Rafael Devers está mostrando señales de vida. El dominicano de los Gigantes de San Francisco, que venía siendo uno de los bateadores más decepcionantes de la temporada con apenas .232 de promedio y cuatro jonrones en el año, ha encendido el bate en los últimos siete partidos con una racha que obliga a reconsiderar el debate sobre su futuro en la ciudad.

En esa ventana de siete juegos, Devers acumula:

  • .350 de promedio
  • 2 jonrones
  • 5 carreras impulsadas
  • OPS de 1.141 — nivel de élite absoluto

Un OPS superior a 1.000 es considerado de primer nivel en las Grandes Ligas. Que Devers lo haya alcanzado en esta racha es una señal de que el bateador que los Gigantes pagaron $260 millones todavía existe.

El contexto: los rumores no desaparecen

El problema es que una semana de buen béisbol no borra meses de frustración. Según reportes de Bob Nightengale de USA Today, los Gigantes estarían interesados en desprenderse del contrato de Devers como parte de una posible limpieza salarial. Con un récord de 16-24 y más de $500 millones comprometidos en contratos que no están rindiendo colectivamente, la gerencia encabezada por Buster Posey evalúa opciones drásticas.

El obstáculo principal para mover a Devers es el mismo que siempre: encontrar un equipo dispuesto a absorber los $260 millones restantes en su contrato. Una tarea titánica en cualquier mercado, y más aún cuando el rendimiento del jugador en 2026 no ha justificado esa inversión hasta ahora.

La pregunta que divide a San Francisco

La afición de los Gigantes está dividida ante esta situación:

Los que quieren quedarse con Devers argumentan que la racha reciente es la confirmación de que el talento siempre estuvo ahí — que fue un problema de adaptación y ajuste, no de declive. Un OPS de 1.141 en siete juegos no es suerte, es calidad.

Los que quieren el cambio señalan que el equipo lleva meses perdiendo, que el contrato es una carga enorme y que liberar espacio salarial permitiría reconstruir con jugadores más jóvenes y hambrientos.

Ambas posiciones tienen lógica. Y la gerencia tendrá que elegir.

El factor Devers: 29 años y potencial intacto

Un dato que a veces se pierde en el debate: Devers tiene 29 años. No es un veterano en declive — es un jugador en la plenitud de su carrera que atravesó un inicio de temporada complicado. Su velocidad de swing sigue siendo de élite, y cuando conecta bien la pelota, los resultados son los que se vieron esta semana.

La pregunta real no es si Devers puede volver a ser el jugador que fue. La pregunta es si los Gigantes tienen la paciencia para esperar a que eso ocurra de manera consistente.

Lo que viene: semanas decisivas

Los próximos partidos serán cruciales. Si Devers mantiene el nivel de esta racha durante dos o tres semanas más, el argumento para canjear se debilita considerablemente. Si vuelve a los números del inicio de temporada, la presión sobre la gerencia para actuar antes del deadline de cambios de julio se intensificará.

Por ahora, el dominicano está haciendo su parte. El resto depende de él — y de cuánta paciencia le queda a San Francisco.