Jacob deGrom acaba de añadir otro argumento de peso a una candidatura al Salón de la Fama que durante años ha estado condicionada por una pregunta inevitable: ¿puede un lanzador con tan poco volumen de trabajo entrar a Cooperstown gracias a un nivel de dominio extraordinario?
El derecho de los Texas Rangers alcanzó los 2,000 ponches de por vida durante una actuación dominante contra los Washington Nationals, convirtiéndose en apenas el pitcher número 94 en la historia de las Grandes Ligas en alcanzar esa cifra.
Pero el dato adquiere una dimensión mucho mayor cuando se coloca junto al resto de su trayectoria.
deGrom llegó a los 2,000 ponches en apenas 272 juegos, la segunda menor cantidad de apariciones necesarias para alcanzar esa cifra. Solamente Randy Johnson lo consiguió más rápido, al hacerlo en 262 partidos.
Y hay otro número que explica mejor que casi cualquiera la magnitud de su carrera: 2.66 de efectividad.
El argumento de deGrom no es el volumen, es el dominio
La principal dificultad para la candidatura de deGrom es evidente. Tiene apenas 105 victorias, cuatro juegos completos y dos blanqueadas. Además, su carrera ha estado marcada por lesiones que le han impedido acumular las entradas y victorias tradicionalmente asociadas con los grandes lanzadores.
De hecho, ningún abridor moderno ha ingresado al Salón de la Fama con menos de las 150 victorias que consiguió Dizzy Dean.
Pero el béisbol ha cambiado.
Los abridores actuales trabajan menos entradas por temporada y los premios individuales ya no dependen exclusivamente de las victorias. Corbin Burnes, por ejemplo, ganó un Cy Young con 167 entradas, una muestra de cómo el análisis del rendimiento ha ido desplazando el énfasis histórico en el volumen.
En ese contexto, la candidatura de deGrom resulta mucho más interesante.
El derecho tiene dos premios Cy Young y fue uno de los lanzadores más dominantes de su generación. Su combinación de velocidad, slider y precisión lo convirtió en un caso excepcional incluso entre los ases de su época.
Su recta podía mantenerse alrededor de las 99-100 mph, mientras que su slider podía alcanzar velocidades extraordinarias para ese tipo de lanzamiento. Esa combinación, acompañada de una mecánica fluida, hizo de su repertorio uno de los más difíciles de enfrentar.
Un club extremadamente exclusivo
El dato de los 2,000 ponches adquiere todavía más valor cuando se cruza con su efectividad.
De los 94 pitchers que han alcanzado los 2,000 ponches, solamente 17 tienen una efectividad inferior a 3.00.
Y los nombres restantes explican inmediatamente la dimensión del grupo: todos los otros 14 lanzadores de ese conjunto que ya son elegibles para el Salón de la Fama están en Cooperstown.
Los tres que todavía no son elegibles son deGrom, Chris Sale y Clayton Kershaw.
Además, entre esos 17 lanzadores, deGrom presenta una efectividad de 2.66, situada por detrás de Kershaw y por delante de Sandy Koufax.
Es decir, no se trata simplemente de haber acumulado 2,000 ponches. Se trata de haberlo hecho manteniendo una efectividad históricamente baja.
A los 38 años todavía lanza a velocidad de élite
Quizás uno de los elementos más sorprendentes de la temporada de deGrom sea que, pese a tener 38 años, todavía figura entre los lanzadores con mayor velocidad de recta de las Grandes Ligas.
Entre los pitchers con al menos 750 rectas lanzadas en 2026, su promedio de 97.3 mph lo coloca séptimo.
La lista está dominada por lanzadores mucho más jóvenes:
- Jacob Misiorowski: 100.6 mph
- Bubba Chandler: 98.5 mph
- Eury Pérez: 98.3 mph
- Cam Schlittler: 98.0 mph
- Roki Sasaki: 97.9 mph
- Chase Burns: 97.6 mph
- Jacob deGrom: 97.3 mph
La diferencia generacional es considerable. DeGrom tiene 38 años; todos los demás integrantes de ese grupo tienen entre 23 y 25.
Además, ha realizado 23 aperturas esta temporada, mientras que todos los lanzadores de 38 años o más juntos acumulan apenas 12 aperturas.
Su capacidad para seguir produciendo a ese nivel después de tantas lesiones es, por sí misma, extraordinaria.
Ahora intenta evolucionar su repertorio
La versión actual de deGrom tampoco es exactamente la misma que dominó durante sus mejores años.
Los equipos han comenzado a atacar una de sus tendencias históricas: lanzar mucho hacia la zona baja y externa. Según el análisis citado por Verducci, los bateadores están permaneciendo más cerca del centro del plato porque ya no sienten el mismo temor ante los lanzamientos hacia el interior.
Por eso, deGrom está intentando utilizar más el sinker, un lanzamiento que ya había empleado entre 2015 y 2018 y que abandonó en 2019.
El problema es que todavía no lo utiliza con suficiente frecuencia para obligar a los bateadores a respetarlo. En sus últimas tres aperturas solamente lanzó dos sinkers.
Aun así, contra Washington no necesitó demasiado más.
Su recta y su slider fueron suficientes para permitirle trabajar seis entradas de una carrera y un solo hit, una demostración de que, cuando sus mejores armas están funcionando, todavía puede parecerse al pitcher que aterrorizaba a las alineaciones durante su apogeo.
El espejo histórico: Dizzy Dean
El principal punto de comparación para deGrom es Dizzy Dean, otro lanzador cuya candidatura al Salón de la Fama se construyó más sobre el dominio que sobre la longevidad.
Dean acumuló apenas 1,967.1 entradas, la menor cantidad entre los abridores modernos del Salón de la Fama. Su carrera terminó prematuramente por las lesiones.
Sin embargo, durante su breve período de máximo rendimiento fue tan dominante que terminó en Cooperstown.
DeGrom todavía necesita aproximadamente 301 entradas para superar el total de Dean, pero ya tiene más aperturas: 272 contra 230.
Y existe una diferencia estadística considerable: su ERA+ de 147 supera ampliamente el 131 de Dean.
El ERA+ permite comparar la efectividad de un lanzador con la de su época y ajustarla al entorno ofensivo. Por eso, este dato ayuda a explicar por qué el caso de deGrom no puede evaluarse únicamente contando victorias o entradas.
Dean tuvo solamente seis temporadas clasificadas y la última llegó a los 27 años. Su carrera terminó demasiado pronto, pero su dominio fue suficiente para convertirlo en miembro del Salón de la Fama.
deGrom podría seguir un camino parecido.
¿Ya es un Hall of Famer?
La respuesta definitiva dependerá de cuánto pueda extender su carrera y, sobre todo, de cómo se valore su longevidad frente a su dominio.
Su expediente todavía tiene una debilidad evidente: 105 victorias son muy pocas para un abridor con aspiraciones a Cooperstown. Las lesiones también redujeron considerablemente su volumen.
Pero los estándares de evaluación han cambiado.
Dos Cy Young, más de 2,000 ponches, una efectividad de 2.66, un ERA+ de 147 y una velocidad todavía excepcional a los 38 años construyen un perfil difícil de ignorar.
Además, existe un componente que no aparece completamente en una hoja estadística: deGrom modificó la percepción de lo que podía ser un abridor dominante.
Durante su mejor etapa podía atacar con una recta cercana a las 100 mph y acompañarla con un slider que llegaba a velocidades propias de una recta de muchos pitchers. Esa combinación elevó el estándar de excelencia de su posición.
Y quizá el mejor reconocimiento de aquello provenga de la anécdota relatada por el propio Skip Schumaker. Cuando estaba con San Diego, su equipo había decidido utilizar el hit-and-run automáticamente en el primer lanzamiento cada vez que un corredor alcanzaba las bases contra deGrom.
La razón era sencilla: era tan difícil batearle que necesitaban intentar algo diferente desde el primer lanzamiento.
Ese nivel de temor competitivo no aparece en las estadísticas tradicionales, pero forma parte del legado de un pitcher.
Ahora, con 2,000 ponches y todavía capaz de lanzar como un as a los 38 años, Jacob deGrom ya no está simplemente construyendo un argumento para el Salón de la Fama.
Está recorriendo el camino hacia Cooperstown.