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El retorno de Juan Francisco a los Tigres del Licey, tras ser dejado en libertad por los Toros del Este, ha generado diversas opiniones en el entorno beisbolero. El jugador, que durante años fue uno de los cañoneros más temidos de la Liga Dominicana, se enfrenta a una nueva etapa en su carrera. Ya no es el titular indiscutible que marcaba diferencias con un solo swing. Ahora, el veterano de 17 campañas asume un rol más secundario, y según Audo Vicente, vicepresidente de Operaciones del Licey, Francisco lo entiende y lo acepta.

Este movimiento, que podría parecer una decisión estratégica por parte del equipo azul, también plantea interrogantes: ¿es Juan Francisco una pieza clave desde el banco o su regreso es el preludio de una despedida definitiva?

Un retorno cuestionado, pero con un propósito claro.

Desde el momento en que se anunció la reincorporación de Francisco, las reacciones no se hicieron esperar. “Ya no puede hacer nada en esta liga”, “si los Toros lo despidieron, ¿por qué el Licey lo contrata?” y otras opiniones similares se esparcieron entre los seguidores del béisbol dominicano. Estas dudas son legítimas, especialmente al considerar que en la temporada pasada Francisco apenas pudo jugar 14 partidos, con un rendimiento limitado.

Sin embargo, Audo Vicente ha sido claro: el retorno de Juan Francisco no es para protagonizar como lo hizo en el pasado. “Juan tiene claro cuál es su rol en esta etapa de su carrera, él no es titular y él lo sabe”, afirmó Vicente, dejando claro que el veterano aceptará las responsabilidades que le sean asignadas por el manager Gilbert Gómez.

¿Un ejemplo de profesionalismo o el inicio del retiro?

Aceptarse como un jugador secundario no es fácil, especialmente cuando ha sido un referente en el terreno de juego. Francisco, con sus 85 cuadrangulares en la LIDOM, es el máximo jonronero en la historia de la liga, y su capacidad para cambiar el curso de un partido con un solo batazo sigue siendo una de las razones por las que el Licey decidió traerlo de vuelta .

El aceptar un rol secundario es también un indicativo de su madurez y profesionalismo. No todos los jugadores llegan a ese punto con la disposición de aceptar que ya no serán los titulares indiscutibles. En este caso, Francisco parece haber tomado una decisión consciente, sabiendo que, aunque ya no será el protagonista principal, aún puede ser un arma poderosa desde la banca.

“Aquí hemos convencido a nuestros jugadores que para ganar campeonatos, deben aceptar el rol que el dirigente les asigne, no el que ellos quieran”, enfatizó Vicente. En este sentido, Francisco es un ejemplo de cómo los veteranos pueden seguir siendo útiles para los equipos si están dispuestos a adaptarse a las necesidades del conjunto.

Un posible retiro en el horizonte

La pregunta que muchos se hacen es si este regreso al Licey podría marcar el fin de la carrera de Juan Francisco. A los 37 años, y con una trayectoria llena de logros, no sería descabellado pensar en el retiro como una posibilidad real. Sin embargo, Vicente dejó claro que el retiro es una decisión personal y que, de suceder, el equipo estará allí para acompañarlo.

“Independientemente si Juan se va a retirar o no, el retiro es una decisión personal”, comentó el directivo, dejando abierta la puerta para que el Licey forme parte del cierre de la carrera de uno de sus jugadores más emblemáticos.

El valor de la experiencia en un equipo campeón.

Si bien la llegada de Francisco no está destinada a revolucionar el equipo, su experiencia y capacidad para batear en momentos clave lo convierten en un activo importante. Los jugadores veteranos no solo aportan con su rendimiento en el campo, sino que también sirven de guía para los más jóvenes, transmitiendo su conocimiento y liderazgo en situaciones decisivas.

Además, su habilidad de conectar cuadrangulares en momentos cruciales no ha desaparecido. “Con un solo swing puede virar un score”, aseguró Vicente, lo que sugiere que Francisco aún puede tener momentos decisivos en la temporada.

El legado de Juan Francisco

A lo largo de sus 17 temporadas, Juan Francisco ha dejado una huella imborrable en la LIDOM. Sus números, que incluyen un promedio de bateo de .261, 85 jonrones y 344 carreras impulsadas, hablan por sí solos. Más allá de las estadísticas, su legado en el béisbol dominicano está asegurado. Su capacidad para batear jonrones en los momentos más importantes lo convierte en una leyenda del deporte.

El regreso de Francisco al Licey, aunque no será en un papel protagónico, es una oportunidad para que los fanáticos sigan disfrutando de uno de los bateadores más poderosos que ha tenido la liga. Y aunque el retiro pueda estar en el horizonte, lo cierto es que aún tiene algo que ofrecer, ya sea desde el banco o en esos momentos clave donde un solo swing puede cambiarlo todo.

La carrera de Juan Francisco está en una etapa crucial, y su regreso al Licey marca el inicio de un capítulo final que, aunque incierto, tiene el potencial de ser memorable. Aceptar un rol secundario es, en muchos casos, una señal de grandeza, y Francisco parece estar listo para asumirlo. Sin embargo, la pregunta sigue en el aire: ¿será este su último baile en los diamantes? Solo el tiempo lo diré. Lo que es seguro es que los Tigres del Licey tendrán en sus filas a un jugador capaz de cambiar el destino de un partido, incluso en los momentos más inesperados.