Hay decisiones en el béisbol dominicano que se explican con estadísticas. Y hay otras que solo se entienden leyendo entre líneas.
La decisión de Robinson Canó de firmar con los Tomateros de Culiacán de la Liga Mexicana del Pacífico — en lugar de regresar a las Estrellas Orientales de San Pedro de Macorís, su equipo de toda la vida — es, oficialmente, una cuestión de dinero y oportunidad. Así lo presentan los comunicados. Así lo repiten las fuentes.
Pero hay una pregunta que el béisbol dominicano no ha querido hacerse en voz alta: ¿tiene algo que ver Albert Pujols en todo esto?
El capitán de la patria: un legado que va más allá del swing
Para entender por qué esta historia duele, hay que entender primero lo que Robinson Canó representa para el béisbol dominicano. No es solo un pelotero. Es una institución.
Canó es el heredero de una tradición que comenzó con Miguel Tejada — el shortstop de Bani que se convirtió en el símbolo de una generación, que jugó con la camiseta dominicana con una entrega que trascendía cualquier contrato. Tejada era el pelotero de la patria. El que nunca decía que no cuando el país lo llamaba. El que lloraba con el himno y peleaba cada turno al bate como si fuera el último.
Canó tomó ese relevo. Y lo llevó con dignidad durante más de una década.
Su historial con la selección dominicana es el de un soldado:
- Clásico Mundial 2006 — Parte del primer gran “Trabuco” dominicano que sacudió al mundo del béisbol internacional
- Clásico Mundial 2009 — Otra participación con la selección, consolidándose como figura del equipo
- Clásico Mundial 2013 — República Dominicana gana el título invicta. Canó es parte del equipo más dominante en la historia del torneo — el que barrió a todos sus rivales sin perder un solo partido
- Clásico Mundial 2017 — Sigue respondiendo al llamado de la patria
- Clásico Mundial 2023 — A los 40 años, el manager Rodney Linares lo designa capitán oficial del equipo. La “C” en su camiseta no era solo un símbolo deportivo — era el reconocimiento de toda una carrera al servicio de la bandera dominicana
“El capitán del equipo sigue siendo Robinson Canó”, dijo Linares en febrero de 2023. Una frase que resumía décadas de entrega.
Y no solo el Clásico. Canó también respondió al llamado de la Serie del Caribe — el torneo que para los dominicanos tiene un sabor especial, porque es béisbol de invierno, béisbol de barrio, béisbol de la gente. En enero de 2025, cuando le preguntaron por qué iba a la Serie del Caribe con las Estrellas, su respuesta fue simple y directa:
“Voy para la Serie del Caribe porque me invitaron.”
Sin condiciones. Sin negociaciones largas. Sin excusas. Cuando el país llama, Canó va.
Eso es lo que lo convierte en un pelotero de la patria. No el swing — aunque ese swing sea uno de los más hermosos que el béisbol ha visto. Sino la disposición. La entrega. La identidad.
El momento que cambió todo: diciembre de 2025
Todo comenzó en las Reuniones Invernales de la MLB de diciembre de 2025. Pujols, en su rol de manager de la selección dominicana para el Clásico Mundial de Béisbol 2026, fue directo cuando le preguntaron por Canó:
“Nosotros no nos vamos a llevar unos peloteros…” — y el nombre de Robinson Canó quedó fuera de la conversación.
Según el portal Séptima Entrada, que cubrió el evento, Pujols confirmó que tanto Robinson Canó como Emilio Bonifacio quedarían fuera del roster dominicano para el Clásico Mundial. La razón pública: el equipo apostaba por una generación diferente, con jugadores activos en las Grandes Ligas en el centro de la propuesta.
La decisión era comprensible desde el punto de vista técnico. Canó tiene 43 años y lleva años fuera de la MLB. Pero la manera en que se comunicó — sin el reconocimiento que muchos esperaban para el capitán histórico de la selección, el hombre que llevó la “C” en el pecho en 2023 — dejó una herida que nadie ha querido medir.
Porque no es lo mismo decir “el equipo va en otra dirección” que decir que un jugador “no cabe”. La diferencia entre esas dos frases es el respeto. Y en el béisbol dominicano, el respeto lo es todo.
La exclusión del Clásico Mundial
En febrero de 2026, el roster oficial de República Dominicana para el Clásico Mundial fue publicado. Canó no estaba. El equipo tenía a Juan Soto, Vladimir Guerrero Jr., Fernando Tatis Jr., Sandy Alcántara y Cristopher Sánchez — una generación brillante que no necesitaba mirar atrás.
Pero Robinson Canó no es cualquier jugador. Es el hombre que durante años fue el capitán de la selección. El símbolo de San Pedro de Macorís en el escenario más grande del béisbol. El intermedista que conectó más de 2,600 hits en las Grandes Ligas y que sigue bateando a niveles de élite en México — donde en 2024 fue campeón de bateo con .431 y MVP de la liga.
Quedarse fuera del Clásico Mundial sin una despedida digna es un golpe que los grandes jugadores no olvidan fácilmente. Y Canó no es un jugador cualquiera — es el último gran representante de una generación que llevó a República Dominicana a la cima del béisbol internacional.
Pujols llega a las Estrellas — y Canó se va a México
Aquí está el nudo de la historia.
Tras el Clásico Mundial — donde República Dominicana cayó en semifinales ante Estados Unidos y Pujols dejó el mando de la selección — el legendario primera base asumió un nuevo rol: presidente de operaciones de béisbol de las Estrellas Orientales.
El mismo equipo que es el hogar de Robinson Canó. El equipo de San Pedro de Macorís. El equipo donde Canó jugó ocho temporadas y donde siempre fue recibido como el hijo pródigo de la ciudad.
Pujols, en declaraciones a RCC Noticias del 20 de mayo de 2026, confirmó que las Estrellas le hicieron una oferta económica a Canó y que el interés del club era real. Pero Canó no respondió. Y cuando llegó la noticia, fue desde Culiacán, México.
Los Tomateros lo convencieron reuniéndolo con el manager Lorenzo Bundy — con quien ganó dos títulos consecutivos en la Liga Mexicana — y con el infielder Ramiro Peña, su excompañero en los Yankees campeones de 2009.
Aquí aparece la interrogante: ¿está herido Canó por las declaraciones de Pujols para el Clásico Mundial 2026? ¿Fue el orgullo herido más fuerte que el amor a San Pedro?
La pregunta que nadie hace
¿Puede un jugador de la talla de Canó sentirse cómodo en un equipo donde el hombre que lo dejó fuera del Clásico Mundial — sin el reconocimiento que su carrera merecía — ahora toma las decisiones?
No hay declaraciones de Canó que confirmen un conflicto. No hay fuentes que hablen de una ruptura. Periodísticamente, la honestidad obliga a decirlo: esto es especulación basada en hechos verificados, no en confirmaciones directas.
Pero el béisbol dominicano es un mundo pequeño. Las palabras de diciembre de 2025 llegaron a todos los rincones de la isla. Y cuando el capitán histórico de la selección — el hombre que nunca dijo que no cuando el país lo llamó, que fue a la Serie del Caribe “porque me invitaron”, que llevó la “C” en el pecho a los 40 años — decide irse a México en lugar de regresar a su equipo de toda la vida, la pregunta es inevitable.
¿Es el dinero? Posiblemente.
¿Es la comodidad de México, donde ha sido tratado como leyenda? También.
¿Tiene algo que ver la presencia de Pujols en las Estrellas? Nadie lo ha dicho. Pero nadie tampoco lo ha descartado.
Dos leyendas, dos visiones del béisbol dominicano
Lo que sí es claro es que Pujols y Canó representan dos maneras distintas de entender el béisbol dominicano en este momento.
Pujols apostó por la renovación — por la generación de Soto, Tatis y Guerrero. Una visión de futuro que tiene toda la lógica del mundo, pero que dejó a un lado a figuras que todavía tienen béisbol en las piernas y que dieron todo por la bandera.
Canó, por su parte, sigue jugando. Sigue bateando. Sigue ganando. Y eligió hacerlo en un lugar donde se siente valorado — aunque ese lugar no sea San Pedro de Macorís.
El vacío que deja en la ciudad
Para los fanáticos de las Estrellas Orientales, la ausencia de Canó es más que deportiva. Es cultural. Robinson Canó es San Pedro de Macorís en el béisbol mundial — la ciudad que más peloteros de Grandes Ligas ha producido per cápita en la historia del deporte.
Verlo jugar en Culiacán en lugar de en el estadio Tetelo Vargas es una imagen que duele. Y si detrás de esa imagen hay una historia de orgullo herido, de palabras que no se olvidan y de decisiones que se toman en silencio — bueno, eso es el béisbol dominicano también.
Como Miguel Tejada antes que él, Canó fue el pelotero de la patria. El que siempre respondió. El que nunca puso condiciones. Y si hoy está en México en lugar de en su tierra, quizás la pregunta no es por qué Canó se fue — sino por qué no se quedó.
La pelota siempre ha sido más que un deporte en esta isla. Y a veces, las historias más importantes son las que nadie quiere contar en voz alta.
Este artículo plantea interrogantes periodísticas basadas en hecho verificados y declaraciones públicas. Las interrogantes planteadas son especulativas y no implican confirmación de conflicto personal entre Robinson Canó y Albert Pujols.