En el béisbol hay momentos que te hacen saltar del sofá, y lo que hizo Ronald Acuña Jr. este domingo por la noche en el Citizens Bank Park fue un auténtico atraco a mano armada. Los Bravos de Atlanta completaron una barrida humillante sobre sus archirrivales, los Phillies de Filadelfia, ganando 4-2, pero el marcador no cuenta ni la mitad de la película.
Venganza en las nubes: El robo del siglo
La tensión se cortaba con un cuchillo. Noveno inning, dos outs, dos hombres en base y el “monstruo” Kyle Schwarber en la caja de bateo representando la carrera del empate. Schwarber conectó un misil que tenía etiqueta de extrabase, de esos que en el Citizens Bank Park suelen terminar en drama. Pero entonces apareció él.
Acuña Jr., quien el sábado había sufrido en carne propia que le robaran un jonrón, decidió que era hora de cobrar la factura con intereses. Con una lectura perfecta y una velocidad de otro planeta, se lanzó para capturar una línea que habría cambiado la historia del juego. ¡Fue un “out” que valió una victoria y una barrida!
Atlanta: Una máquina que no perdona
Mientras los Phillies se hunden en la frustración, los Bravos han ganado cinco partidos en línea y ostentan un récord de 15-7. Lo de este equipo es de miedo: si no te ganan con los maderos de Austin Riley, te ganan con el guante de oro de Acuña o la frialdad del cerrador Raisel Iglesias, quien aunque pasó un susto, terminó celebrando gracias a la acrobacia del venezolano.
Para el fanático dominicano que vive las Grandes Ligas con intensidad, ver a un tipo como Acuña Jr. jugar “a lo loco” pero con precisión quirúrgica es un espectáculo aparte. No es solo que sea una superestrella; es que tiene ese “mambo” y esa agresividad que nos gusta ver en el terreno.
Los Bravos ahora van para Washington a seguir repartiendo leña, pero el mundo del béisbol solo habla de una cosa: el vuelo del “Abusador” que dejó a Filadelfia en silencio absoluto. ¿Quién frena a estos Bravos? Por ahora, nadie tiene la respuesta.