Tras un inicio de mayo inusualmente frío que encendió las alarmas en Los Ángeles, Shohei Ohtani ha vuelto a desatar el terror en las Grandes Ligas. El fenómeno japonés disipó cualquier duda con una actuación descomunal en la Freeway Series, liderando la humillante barrida de los Dodgers de Los Ángeles sobre su exequipo, los Angelinos, con un escandaloso marcador global de 31-3 en los tres compromisos.
El “botón de reinicio” de Dave Roberts y el ajuste de Ohtani
El mánager de los Dodgers, Dave Roberts, tomó una decisión tan arriesgada como efectiva: sentar a Ohtani durante dos compromisos para que pudiera “limpiar la mente” y reajustar su enfoque. La jugada de ajedrez funcionó a la perfección.
Ohtani confesó que el verdadero secreto de su regreso demoledor no fue solo el descanso físico, sino un ajuste técnico y sutil en su postura (setup) al momento de batear, lo que le devolvió el control absoluto sobre el plato.
“Mi conciencia de la zona de strike es mucho mejor. Siento que estoy viendo la bola mejor”, declaró el astro japonés tras desmantelar el pitcheo de Anaheim.
Cronología de una masacre: El fin de semana de Ohtani
El despertar del samurái fue destructivo y progresivo durante los tres días de la serie:
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Viernes 15 de mayo: Abrió los fuegos con un doblete que encendió la chispa y marcó la pauta de lo que venía.
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Sábado 16 de mayo (La noche del show): Vivió su jornada más explosiva al remolcar cinco carreras. La locura total llegó cuando conectó un triple y, aprovechando un error de la defensa de los Angelinos, recorrió las bases por completo al estilo de las Pequeñas Ligas para anotar en carrera.
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Domingo 17 de mayo: Selló la barrida de los esquivadores bateando de 3-3 con dos carreras impulsadas en la paliza final de 10-1.
Un mensaje de alerta para toda la Liga Nacional
Cuando Ohtani es paciente y domina la zona de strike, el efecto es contagioso. El resto de la alineación de los Dodgers copió su disciplina en la caja de bateo, transformando al equipo en una maquinaria ofensiva indetenible. Con su principal estrella bateando fuego y viendo la pelota “como una tora”, los Dodgers le mandan un mensaje de advertencia bien claro a toda la MLB: el bache terminó y el monstruo está suelto.