Los salarios récord de las Grandes Ligas no siempre vienen acompañados de una producción proporcional. La temporada 2026 está dejando una muestra especialmente clara de esa realidad: buena parte de los jugadores mejor pagados de MLB están generando, de acuerdo con su fWAR, un valor considerablemente inferior al dinero que sus equipos destinan a sus contratos.
El análisis financiero presentado por Diario Libre utiliza una referencia de 7.7 millones de dólares por cada victoria sobre jugador reemplazo (fWAR), basada en métricas de FanGraphs. Al comparar ese valor estimado con los salarios de los principales contratos de la liga, aparecen diferencias millonarias.
Y entre los casos más llamativos están dos de los principales representantes dominicanos: Juan Soto y Vladimir Guerrero Jr.
Soto: producción de élite, pero insuficiente para su contrato
El caso de Juan Soto es particularmente interesante porque sus números ofensivos no son malos. Todo lo contrario.
El dominicano registra un OPS+ de 158, indicador que señala que su producción ofensiva está muy por encima del promedio de la liga. Sin embargo, el problema aparece cuando esa producción se compara con el tamaño extraordinario de su contrato.
Soto tiene un salario de 61.8 millones de dólares para 2026, mientras que sus 2.9 fWAR representan, bajo esta metodología, aproximadamente 22.9 millones de dólares de valor producido.
La diferencia se acerca a los 39 millones de dólares.
Esto demuestra una de las particularidades de evaluar contratos deportivos: un jugador puede estar teniendo una excelente temporada individual y, al mismo tiempo, estar produciendo menos valor del que su salario supone.
En el caso de Soto, no necesariamente significa que haya dejado de ser un bateador de élite. Significa que el nivel de producción necesario para justificar un contrato de semejante magnitud es extraordinariamente alto.
Vladimir Guerrero Jr., una caída inesperada
La situación de Vladimir Guerrero Jr. resulta todavía más sorprendente.
El primera base de los Toronto Blue Jays recibirá 40 millones de dólares durante la temporada. Sin embargo, después de que Toronto ha disputado aproximadamente el 78 % de su calendario, Guerrero registra apenas 1.0 fWAR.
Bajo la referencia de 7.7 millones por WAR, su producción equivale a unos 7.7 millones de dólares.
Eso genera un déficit estimado de 32.3 millones.
El dato llama particularmente la atención porque Guerrero llegó a 2026 como uno de los principales nombres ofensivos de su generación y después de haber construido una reputación como uno de los bateadores más peligrosos de MLB.
Por eso, su rendimiento actual representa una de las mayores decepciones económicas entre los jugadores mejor pagados.
El problema no es exclusivo de los dominicanos
La lista demuestra que el fenómeno alcanza a prácticamente todos los equipos.
Kyle Tucker, de los Dodgers, ha producido apenas 0.5 fWAR, equivalente a unos 4.1 millones de dólares, frente a un salario de 33 millones.
El caso de Aaron Judge requiere una consideración diferente. Su OPS+ de 198 indica que, ofensivamente, sigue siendo extraordinario: está produciendo un 98 % por encima del promedio de la liga.
Sin embargo, sus 261 apariciones al plato limitan considerablemente su valor acumulado. Su producción se estima en 17.3 millones de dólares frente a los 40 millones de salario.
Aquí aparece una de las grandes lecciones del análisis: el talento por sí solo no basta para justificar un contrato gigantesco; también hace falta disponibilidad.
Un jugador puede ser dominante cuando está en el terreno, pero si las lesiones reducen drásticamente su tiempo de juego, su valor total para el equipo disminuye.
Skubal, la excepción entre los grandes contratos
Si existe un caso que se acerca a una relación más favorable entre salario y producción, es el de Tarik Skubal.
El lanzador acumula 3.3 fWAR, equivalente a aproximadamente 26.1 millones de dólares de valor bajo esta metodología.
Su producción no significa necesariamente que esté superando ampliamente su salario, pero sí representa uno de los retornos más cercanos entre los grandes contratos analizados.
En contraste, varios lanzadores de alto costo presentan una brecha mucho mayor.
Tyler Glasnow, con un salario de 32.5 millones, apenas ha aportado 39.2 entradas y registra un valor estimado de 8.3 millones.
Gerrit Cole, con 36 millones de salario, ha generado alrededor de 16 millones de dólares de valor según sus 86.2 entradas y producción registrada.
Mientras tanto, Zack Wheeler y Jacob deGrom presentan mejores números relativos: Wheeler acumula 3.1 fWAR, equivalente a 25.2 millones, mientras que deGrom registra 3.0 fWAR y unos 24 millones de valor.
Aun así, ambos quedan por debajo de sus respectivos salarios de 42 y 38 millones.
Ohtani demuestra por qué el salario puede engañar
El caso de Shohei Ohtani es el gran asterisco del análisis.
El japonés acumula 6.6 fWAR, que bajo la misma valoración representan unos 54.7 millones de dólares de producción.
Sin embargo, no aparece entre los jugadores que están “debiendo” a sus equipos porque su salario anual contabilizado para esta temporada es de apenas 2 millones de dólares. La mayor parte de su compensación está diferida.
Eso genera una situación paradójica: Ohtani puede estar produciendo un valor deportivo extraordinario sin que su salario anual refleje todo el costo económico real de su contrato.
Es precisamente por casos como este que comparar salario y WAR debe hacerse con cierta cautela.
¿Significa esto que Soto o Vladdy son malos contratos?
No necesariamente.
El fWAR no mide todo lo que genera una superestrella. Tampoco incorpora perfectamente factores como liderazgo, mercadeo, venta de entradas, audiencia, impacto comercial o el valor futuro que motivó al equipo a ofrecer determinado contrato.
Además, una temporada todavía puede cambiar considerablemente antes de terminar.
Pero la comparación sí ofrece una perspectiva útil sobre una pregunta fundamental para cualquier franquicia: ¿cuánto está obteniendo realmente el equipo por cada dólar invertido?
En el béisbol moderno, donde los contratos de las grandes estrellas alcanzan cifras históricas, esa pregunta adquiere cada vez mayor importancia.
Soto puede seguir siendo uno de los mejores bateadores del mundo. Guerrero puede recuperar su producción. Judge puede regresar saludable. Y los lanzadores pueden aumentar su carga de trabajo.
Pero mientras eso no ocurra, la temporada 2026 está dejando una conclusión difícil de ignorar: los contratos más grandes no garantizan los mejores retornos estadísticos.
Y cuando un jugador cuesta 40, 50 o incluso más de 60 millones de dólares por temporada, la distancia entre lo que cobra y lo que produce puede convertirse rápidamente en un problema de decenas de millones.