Pete Crow-Armstrong planteó en tono provocador una teoría conspirativa sobre Babe Ruth, pero la historia, los registros estadísticos, las fotografías y las imágenes del legendario jugador contradicen por completo la idea.

Hay teorías conspirativas que resultan tan improbables que precisamente por eso terminan siendo entretenidas. Una de ellas sostiene que George Herman “Babe” Ruth nunca existió. La idea, evidentemente falsa, volvió a circular después de que el jugador de MLB Pete Crow-Armstrong la mencionara durante una conversación en un programa de entretenimiento.

El comentario no surgió como una investigación histórica ni como una afirmación respaldada por evidencia. Crow-Armstrong lo presentó como una de esas teorías conspirativas que le parecen fascinantes. Sin embargo, la ocurrencia abrió una conversación interesante sobre algo mucho más serio: cómo cambia la percepción de los grandes atletas cuando se comparan épocas deportivas separadas por décadas.

Durante su participación en Let’s Be Honest with Kristin Cavallari and Uncommon James, Crow-Armstrong y su compañero Carson Kelly fueron invitados a compartir alguna opinión impopular o teoría conspirativa en la que creyeran. Fue entonces cuando el jugador de 24 años sorprendió al público.

“Babe Ruth nunca existió”, dijo, provocando inmediatamente reacciones de sorpresa.

Crow-Armstrong explicó que había escuchado esta idea de un lanzador de los Seattle Mariners, al que identificó como Tayler Salcedo, quien supuestamente había desarrollado la teoría durante un podcast realizado por Zoom. La idea llamó la atención de Crow-Armstrong y terminó convirtiéndose en su respuesta ante la pregunta del programa.

Pero lo interesante de sus palabras no fue solamente la teoría, sino el argumento utilizado para justificarla.

La evolución del béisbol cambia la percepción histórica

Crow-Armstrong planteó que el béisbol ha evolucionado enormemente desde la época en la que jugó Ruth. Bajo esa lógica, las diferencias entre el deporte de principios del siglo XX y el actual podrían hacer que determinadas hazañas parezcan mucho más impresionantes de lo que realmente serían si se trasladaran al contexto moderno.

Su razonamiento fue, en esencia, una provocación: si hoy se considera que algunos jugadores antiguos enfrentaban condiciones muy diferentes y que el nivel competitivo ha cambiado, entonces alguien podría llevar ese argumento al extremo y preguntarse si una figura como Ruth “realmente existió”.

Su compañero Kelly respondió simplemente que aquello era una locura.

Y lo es si se interpreta literalmente.

Porque en este caso no estamos ante una figura cuya existencia dependa exclusivamente de relatos transmitidos de generación en generación. Babe Ruth está documentado de múltiples maneras.

Existen registros oficiales de sus estadísticas, fotografías, imágenes en movimiento, periódicos, documentos históricos y testimonios de contemporáneos. Su carrera está respaldada por una cantidad enorme de evidencia independiente.

La teoría, por tanto, funciona como una provocación humorística, no como una hipótesis histórica razonable.

¿Quién fue realmente Babe Ruth?

Ruth comenzó su carrera profesional con los Boston Red Sox, donde jugó entre 1914 y 1919, antes de ser traspasado a los New York Yankees.

Fue en Nueva York donde construyó buena parte de la leyenda que todavía conserva más de un siglo después.

Su impacto fue especialmente significativo porque ayudó a transformar la percepción ofensiva del béisbol. Ruth convirtió el jonrón en uno de los elementos centrales del espectáculo y estableció una imagen de poder ofensivo que contribuyó a definir una nueva etapa del deporte.

Según la información proporcionada, ganó cuatro campeonatos de la Serie Mundial, en 1923, 1927, 1928 y 1934; lideró la Liga Americana en jonrones 10 veces, fue seleccionado dos veces al All-Star con los Yankees y ganó el premio al Jugador Más Valioso en 1923.

Más allá de los títulos, sus estadísticas y récords son parte de la documentación histórica que permite reconstruir la evolución del béisbol profesional.

Por eso, cuestionar su existencia no solamente exigiría negar fotografías o videos. También implicaría explicar cómo pudo fabricarse durante décadas una cantidad tan extensa de registros provenientes de distintas fuentes.

El verdadero debate: ¿cómo comparar épocas?

Aunque la teoría de Crow-Armstrong no tiene sustento, sí toca indirectamente una discusión legítima dentro del béisbol: ¿cómo se debe comparar a los grandes jugadores de diferentes épocas?

Ruth jugó en un béisbol muy diferente al actual. Las condiciones de entrenamiento, preparación física, análisis estadístico, especialización de los lanzadores, viajes, tecnología y profundidad de los rosters han cambiado radicalmente.

Por eso, decir que un jugador antiguo sería igual de dominante actualmente es una afirmación imposible de demostrar.

Pero tampoco funciona el razonamiento inverso: que las diferencias de época invaliden automáticamente los logros de los jugadores del pasado.

La manera más razonable de valorar a Ruth consiste en analizar cuánto dominó a sus contemporáneos y qué impacto tuvo sobre el deporte en su propio contexto.

Y desde esa perspectiva, su importancia histórica resulta difícil de discutir.

De Ruth a Ohtani: el debate sobre el mejor de todos

El comentario también adquiere relevancia porque el béisbol contemporáneo vuelve a tener un jugador capaz de desafiar algunas de las referencias históricas que durante décadas parecieron intocables.

Shohei Ohtani, estrella de los Los Angeles Dodgers, ha sido señalado como uno de los pocos jugadores modernos capaces de entrar en una conversación con Ruth debido a su capacidad para producir tanto como bateador como lanzador.

Barry Bonds, otra de las figuras más extraordinarias de la historia del deporte, también ha sido mencionado como alguien capaz de disputar ese lugar simbólico.

Sin embargo, comparar directamente a Ruth con Ohtani o Bonds exige mucho cuidado. Cada uno pertenece a contextos competitivos diferentes y tuvo que resolver desafíos particulares.

Eso es precisamente lo que hace fascinante la discusión sobre los mejores jugadores de todos los tiempos: no existe una máquina capaz de trasladar a un jugador de 1920 al béisbol de 2026 y comprobar qué habría ocurrido.

Lo que sí existe es evidencia histórica.

Y en el caso de Babe Ruth, esa evidencia es abrumadora.

Una leyenda que sí dejó huellas

Ruth fue diagnosticado con cáncer nasofaríngeo en 1946 y murió en 1948. Su figura, sin embargo, sobrevivió durante generaciones.

La existencia de fotografías y videos, además de registros estadísticos y documentos históricos, hace imposible sostener seriamente que nunca existió.

Lo que sí puede debatirse es cuánto de la leyenda fue construido posteriormente, cuánto influyeron los medios de comunicación de su época y cómo deben interpretarse sus números dentro del contexto del béisbol que practicó.

Ahí sí existe una discusión histórica interesante.

La afirmación de que Babe Ruth fue una invención, en cambio, pertenece a otro terreno.

Pete Crow-Armstrong probablemente lo sabía cuando la planteó. Su comentario no demuestra que el jugador crea realmente que Ruth fue un personaje ficticio; demuestra, sobre todo, cómo una teoría absurda puede convertirse en una conversación entretenida cuando se mezcla con una pregunta legítima sobre la evolución del deporte.

Babe Ruth existió. La pregunta verdaderamente interesante no es si fue real, sino hasta qué punto su dominio sigue siendo comparable con el de las superestrellas que hoy intentan ocupar el mismo lugar en la historia del béisbol.