Francisco Lindor no tardó en enviar un mensaje claro en defensa de Jefry Yan, el relevista novato de los Mets de Nueva York cuya particular manera de celebrar volvió a llamar la atención en las Grandes Ligas.
Después de una dramática victoria de 3-2 en 10 entradas sobre los Cerveceros de Milwaukee, Lindor respaldó públicamente al joven lanzador y dejó claro que no considera que deba cambiar su personalidad para satisfacer las expectativas externas.
“Las vibras son contagiosas”, expresó Lindor, quien también animó a Yan a seguir saltando, celebrando y siendo él mismo. Para el veterano campocorto, el derecho llegó a las Grandes Ligas por una razón y no debería apagar una característica de su personalidad simplemente porque algunas personas consideren que sus celebraciones deben ser más contenidas.
El respaldo adquiere mayor significado porque Yan ya había aprendido recientemente que la intensidad también necesita ser acompañada de concentración.
Una celebración que casi termina en problema
Yan entró al noveno episodio con corredores en segunda y tercera y un out, después de que Milwaukee empatara el partido.
El relevista consiguió un ponche ante Garrett Mitchell, pero posteriormente otorgó una base por bolas a Joey Ortiz, dejando las bases llenas con dos outs.
Entonces llegó el turno de David Hamilton, quien conectó un sinker de Yan hacia el jardín izquierdo. La pelota parecía tener posibilidades de convertirse en el batazo que le diera ventaja a Milwaukee, pero Lindor apareció para realizar una atrapada de manos enguantadas y lanzarse al terreno para terminar la amenaza.
La reacción de Yan fue inmediata: golpeó el terreno en celebración después de escapar del peligro.
No fue simplemente una celebración por un ponche. El momento representaba también la descarga de tensión después de enfrentar una situación en la que cualquier batazo podía haber cambiado el resultado.
Para Lindor, esa energía no es algo que deba eliminarse.
El antecedente que hizo más importante el mensaje de Lindor
La defensa pública de Lindor llega pocos días después de una situación que puso a Yan en el centro de la conversación.
Durante un partido contra los Medias Blancas de Chicago, Yan celebró lo que creyó que era el tercer strike ante Colson Montgomery. Sin embargo, el lanzamiento fue declarado bola.
Montgomery terminó negociando el boleto y posteriormente Jake Rogers conectó un cuadrangular de dos carreras que dejó tendidos a los Mets, 6-4.
Después del encuentro, Yan reconoció que debía esperar a que la jugada terminara antes de comenzar a celebrar.
Ese episodio es precisamente lo que hace interesante la postura de Lindor. El capitán no está diciendo que Yan tenga que ignorar sus errores. Por el contrario, su mensaje combina ambas cosas: mantener la personalidad y aprender de las equivocaciones.
En otras palabras, Yan no necesita dejar de ser Yan para convertirse en un mejor lanzador.
Una historia de perseverancia
El camino del relevista hasta las Grandes Ligas también ayuda a entender por qué su personalidad tiene un significado especial.
Yan pasó cuatro años alejado del béisbol profesional después de sufrir una grave lesión en el codo. Durante ese período trabajó en actividades como techado y entrega de pedidos mientras continuaba entrenándose con la intención de regresar al béisbol.
Finalmente consiguió volver al circuito profesional y recibió la oportunidad de debutar en MLB el 5 de agosto.
Su llegada, por tanto, no representa únicamente el ascenso de un joven prospecto. Es el resultado de un proceso de recuperación y perseverancia que hace que sus emociones en el terreno tengan un contexto mucho más amplio.
Lindor también fue protagonista
La noche del martes, el propio Lindor terminó siendo determinante para que los Mets consiguieran la victoria.
Después de que el partido llegara empatado al décimo inning, el dominicano Christopher Morel conectó un rodado y el tiro de Hamilton hacia el plato se fue desviado. Lindor, quien comenzó la entrada como corredor automático en segunda, pudo avanzar y anotar la carrera que decidió el encuentro.
Con el triunfo, Nueva York mejoró su registro a 60-72.
Así, Lindor terminó protagonizando el partido desde distintos ángulos: fue decisivo defensivamente en el noveno, anotó la carrera de la victoria y, fuera de las estadísticas, asumió el papel de líder al respaldar públicamente a uno de los jóvenes del equipo.
Su mensaje para Yan fue sencillo: la personalidad no tiene que desaparecer para que llegue la madurez. El novato tendrá que aprender cuándo celebrar y cuándo esperar, pero eso no significa que deba renunciar a la energía que lo caracteriza.
Para un jugador que tuvo que luchar durante años para regresar al béisbol, encontrar a un veterano como Lindor dispuesto a respaldarlo puede ser tan importante como cualquier consejo técnico.