Juan Soto llegó a los Mets de Nueva York con el contrato más grande en la historia del béisbol — $765 millones — y la expectativa de ser el motor ofensivo que llevaría a Queens a la gloria. Lo que entregó en la gira por el oeste fue exactamente lo contrario.
El dominicano cerró los nueve partidos del viaje con una línea de 4-33 y promedio de .121 — apenas un jonrón en todo el trayecto. Una sequía que, combinada con la derrota 5-1 ante los Diamondbacks de Arizona este domingo, dejó a los Mets con más preguntas que respuestas y un preocupante récord de 15-25.
El partido que resumió todo lo malo
En Arizona, Soto fue 0-3 con una base por bolas — incapaz de conectar en los momentos en que el equipo más lo necesitaba. En el sexto inning, con hombres en posición de anotar y el marcador 2-1, Soto y Bo Bichette no pudieron dar el golpe de gracia. La oportunidad se evaporó y con ella las esperanzas de los Mets.
El zurdo Eduardo Rodríguez fue el verdugo. El dominicano de los Diamondbacks coqueteó con un partido sin hits hasta la sexta entrada y terminó laborando 8.1 episodios con apenas cuatro imparables y una carrera limpia. Sus cambios de velocidad desconcertaron a los bateadores de Nueva York durante toda la tarde.
“Perseguimos lanzamientos”, reconoció el mánager Carlos Mendoza tras el partido. “El equipo no hizo los ajustes necesarios ante los envíos de Rodríguez, especialmente con su cambio de velocidad.”
Los errores que hundieron el barco
Al silencio ofensivo se sumó una tarde para el olvido con el guante de Andy Ibáñez. El antesalista cometió dos costosos errores de tiro que abrieron las puertas a la debacle.
El segundo fue particularmente doloroso en la sexta entrada, permitiendo que Arizona fabricara tres carreras sucias que ampliaron la ventaja a un inalcanzable 5-1. Ni el abridor Huáscar Brazobán — quien sufrió para encontrar la zona y fue el lanzador perdedor — ni el relevo de David Peterson pudieron contener el daño derivado de las pifias defensivas.
Ketel Marte puso las cifras definitivas con un triple remolcador que cerró el marcador.
La gira: 5-4 y un sabor amargo
Los Mets terminaron la gira por el oeste con récord de 5-4 — un balance que en papel no es catastrófico, pero que en contexto resulta insuficiente para un equipo con las aspiraciones y el presupuesto de Nueva York.
El problema más urgente es la producción de Soto. El dominicano llegó a esta gira como la gran esperanza ofensiva y la cerró con .121 de promedio — un número que, para el jugador mejor pagado de la historia del béisbol, es simplemente inaceptable.
¿Qué le pasa a Soto?
La pregunta que todos en Queens se hacen no tiene una respuesta simple. Soto viene de una lesión en la pantorrilla que lo tuvo en la lista de lesionados en abril, y su antebrazo también ha generado preocupación. Cuando regresó, mostró destellos — incluyendo un jonrón y dos asistencias ante Washington — pero la consistencia no ha llegado.
Las métricas avanzadas de Soto siguen siendo sólidas en cuanto a disciplina en el plato — su OBP se mantiene por encima de .350 gracias a las bases por bolas. Pero el poder y el contacto que justifican su contrato histórico todavía no aparecen con la regularidad que los Mets necesitan.
Mendoza sigue teniendo el respaldo de la directiva. Pero con 15-25 en el récord y Soto bateando .121 en nueve partidos, las preguntas sobre el futuro de ambos en Nueva York van a seguir creciendo.