Joshua Báez no necesitó una semana para anunciar su llegada a las Grandes Ligas. Le bastó un partido.

El jardinero de los Cardenales de San Luis protagonizó el sábado una actuación sin precedentes en los 150 años de historia de las Grandes Ligas al convertirse en el primer jugador que conecta tres cuadrangulares en su debut. Su explosiva presentación en el Wrigley Field incluyó además cinco carreras remolcadas y fue determinante en la victoria de San Luis por 8-4 sobre los Cachorros de Chicago.

El escenario tampoco fue cualquiera. Báez hizo historia en el mismo estadio donde Sammy Sosa construyó buena parte de su legendaria reputación como jonronero, un contexto especialmente simbólico para un pelotero cuyo principal atributo es precisamente el poder.

La actuación representa la culminación de un proceso de cinco años desde que San Luis apostó por él en el draft de 2021.

Una promesa que tardó cinco años en cumplirse

En el verano de 2021, Báez fue seleccionado por los Cardenales con el turno 54 del draft, en la segunda ronda, y recibió un bono de firma de 2.2 millones de dólares.

Durante su presentación en el Busch Stadium, el joven jugador aseguró que estaría en las Grandes Ligas en dos años. Su objetivo no era únicamente personal. También quería cumplir el sueño de su padre, José Manuel Báez, conocido como “El Bronco”, quien había dejado huella en el béisbol de Baní antes de establecerse en Estados Unidos.

La predicción terminó necesitando más tiempo del esperado. Báez llegó a las Mayores casi cinco temporadas después de aquella promesa. Además, lo hizo sin poder compartir el momento con su padre, quien falleció en 2023.

Su madre, Yris, sí estuvo presente en el histórico debut.

El momento también fue celebrado por una numerosa representación familiar. Alrededor de 33 familiares y allegados viajaron a Chicago, muchos vestidos con camisetas de los Cardenales, y recibieron autorización para bajar al terreno y festejar junto al jugador.

Poder y velocidad: una combinación poco común

Báez nació en Boston hace 23 años, hijo de padres dominicanos. Con 6 pies y 3 pulgadas de estatura y 220 libras, posee un físico que le permite generar una extraordinaria potencia, pero su perfil no se limita a batear jonrones.

También posee velocidad.

En 2025 robó 54 bases entre las categorías Doble A y Triple A, mientras que este año acumulaba 21 robos en Triple A antes de recibir el llamado de San Luis.

Esa combinación ayuda a explicar por qué existe la posibilidad de que Báez pueda convertirse en un jugador con capacidad para alcanzar el llamado 30-30, es decir, 30 jonrones y 30 bases robadas en una temporada.

No significa que ese objetivo esté garantizado, pero sí que su perfil combina dos herramientas que normalmente no aparecen juntas con tanta frecuencia: fuerza para sacar la pelota del parque y velocidad para generar impacto en las bases.

El camino hacia las Grandes Ligas

El potencial de Báez fue evidente desde antes de convertirse en profesional. Después de completar el bachillerato en Dexter Southfield School, en Brookline, Massachusetts, decidió ingresar directamente al draft de 2021.

Ese mismo año comenzó su trayectoria profesional en la categoría de novatos de los Cardenales en la Florida Complex League.

Sin embargo, el desarrollo no fue inmediato.

En 2022, durante el sorteo de novatos de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (Lidom), el Escogido lo seleccionó en la cuarta ronda. Hasta ahora, Báez todavía no ha debutado en el circuito dominicano.

Su evolución ofensiva también fue gradual. En su cuarta campaña logró por primera vez superar la barrera de los 10 cuadrangulares, con 11 jonrones en 2024. En 2025 aumentó la producción hasta 20 vuelacercas entre Clase A y Doble A.

La temporada 2026 representó otro salto importante: llegó a Triple A y finalmente apareció en el ranking de los 100 mejores prospectos.

Los números que convencieron a San Luis

Un partido particularmente llamativo ayudó a mantener a Báez en el radar de los Cardenales. El 16 de junio conectó cuatro cuadrangulares en un mismo encuentro.

Pero su producción en Triple A fue mucho más que un episodio aislado.

Hasta el viernes previo a su ascenso, Báez bateaba para .256/.328/.573, con un OPS de .901, 34 jonrones y 90 carreras impulsadas en 461 apariciones al plato.

El poder estaba fuera de discusión. También lo estaba uno de los principales aspectos que necesitaba mejorar: el control de la zona.

Báez acumulaba 136 ponches, una cifra que refleja el riesgo asociado con un bateador que intenta maximizar su enorme capacidad para golpear la pelota con fuerza.

Precisamente ahí ha estado buena parte del trabajo realizado durante la temporada.

El objetivo no era fabricar más poder

Rob Cerfolio, subgerente de desarrollo y rendimiento de jugadores de los Cardenales, ha trabajado estrechamente con Báez durante toda la temporada.

La prioridad no ha sido conseguir que el dominicano-estadounidense genere todavía más fuerza. El desafío ha consistido en ayudarlo a encontrar maneras más consistentes de acceder a la potencia que ya posee.

Cerfolio se refiere a esa capacidad como su “superpoder”.

La diferencia es importante. En el caso de un jugador con semejante fuerza natural, el desarrollo no necesariamente consiste en aumentar la potencia bruta, sino en conseguir que pueda utilizarla con mayor frecuencia y eficiencia.

El debut ante los Cachorros ofrece una primera muestra de lo que puede ocurrir cuando ese potencial encuentra el momento adecuado.

Una llegada que cambia las expectativas

Los Cardenales atraviesan una temporada complicada. San Luis llegó al encuentro con récord de 63-61, mientras sus posibilidades de alcanzar uno de los puestos de wild card comenzaban a tambalearse. En ese contexto, el club decidió llamar a Báez el viernes.

La decisión produjo un resultado inmediato y espectacular.

Tres jonrones, cinco carreras impulsadas y una victoria por 8-4 convirtieron al prospecto en protagonista de una jornada histórica.

Naturalmente, un solo partido no permite determinar qué tipo de carrera tendrá Báez en las Grandes Ligas. El salto desde Triple A implica nuevos ajustes, y su elevada tasa de ponches demuestra que todavía existen aspectos por perfeccionar.

Pero su debut sí confirma algo que San Luis ha visto durante años: el poder está ahí.

Ahora el desafío será convertir esa fuerza extraordinaria en una producción sostenible en las Grandes Ligas, mientras mantiene la velocidad que le permitió robar 54 bases en 2025 y 21 más en Triple A esta temporada.

Cinco años después de aquella promesa realizada en el Busch Stadium, Joshua Báez finalmente llegó al Gran Circo. Y lo hizo de la manera más contundente posible: escribiendo una página que ningún debutante había escrito en 150 años de Grandes Ligas.