Los Angeles Dodgers entran en el último tramo de la temporada con una preocupación que va más allá de los resultados inmediatos. Dos de sus jugadores de mayor nombre, Kyle Tucker y Edwin Díaz, atraviesan momentos especialmente complicados, y el análisis de Tom Verducci para Sports Illustrated apunta a problemas que podrían no resolverse simplemente con esperar una recuperación estadística.
En el caso de Tucker, el deterioro ofensivo alcanzó un punto crítico durante agosto. El jardinero terminó el mes con una línea de .195/.293/.310 y un OPS de .603, su peor producción mensual en una temporada de Grandes Ligas cuando se consideran meses con al menos 12 partidos.
La preocupación aumenta porque Tucker no solamente está fallando más: también modificó su mecánica de bateo durante la temporada en busca de una solución.
Un cambio de swing que todavía no funciona
El swing natural de Tucker incorpora un arm bar, movimiento en el que el brazo delantero se extiende y provoca que el barril del bate se coloque detrás del cuerpo. Aunque no es el patrón más convencional, Verducci recuerda que otros bateadores exitosos, como Derek Jeter y Ted Williams, también utilizaron variantes de este mecanismo.
Tucker recientemente comenzó a cargar las manos más cerca de la cabeza y con el bate preparado en una posición diferente, buscando una trayectoria parecida a la utilizada por Max Muncy.
El problema es que los resultados no han acompañado la modificación.
Con su movimiento anterior, el barril podía entrar antes en la zona de contacto, ofreciéndole más tiempo para reaccionar ante diferentes velocidades. El nuevo recorrido hace que el bate llegue más tarde y permanezca menos tiempo dentro de la zona, reduciendo el margen para ajustar el swing.
Los números respaldan esa dificultad.
Entre marzo y julio, Tucker tuvo un ángulo de lanzamiento promedio de 18 grados y una inclinación de 36 grados. En agosto, esas cifras aumentaron a 21 y 37 grados, respectivamente. Ese cambio coincide con una ofensiva que se desplomó.
Además, el problema no está concentrado en un único tipo de lanzamiento. En 2026, Tucker batea .210 contra rectas de 95 millas por hora o más y .198 frente a lanzamientos rompientes o de menor velocidad, mientras que su promedio contra el resto de los pitcheos es de .244.
Es una combinación especialmente problemática para un bateador que necesita utilizar su capacidad de ajuste para producir con consistencia.
También desapareció parte de su poder hacia la banda contraria
Otro aspecto señalado por Verducci es la pérdida de producción hacia el lado contrario.
Tucker es principalmente un bateador de pull y de batazos elevados, pero durante esta temporada prácticamente ha perdido la capacidad de generar extrabases hacia la banda opuesta. Esa disminución puede ser una señal de que está teniendo dificultades para mantenerse sobre la pelota y cubrir diferentes zonas del plato.
Y el deterioro no termina en el bateo.
Los percentiles de Tucker muestran una caída considerable entre 2025 y 2026. Su producción ofensiva pasó del percentil 90 al 27; el corrido de bases, del 78 al 49; y el fildeo, del 51 al 5.
En rango defensivo, la situación es todavía más preocupante: según el análisis citado, Tucker ocupa el último lugar entre 123 jardineros en outs por encima del promedio.
Por eso, convertirlo en un jugador de platoon tampoco aparece como una solución evidente. Tucker está bateando mejor contra lanzadores zurdos (.250) que contra derechos (.219). Una alternativa más inmediata sería reducir su responsabilidad ofensiva colocándolo más abajo en el orden.
Edwin Díaz tiene otro tipo de problema
La situación de Edwin Díaz es diferente, pero también genera interrogantes.
El relevista todavía tiene que recuperar su lugar después de una temporada marcada por lesiones, pero Verducci advierte que su regreso no debería significar automáticamente que vuelva a ocupar el puesto de cerrador.
El principal problema señalado está en su mecánica.
Su punto de liberación y el ángulo de su brazo han ido descendiendo, una modificación que está afectando especialmente a su slider, uno de los lanzamientos que tradicionalmente ha sido una de sus principales armas.
La slider de Díaz históricamente ha funcionado como un lanzamiento de persecución: parece dirigirse hacia la zona de strike y posteriormente se aleja, obligando al bateador a decidir si debe hacer swing.
En 2026, sin embargo, el lanzamiento está siendo menos competitivo.
El promedio de bateo de los rivales contra su slider pasó de .179 en 2025 a .323 en 2026. Al mismo tiempo, el porcentaje de sliders que entran en la zona aumentó de 55.4 % a 58.6 %.
Eso deja a Díaz en una posición incómoda porque su recta también está siendo castigada. Los bateadores le están bateando .333 contra ese lanzamiento, con un slugging de .778.
Verducci identifica tres factores principales: menor velocidad, un ángulo de brazo más bajo y una slider que no está generando suficientes decisiones difíciles para impedir que los bateadores se enfoquen en la recta.
Dos problemas, una misma preocupación
Los casos de Tucker y Díaz tienen una diferencia fundamental: uno es un bateador intentando corregir su swing y el otro un relevista tratando de recuperar una mecánica efectiva.
Pero ambos comparten un elemento preocupante para los Dodgers: sus problemas no parecen ser exclusivamente cuestión de resultados.
Tucker está modificando su swing en plena temporada y, hasta ahora, la transformación no ha producido una recuperación. Díaz, por su parte, necesita solucionar aspectos de su entrega antes de que pueda volver a ser considerado automáticamente una pieza dominante del bullpen.
Con la temporada entrando en su tramo decisivo, Los Ángeles tendrá que determinar cuánto tiempo puede esperar por la recuperación de dos jugadores que llegaron con expectativas importantes.
En septiembre, cada oportunidad cuenta. Y para los Dodgers, recuperar a Tucker y Díaz puede terminar siendo tan importante como cualquier movimiento que puedan hacer en el terreno.