elevar significativamente su techo, un movimiento durante la temporada puede terminar siendo prácticamente inevitable.
Dunleavy también responde a los aficionados
El descontento de los seguidores ha recaído en buena medida sobre Dunleavy. La preocupación tiene fundamentos: el plantel es veterano, ha tenido problemas de lesiones y todavía necesita demostrar que puede competir de manera sostenida.
Pero el gerente general mantiene una visión más optimista.
Dunleavy considera que, salvo el factor salud, tiene confianza en la plantilla. Señaló como áreas que deben mejorar los balones perdidos, la ejecución del plan de juego y las situaciones de cierre de los partidos. También destacó el regreso de Steve Kerr, quien está preparado para trabajar sobre esos aspectos.
Su argumento central es que los Warriors no son simplemente el mismo equipo de 37 victorias. Según Dunleavy, Porzingis ya representa una incorporación respecto al punto de partida de la temporada anterior, mientras que el rendimiento que puedan ofrecer jugadores que regresan de lesiones, como Moses Moody y Jimmy Butler, será determinante.
Y ahí está precisamente la diferencia entre el mejor y el peor escenario.
En el panorama ideal, Golden State mantiene saludables a sus veteranos, Curry continúa jugando a un nivel extraordinario pese a su edad, Green recupera su mejor versión y Butler y Moody se incorporan nuevamente en marzo para afrontar el tramo decisivo.
Pero ese escenario requiere que demasiadas variables funcionen simultáneamente.
La historia de las grandes dinastías muestra que este proceso es difícil de evitar. Los Bulls tuvieron su etapa final con The Last Dance; los Lakers de la era Showtime y los Celtics de Larry Bird también envejecieron; Kobe Bryant terminó su carrera en unos Lakers que no competían por el campeonato.
Golden State parece encontrarse ante una versión similar de ese problema. El talento y la experiencia de Curry todavía permiten imaginar un último gran intento, pero la realidad del plantel exige mucho más que esperanza.
Dunleavy puede tener razón al afirmar que los Warriors fueron agresivos. La cuestión que queda por responder es mucho más importante: si esa agresividad finalmente se convierte en el movimiento que evite que la última etapa de la era Curry termine simplemente en otra temporada de déjà vu.