Jacob deGrom volvió a demostrar por qué su nombre pertenece a la conversación de los lanzadores más dominantes de su generación. El derecho de los Texas Rangers alcanzó este jueves los 2,000 ponches de por vida, una cifra que lo coloca en un grupo reservado para los grandes brazos de la historia de las Grandes Ligas.

El hito llegó frente a los Washington Nationals, en el Globe Life Field, durante el primer episodio del último partido de la serie. DeGrom abrió la entrada con ponches consecutivos ante Daylen Lile y Abimelec Ortiz, y el segundo de ellos representó el número 2,000 de su carrera.

Después de conseguirlo, el lanzador se tomó unos segundos sobre el montículo, se quitó la gorra y saludó al público de Texas, que celebró uno de los momentos individuales más importantes de su trayectoria.

Pero la cifra de ponches es solamente una parte de la historia.

Una velocidad histórica para llegar a los 2,000

Lo que hace particularmente extraordinario el logro de deGrom es la cantidad de oportunidades que necesitó para alcanzarlo.

El derecho llegó a los 2,000 ponches en 272 aperturas, convirtiéndose en el segundo lanzador más rápido en alcanzar esa cantidad en la historia de MLB.

Solamente Randy Johnson lo consiguió antes, al hacerlo en 262 aperturas.

La comparación resulta significativa porque Johnson es precisamente uno de los mayores especialistas en ponches que ha producido el béisbol moderno. Que deGrom aparezca inmediatamente detrás de él refleja la dimensión de su dominio cuando ha estado disponible para lanzar.

El dato también adquiere valor cuando se analiza desde el volumen de trabajo.

DeGrom alcanzó los 2,000 ponches después de 1,661 entradas lanzadas, nuevamente en el segundo lugar histórico. El líder en este apartado es Chris Sale, quien necesitó 1,626 innings para llegar a la misma cifra.

En otras palabras, deGrom no necesitó una carrera extraordinariamente larga para alcanzar una cantidad de ponches que normalmente exige muchos años de trabajo.

Lo hizo con una velocidad excepcional.

El ponche como sello de su carrera

Los 2,000 ponches son especialmente representativos para deGrom porque el dominio del bateador ha sido una de las características centrales de su carrera.

Desde sus primeros años con los New York Mets, el derecho desarrolló una combinación poco común de velocidad, comando y capacidad para generar swings fallidos.

Su recta y su slider, especialmente durante sus mejores temporadas, le permitieron atacar a los bateadores incluso cuando estos sabían que el enfrentamiento terminaría probablemente alrededor de sus lanzamientos más difíciles.

El resultado fue una producción de ponches que lo colocó rápidamente entre los pitchers más eficientes de su generación.

La diferencia es que su carrera también estuvo condicionada por las lesiones.

Una carrera marcada por el dominio y la salud

DeGrom ha sido uno de los mejores ejemplos de una realidad compleja del béisbol: la capacidad para dominar no siempre garantiza la posibilidad de acumular volumen.

A lo largo de su trayectoria, diferentes lesiones han limitado sus temporadas y reducido el número de entradas que ha podido lanzar.

Por eso, alcanzar los 2,000 ponches a los 38 años y, además, hacerlo en apenas 272 aperturas tiene un significado especial.

Su trayectoria podría haber sido todavía más productiva desde el punto de vista estadístico si hubiese podido mantenerse saludable durante períodos más prolongados.

Aun así, sus números de eficiencia y su capacidad para ponchar bateadores le han permitido construir una carrera histórica incluso con las interrupciones provocadas por las lesiones.

El propio manager de Texas, Skip Schumaker, había destacado la dimensión del lanzador antes del encuentro al considerarlo, en su opinión, uno de los mejores que ha practicado la disciplina.

DeGrom también entra en la historia de Texas

El logro tiene otra particularidad porque deGrom consiguió los 2,000 ponches con el uniforme de los Rangers.

Desde 1972, solamente otros dos lanzadores de Texas habían alcanzado esa cifra mientras pertenecían a la franquicia.

Uno fue Ferguson Jenkins, quien llegó a los 2,000 ponches el 31 de agosto de 1974 frente a Cleveland.

El otro fue Cole Hamels, que alcanzó la marca el 12 de junio de 2016 contra Seattle.

DeGrom se convierte así en apenas el tercer pitcher de los Rangers desde 1972 que registra 2,000 ponches con la organización.

Es una distinción que añade contexto a una carrera que comenzó en Nueva York y que ahora está construyendo nuevos capítulos en Texas.

El número 95 y una generación que se reduce

Con los 2,000 ponches, deGrom se convirtió en el lanzador número 95 en la historia de las Grandes Ligas que alcanza la cifra.

También es el noveno pitcher activo en conseguirlo.

Y en la temporada 2026 es apenas el segundo lanzador que alcanza el hito, después de Aaron Nola, de los Philadelphia Phillies.

La lista muestra, además, cómo ha cambiado el béisbol.

Aunque los ponches se han convertido en una parte cada vez más habitual de la estrategia de los pitchers modernos, llegar a 2,000 sigue siendo una marca de longevidad, producción y dominio.

DeGrom consiguió combinar las tres, aunque su camino hacia ellas fue muy diferente al de los grandes acumuladores de entradas de otras épocas.

Ahora el desafío es más importante que el récord

La celebración individual llega en un momento en el que Texas tiene necesidades mucho más urgentes.

Los Rangers están entrando en la parte decisiva de la temporada y necesitan que su principal lanzador continúe ofreciendo actuaciones de calidad durante el tramo final.

Schumaker ya había advertido que el equipo necesitaría a deGrom y al resto de sus principales abridores durante los próximos 35 partidos.

Eso convierte cada salida en una pieza importante dentro de la pelea por la postemporada.

Para Texas, los 2,000 ponches son una celebración.

Pero no pueden convertirse en una distracción.

El objetivo colectivo es llegar a octubre, y para conseguirlo los Rangers necesitarán la versión de deGrom que acaba de entrar nuevamente en los libros de historia.

Un legado que sigue creciendo

El paso de Jacob deGrom por las Grandes Ligas ha tenido una característica paradójica: pocas dudas existen sobre su talento, pero muchas veces la disponibilidad física ha impedido medir cuánto más podría haber conseguido.

Ahora, con 2,000 ponches, esa discusión adquiere otra dimensión.

Ser el segundo lanzador más rápido en llegar a la marca detrás de Randy Johnson y el segundo en menos entradas detrás de Chris Sale confirma que su dominio no es solamente una percepción.

Está respaldado por una producción histórica.

DeGrom todavía tiene trabajo por delante con los Rangers. Pero independientemente de lo que ocurra en los próximos meses, el ponche número 2,000 ya ocupa un lugar permanente en su legado.

Y quizá la mejor manera de dimensionar el logro sea esta: muy pocos lanzadores han necesitado tan poco tiempo para acumular tantos ponches como Jacob deGrom.