Paul Skenes ha construido su reputación como uno de los lanzadores más dominantes del béisbol, pero desde principios de junio su rendimiento ha sufrido una transformación difícil de ignorar. El derecho de los Pittsburgh Pirates no parece ser exactamente el mismo lanzador que dominó durante buena parte de la temporada, y el análisis de Tom Verducci apunta hacia una explicación concreta: un pequeño cambio en la dirección de su zancada y, como consecuencia, en su punto de liberación.

Los números recientes respaldan la preocupación. Skenes llegaba a su apertura del martes con una efectividad de 8.16 en sus últimas tres presentaciones. Sin embargo, el problema no se limita a esas tres salidas. Desde el 9 de junio ha realizado 11 aperturas, con récord de 3-5 y efectividad de 5.28, mientras Pittsburgh registra apenas 3-8 en esos encuentros.

La fecha del 9 de junio resulta especialmente importante porque coincide con el momento en que Skenes modificó su zancada para hacerla menos cruzada —o crossfire— que anteriormente.

Un cambio pequeño, una consecuencia grande

En términos sencillos, Skenes comenzó a dirigir sus pies más directamente hacia el plato y modificó también la posición de sus manos. El resultado es que, al lanzar, la pelota sale desde un punto horizontalmente menos desplazado respecto al centro del plato.

Según el análisis citado, desde el 9 de junio Skenes ha llegado a ser todavía más directo en su movimiento. Al reducir el cruce de su cuerpo, está soltando la pelota entre 8 y 9 pulgadas más cerca de la línea central del plato.

Puede parecer una diferencia mínima. Para un lanzador de Grandes Ligas, sin embargo, unas pocas pulgadas pueden alterar significativamente el ángulo desde el que la pelota llega al bateador.

La evidencia más clara aparece cuando Skenes enfrenta a bateadores derechos.

Hasta el 8 de junio, su punto de liberación horizontal frente a bateadores derechos era de -2.67, y esos rivales registraban apenas .193 de promedio de bateo y .307 de slugging.

Desde entonces, el punto de liberación pasó a -2.18. Al mismo tiempo, los bateadores derechos elevaron su producción hasta .301 de promedio y .470 de slugging.

Es decir, el cambio mecánico coincide con un salto considerable en el contacto que los bateadores están consiguiendo contra él.

No significa necesariamente que una modificación mecánica sea la única causa de su caída. El béisbol es demasiado complejo para atribuir un rendimiento completo a una sola variable. Pero la coincidencia temporal es suficientemente marcada como para convertir el movimiento en un elemento que merece atención.

La dirección importa tanto como la velocidad

Una de las razones por las que este caso resulta particularmente interesante es que Skenes no necesita perder velocidad para volverse más atacable.

Un lanzador puede conservar sus características físicas principales y, aun así, modificar la manera en que sus lanzamientos atraviesan la zona. El punto desde donde se libera la pelota, el ángulo horizontal y la trayectoria generada por el movimiento corporal pueden cambiar la percepción del bateador y la forma en que sus pitcheos llegan al plato.

En el caso de Skenes, el gráfico de sus puntos de liberación por mes muestra que su actual trayectoria hacia el plato es la más directa de toda su carrera.

Eso hace que el problema sea particularmente relevante. No se está observando simplemente una caída estadística aislada, sino un cambio identificable en la mecánica que coincide con el momento en que comenzó su descenso.

La cuestión ahora es si Skenes y los Pirates consideran conveniente regresar a la mecánica que utilizaba antes del 9 de junio o si existe otra razón detrás de la modificación.

Pittsburgh necesita recuperar a su as

La situación también tiene una dimensión colectiva. Los Pirates han perdido ocho de las 11 aperturas realizadas por Skenes desde el 9 de junio.

Para un equipo que cuenta con él como uno de los pilares de su rotación, recuperar su versión dominante puede tener un impacto mucho mayor que simplemente mejorar una estadística individual.

Mientras Pittsburgh intenta encontrar respuestas para su principal lanzador, otro equipo atraviesa exactamente el escenario contrario.

Boston vive una racha histórica

Los Boston Red Sox han protagonizado una de las mejores rachas ofensivas y competitivas de la temporada. El equipo alcanzó una secuencia de 30 partidos con récord de 27-3 o mejor, algo que solamente habían conseguido nueve equipos anteriormente desde 1900.

Boston superó a sus rivales 180-84 durante esa racha, para un diferencial de +96 carreras. Esa cifra coloca a los Red Sox como apenas el cuarto equipo de las 10 organizaciones que lograron una secuencia de ese nivel en alcanzar un diferencial de +96 o superior.

La lista histórica está encabezada por los Cleveland Indians de 2017, con +121, seguidos por los Chicago Cubs de 1906, con +108, y los New York Yankees de 1941, con +97. Los Yankees de 1947 registraron +92.

Los antecedentes son especialmente llamativos porque los resultados posteriores fueron muy distintos: Cleveland perdió en la Serie Divisional, los Cubs cayeron en la Serie Mundial y los Yankees de 1941 y 1947 conquistaron el campeonato.

El Boston de 2026 todavía tiene pendiente escribir esa parte de la historia.

Durante su racha, los Red Sox también transformaron situaciones que anteriormente les habían costado partidos. Ganaron 7-1 en encuentros decididos por una carrera, después de haber tenido récord de 6-12 en ese tipo de juegos.

Además, cuando anotaron más de tres carreras, fueron prácticamente imbatibles: terminaron 24-0.

El contraste ofrece una lectura interesante. Mientras Boston ha convertido su ofensiva y capacidad para cerrar partidos en una fuente de estabilidad, Pittsburgh necesita resolver por qué su principal arma de pitcheo ha perdido efectividad.

Y el próximo sábado 15 de agosto, los dos caminos se cruzarán: los Red Sox visitarán a los Pirates a las 7:00 p. m. ET por Fox.

Para Skenes, puede ser otra prueba. Para Pittsburgh, una oportunidad de descubrir si aquel pequeño cambio de unas pocas pulgadas realmente está detrás de un problema que se ha vuelto demasiado grande para ignorarlo.