Los Angeles Dodgers han construido una reputación que durante los últimos años parecía casi imposible de cuestionar. Con una de las nóminas más elevadas de MLB, una colección de estrellas y una capacidad financiera que les permite incorporar talentos de primer nivel, el equipo se ha convertido en el gran referente competitivo de las Grandes Ligas.

Sin embargo, la temporada 2026 está mostrando algo que incluso el dinero y la profundidad de los Dodgers no pueden esconder: el equipo tiene problemas reales.

Los Ángeles todavía domina la División Oeste de la Liga Nacional con ventaja de 7.5 juegos, pero perder ocho de sus últimos 11 encuentros ha cambiado la percepción alrededor de un conjunto que aspira a conquistar su tercer título consecutivo de la Serie Mundial. Al miércoles, los Dodgers ni siquiera tendrían derecho a descansar en la primera ronda de los playoffs.

El cambio también se refleja en sus probabilidades de campeonato calculadas por FanGraphs. El 1 de agosto, los Dodgers tenían un 31.4% de posibilidades de ganar la Serie Mundial. Para el 11 de agosto, esa cifra había caído al 23.1%.

La diferencia no significa que Los Ángeles haya dejado de ser favorito, pero sí evidencia que la distancia entre los Dodgers y el resto de la liga se ha reducido.

El pitcheo tiene talento, pero necesita salud

La llegada de Tarik Skubal fue presentada como una demostración más del poder de los Dodgers. El ganador de dos premios Cy Young consecutivos se incorporó a una rotación que ya figuraba entre las mejores de MLB.

Actualmente, los abridores de Los Ángeles ocupan el quinto lugar de las Grandes Ligas con una efectividad colectiva de 3.56. Y todavía existe la posibilidad de que esa rotación mejore si recupera a todas sus piezas.

Blake Snell regresó el martes después de someterse a una cirugía para retirar cuerpos sueltos de su codo izquierdo y respondió con una actuación de seis entradas, diez ponches y apenas una carrera permitida frente a Kansas City. Tyler Glasnow, por su parte, debería regresar este mes después de sufrir espasmos en la espalda.

También existe la expectativa de que Shohei Ohtani pueda volver a lanzar en los playoffs mientras se recupera de problemas en la rodilla y el bíceps.

El problema es que los Dodgers están depositando buena parte de sus esperanzas en la salud de jugadores que precisamente han tenido dificultades para mantenerse disponibles.

Snell, Glasnow y Ohtani sumaron apenas 43 aperturas entre los tres durante la temporada pasada. Skubal tampoco posee un historial médico perfecto: tuvo cirugías importantes en el brazo en 2017 y 2022, y el volumen de trabajo de 2024 y 2025 terminó pasándole factura hasta necesitar otra intervención en el codo en mayo.

Desde su regreso en junio, Skubal ha registrado 3.08 de efectividad en 11 aperturas. Es una buena cifra, pero está lejos del nivel dominante que mostró anteriormente. Además, su recta perdió aproximadamente una milla por hora respecto a 2025 y ha permitido 10 jonrones en sus últimas 64.1 entradas, después de conceder solamente dos en sus primeras 43.1.

La conclusión es sencilla: la rotación tiene potencial extraordinario, pero para que ese potencial se transforme en campeonato todos sus componentes deben permanecer disponibles.

La ofensiva sí tiene un problema inmediato

Si el pitcheo genera interrogantes a futuro, el ataque ya está ofreciendo señales concretas de deterioro.

Los Dodgers han anotado 5.02 carreras por partido en la temporada, un número sólido. Pero después del Juego de Estrellas esa producción cayó hasta 4.14 carreras por encuentro.

Además, la ofensiva colectiva presenta un wRC+ de 97, lo que significa que está produciendo un 3% por debajo del promedio de MLB.

El problema se vuelve todavía más evidente al observar a sus principales jugadores.

Andy Pages pasó de 120 a 106 de wRC+ entre la primera y la segunda mitad de la campaña. Ohtani cayó de 156 a 127, Freddie Freeman de 138 a 133 y Max Muncy de 131 a 101. Mookie Betts presenta el descenso más preocupante: de 93 a apenas 56.

Kyle Tucker es la excepción positiva, al mejorar de 102 a 115, aunque incluso esa evolución debe ponerse en contexto: se trata de un jugador que cobra $57 millones por temporada y cuyo rendimiento pasó de mediocre a decente.

Teoscar Hernández subió ligeramente de 95 a 98, mientras Dalton Rushing pasó de 123 a 119.

El problema se agrava porque Rushing se unió a Will Smith en la lista de lesionados, debilitando una posición de catcher que anteriormente representaba una de las fortalezas del equipo.

Y existe un elemento estructural: la edad. La ofensiva de los Dodgers tiene un promedio de 30.7 años, el más alto de MLB. Después de disputar dos Series Mundiales consecutivas, el desgaste acumulado también puede comenzar a pesar.

El bullpen tampoco está respondiendo como se esperaba

Desde el Juego de Estrellas, el bullpen de Los Ángeles tiene una efectividad de 4.89, la vigésimo tercera de MLB entre 30 equipos.

La cifra puede exagerar un poco la gravedad del problema, porque Tanner Scott continúa lanzando bien y Evan Phillips ha mejorado después de un comienzo complicado tras regresar de una cirugía Tommy John.

Pero hay una preocupación evidente: Edwin Díaz.

El cerrador de los Dodgers, que tiene un contrato de $69 millones, también fue sometido a una cirugía para retirar cuerpos sueltos del codo. Desde entonces ha permitido cinco carreras y dos jonrones en apenas cinco entradas.

Además, su recta está viajando a 96.2 millas por hora, la velocidad más baja de su carrera.

Para un equipo construido pensando en octubre, la posibilidad de que una de sus principales armas del bullpen no esté en plenitud física representa una preocupación considerable.

El poder financiero no garantiza eternamente el dominio

Aquí aparece la discusión más profunda alrededor de los Dodgers.

Tras adquirir a Skubal, aumentaron las críticas sobre el supuesto dominio económico de Los Ángeles. El equipo tiene recursos para gastar a una escala que pocos competidores pueden igualar, y eso ha alimentado incluso debates sobre el futuro de las reglas económicas de MLB y las negociaciones entre la liga y la Asociación de Jugadores.

Pero la situación actual demuestra que el dinero tampoco elimina los riesgos deportivos.

Milwaukee tiene 10.4% de probabilidades de ganar la Serie Mundial; los Yankees, 9.1%; Tampa Bay, 8.8%; Atlanta, 7.7%; Boston, 6.7%; Chicago Cubs, 6.5%; y Filadelfia, 6.4%.

Todos ellos están considerablemente por debajo de Los Ángeles, pero también poseen argumentos diferentes para desafiarlo: pitcheo de élite, ofensivas poderosas, defensas sólidas o rotaciones encabezadas por varios ases.

Y, sobre todo, ninguno necesita ser mejor que los Dodgers durante 162 partidos. Solo necesita serlo durante una serie de playoffs.

Ese es el verdadero peligro para Los Ángeles.

¿Puede comenzar aquí el envejecimiento de una dinastía?

Los Dodgers todavía no son un imperio en decadencia. Sería exagerado afirmarlo.

Pero existen señales que recuerdan que ninguna superpotencia deportiva puede permanecer en la cima indefinidamente.

Mookie Betts y Teoscar Hernández tienen 33 años. Snell tiene 33 y Glasnow 32. Ohtani tiene 31 y Freddie Freeman 36. Incluso Tucker, con 29 años, y Díaz, con 32, fueron incorporaciones que el análisis cuestiona no necesariamente por su talento, sino porque parecían movimientos posibles simplemente porque los Dodgers podían permitírselos.

La historia ofrece ejemplos de equipos que intentaron prolongar demasiado su dominio mediante dinero. Los Yankees de comienzos de los 2000, por ejemplo, tuvieron dificultades para reconstruir una plantilla que envejecía y no ganaron una Serie Mundial entre 2001 y 2008. Los Astros también demostraron que una era dominante finalmente puede terminar.

Los Dodgers todavía tienen una enorme ventaja y poseen, además, el sistema de granjas número uno de MLB. Por eso, hablar de una caída inmediata sería prematuro.

Pero 2026 está dejando una advertencia importante: para ganar otra Serie Mundial no basta con tener más estrellas que los demás. Hay que mantenerlas saludables, conseguir que rindan al nivel esperado y resolver los problemas cuando todavía existe tiempo para hacerlo.

El dinero puede comprar profundidad, talento y margen de maniobra. Lo que no puede comprar es salud, juventud ni garantía de éxito en octubre.

Y quizás esa sea la parte más interesante de esta temporada: por primera vez en mucho tiempo, los Dodgers parecen estar descubriendo que incluso ellos tienen límites.