La evolución del pitcheo de Grandes Ligas ha llegado a un punto en el que la longevidad del abridor ya no es solamente una tendencia: los números indican que el volumen de trabajo de los pitchers que inician los partidos continúa cayendo hasta niveles históricos.
El fenómeno ayuda a explicar por qué los equipos de MLB se lanzaron con tanta intensidad a buscar lanzadores abridores durante la fecha límite de cambios. El problema no surgió de repente. Es consecuencia de años de una transformación en la manera de desarrollar, utilizar y proteger a los pitchers.
El abridor moderno se parece cada vez menos al tradicional lanzador capaz de administrar su energía durante nueve innings y cada vez más a un atleta que debe entregar máxima intensidad desde el primer lanzamiento.
En términos sencillos: se está sustituyendo resistencia por explosividad.
5.03 entradas: el nuevo mínimo histórico
El dato más contundente ocurrió en julio de 2026.
Los abridores promediaron apenas 5.03 entradas por salida, el promedio mensual más bajo registrado en la historia de las Grandes Ligas.
La cifra adquiere todavía mayor relevancia cuando se observa la frecuencia con que los abridores completan los partidos. En julio solamente hubo dos juegos completos, ambos protagonizados por Dylan Cease y Yoshinobu Yamamoto.
Fue apenas la cuarta ocasión en la historia en que un mes completo terminó con dos o menos juegos completos. Y tres de esas cuatro ocasiones se han producido durante los últimos seis meses.
La tabla histórica presentada en el análisis muestra la aceleración del fenómeno:
| Mes | Juegos completos | Juegos iniciados |
|---|---|---|
| Agosto de 2025 | 1 | 842 |
| Marzo/abril de 2022 | 1 | 634 |
| Marzo/abril de 2026 | 2 | 936 |
| Julio de 2026 | 2 | 742 |
El contexto es importante. No se trata simplemente de que existan menos juegos completos porque los managers prefieran utilizar relevistas. También está cambiando la capacidad del abridor para permanecer efectivo durante varias veces alrededor del lineup.
De abridores a “sprinters”
Durante décadas, el objetivo de un abridor era administrar su repertorio y energía. El pitcher debía encontrar una manera de ser efectivo en el primer inning, pero también conservar recursos para el sexto, séptimo u octavo.
Ese concepto se ha transformado.
El modelo actual se parece más al de un velocista: máxima intensidad desde el comienzo.
La misión del abridor moderno es lanzar con tanta velocidad y movimiento como sea posible, generar swings fallidos y ponches, y salir del partido antes de que su efectividad disminuya significativamente.
Esto tiene una consecuencia lógica: si cada lanzamiento exige más esfuerzo físico, el pitcher necesita más recuperación entre sus apariciones.
El resultado es una paradoja: los lanzadores están diseñados y utilizados para ser más dominantes por lanzamiento, pero esa misma intensidad contribuye a limitar cuántos lanzamientos y entradas pueden acumular.
El bullpen absorbe cada vez más innings
Los datos de distribución del trabajo muestran otro cambio estructural.
En 2026, los abridores están realizando aproximadamente el 57% del trabajo de pitcheo, mientras los relevistas absorben el otro 43%.
Hace apenas 15 años, la distribución era de 65%-35%.
La diferencia puede parecer pequeña, pero representa un cambio considerable en la arquitectura de un cuerpo de lanzadores. Una mayor proporción de innings pasa ahora por brazos que entran al juego para enfrentar segmentos mucho más específicos del lineup.
Desde una perspectiva sabermétrica, esto también modifica el valor estratégico del bullpen. Los managers pueden reservar lanzadores para situaciones concretas, aprovechar determinados enfrentamientos y evitar que un pitcher tenga que enfrentar por tercera o cuarta vez a los mismos bateadores.
Pero existe un costo: la profundidad del abridor se vuelve cada vez más importante, porque un equipo necesita más relevistas para cubrir los innings que antes pertenecían al starter.
El límite de los 110 lanzamientos
Otro indicador revela hasta qué punto ha cambiado la percepción del esfuerzo físico.
Desde el 31 de agosto de 2025, cuando Justin Verlander superó los 120 lanzamientos en un partido, ningún pitcher ha alcanzado nuevamente esa cifra.
El contraste histórico es enorme. En 2011 hubo 100 juegos en los que un lanzador realizó al menos 120 lanzamientos.
Hoy, incluso los 110 lanzamientos se han convertido prácticamente en un techo informal.
En 2026 solamente se han registrado 13 aperturas de 110 o más lanzamientos. Cuatro pertenecen a Dylan Cease. Ningún otro pitcher ha realizado siquiera dos salidas de 110 lanzamientos.
Eso permite observar la magnitud del cambio sin necesidad de retroceder varias generaciones.
En solamente 15 años, el estándar de lo que se considera una carga elevada de trabajo ha descendido de 120 a aproximadamente 110 lanzamientos.
El verdadero cambio está en la velocidad
Pero el aspecto más interesante no está únicamente en cuántos lanzamientos realiza un pitcher, sino en cómo los realiza.
Los datos de velocidad de la recta de cuatro costuras muestran una transformación profunda en la estrategia de los abridores.
Hace 15 años existía una mayor modulación de la velocidad a medida que avanzaba el partido. El pitcher podía comenzar con determinado nivel de intensidad y ajustar su esfuerzo conforme acumulaba entradas.
Hoy la línea es mucho más plana.
El análisis compara la velocidad promedio de la recta de cuatro costuras por entrada entre diferentes épocas.
En 2011, la velocidad promedio registrada fue de 92.1 millas por hora en la primera entrada y 94.1 mph en la novena, una diferencia de 2.0 mph.
En 2016, los valores fueron de 94.9 mph en la primera entrada y 95.5 mph en la novena, reduciendo la diferencia a apenas 0.6 mph.
Aquí aparece un punto estadístico que merece una aclaración: el texto original indica que 0.6 mph equivale a 0.06%, pero matemáticamente representa aproximadamente 0.63% respecto a 94.9 mph. El dato de velocidad es 0.6 mph; el porcentaje publicado en el texto no coincide con esa diferencia.
Más allá de ese detalle, la tendencia es clara: la velocidad se mantiene mucho más estable a través de la salida.
¿Qué significa esto?
El pitcher moderno ya no parece guardar su mejor arsenal para determinados momentos del partido. Desde el primer inning está utilizando una versión de máxima intensidad de su repertorio.
Eso explica la comparación con los cerradores tradicionales.
Un relevista que entra para lanzar un inning puede utilizar prácticamente todo su arsenal de potencia porque no necesita reservar energía para otras seis entradas. El abridor moderno está adoptando progresivamente esa filosofía, aunque su cuerpo todavía debe soportar una carga mucho mayor.
El efecto combinado de velocidad, spin, movimiento y búsqueda constante del swing-and-miss ha convertido cada lanzamiento en una acción de alta exigencia.
Por eso el problema de la longevidad no puede analizarse únicamente contando innings.
Un inning de 2026 no necesariamente representa la misma demanda física que un inning de generaciones anteriores.
La paradoja del pitcheo moderno
La transformación presenta una paradoja estadística y estratégica.
Los pitchers son potencialmente más dominantes por lanzamiento, pero los equipos obtienen menos innings de cada abridor.
El resultado es un juego en el que la calidad del pitcheo inicial puede ser extraordinariamente alta durante cinco innings, mientras que la cantidad de trabajo acumulado por esos mismos pitchers continúa descendiendo.
El dato de 5.03 entradas por apertura en julio de 2026 resume perfectamente esa transformación.
El béisbol no está dejando de depender de sus abridores. Está dependiendo de ellos de otra manera.
La pregunta ya no es necesariamente cuánto puede durar un pitcher en el partido, sino cuánto impacto puede producir antes de que el costo físico de mantener esa intensidad obligue al manager a retirarlo.
Y los datos más recientes sugieren que la respuesta está acercándose cada vez más a las cinco entradas.
Para los equipos, esto significa que construir una rotación ya no consiste solamente en encontrar cinco lanzadores capaces de ganar partidos. Significa encontrar suficientes innings, suficientes brazos y suficientes maneras de sostener la intensidad durante 27 outs.
El abridor tradicional, aquel que asumía una porción enorme de la carga del partido, se encuentra en retroceso.
El nuevo abridor de MLB lanza más fuerte, busca más swings fallidos y maximiza cada lanzamiento.
Pero, estadísticamente, cada vez dura menos.