Durante décadas, el campocorto fue uno de los puestos más especiales del béisbol. Allí se reunían algunas de las mayores expresiones de atletismo, velocidad y capacidad defensiva de las Grandes Ligas. Pero en 2026 esa imagen parece estar cambiando.

La posición atraviesa una combinación poco habitual de lesiones, envejecimiento, bajo rendimiento ofensivo y retrocesos defensivos, mientras varias organizaciones están tomando decisiones que hace unos años habrían parecido mucho más arriesgadas: desplazar a veteranos consolidados y entregar el puesto a jugadores jóvenes.

Los números ayudan a dimensionar el fenómeno. Los campocortos están bateando colectivamente para .244, el promedio más bajo para la posición desde 1975. Además, su OPS+ de 95 solamente supera al de los receptores, que presentan 91, como la peor producción ofensiva entre las posiciones del terreno.

Pero quizá el dato más llamativo está relacionado con la edad.

Ningún campocorto calificado de 30 años o más está teniendo en 2026 una temporada ofensivamente promedio, es decir, con un OPS+ de al menos 100. Es apenas la tercera ocasión en los últimos 25 años que ocurre algo semejante, después de 2013 y 2019.

El contraste con 2025 es enorme. La temporada pasada hubo ocho campocortos treintañeros que produjeron a un nivel considerado bueno. Un año después, prácticamente todos han sufrido algún tipo de retroceso.

El declive de una generación

Mookie Betts es posiblemente el ejemplo más sorprendente.

El jugador de los Dodgers, de 33 años, se ha perdido 37 partidos y está teniendo las peores temporadas de su carrera en promedio de bateo, porcentaje de embasarse y OPS: .236, .292 y .701, respectivamente.

Lo más llamativo es que el problema no parece limitarse a una disminución general de su producción. Betts está bateando apenas .178 contra rectas de cuatro costuras, un tipo de lanzamiento que históricamente no había representado semejante problema para él.

Xander Bogaerts, de los Padres, batea .221, también la peor cifra de su carrera. Su estrategia ofensiva ha evolucionado hacia una mayor agresividad contra la velocidad, pero eso lo ha hecho más vulnerable frente a los lanzamientos que no son rectas.

Otros casos tienen un componente físico todavía más evidente.

Carlos Correa ya abandonó el campocorto para jugar tercera base y solamente ha disputado 32 partidos después de sufrir una lesión en un tendón del tobillo.

Francisco Lindor ha participado en apenas 66 encuentros y presenta una combinación preocupante para un jugador cuyo valor depende en buena medida de su atletismo: .244 de promedio, apenas tres bases robadas y la velocidad de sprint más baja de su carrera.

Trevor Story, por su parte, solamente ha jugado 41 partidos y batea .206.

El deterioro tampoco se limita a los jugadores que han sufrido lesiones importantes. Dansby Swanson registra las peores marcas de su carrera en promedio (.216) y porcentaje de embasarse (.300), mientras continúa teniendo enormes dificultades contra lanzamientos que no son rectas.

Y Trea Turner, uno de los jugadores más veloces y dinámicos de su generación, presenta también los peores registros de una temporada completa de su carrera en promedio (.247) y OBP (.298), además de haber experimentado un retroceso defensivo que vuelve a alimentar la posibilidad de trasladarlo al jardín.

La juventud está ganando la batalla

El resultado de esta transformación está provocando algo todavía más significativo: los equipos están dejando de esperar a los veteranos y están apostando por jóvenes.

Los Yankees promovieron a George Lombard Jr. después de apartarse de Anthony Volpe y José Caballero. Los Braves cuentan con Jim Jarvis, los Tigers con Kevin McGonigle y los Brewers contemplan a Cooper Pratt cuando esté saludable.

Otros equipos también están considerando alternativas jóvenes, entre ellos los Nationals con Seaver King y los Red Sox con Franklin Arias.

Incluso los Mariners habían recurrido a Colt Emerson antes de que una lesión lo enviara a la lista de lesionados.

No se trata necesariamente de una apuesta irresponsable. La historia demuestra que los equipos que se atreven a colocar jóvenes talentosos en una posición tan exigente pueden obtener enormes recompensas. Kevin Elster, Brandon Crawford, Andrelton Simmons, Carlos Correa y Corey Seager son ejemplos de jugadores que recibieron oportunidades tempranas y terminaron convirtiéndose en piezas importantes.

La razón es sencilla: el campocorto exige habilidades que tienden a deteriorarse con la edad.

El puesto tradicionalmente ha favorecido a los jugadores jóvenes porque requiere velocidad lateral, alcance, coordinación, explosividad y capacidad para cubrir grandes espacios. Aunque el bate ha adquirido cada vez más importancia, la defensa continúa siendo una parte esencial del valor de un campocorto.

Y allí aparece una conclusión importante para la construcción de los equipos.

El mercado también puede estar cambiando

Los contratos largos para jugadores de cuadro medio comienzan a presentar un riesgo cada vez más evidente cuando esos jugadores entran en la treintena.

Un contrato puede parecer excelente cuando se firma con un campocorto de 26 o 27 años que combina ofensiva, defensa y velocidad. Pero esas características no necesariamente permanecen intactas durante la segunda mitad de un acuerdo de ocho, nueve o diez años.

La temporada de 2026 está funcionando como una advertencia.

El problema no es simplemente que varios veteranos estén jugando mal simultáneamente. Es que las características que hicieron de ellos campocortos de élite —velocidad, alcance y capacidad para sostener el rendimiento defensivo— son precisamente algunas de las más susceptibles al envejecimiento.

Por eso la posición parece estar entrando en una nueva etapa.

El campocorto ya no es necesariamente el territorio protegido de las grandes estrellas veteranas. Los equipos están descubriendo que, en una posición donde el atletismo importa tanto, el talento joven puede ser más valioso que la experiencia acumulada.

Y mientras Betts, Bogaerts, Lindor, Story, Swanson y Turner intentan recuperar parte de lo que los convirtió en referentes, una nueva generación está esperando su oportunidad.

El brillo del campocorto no ha desaparecido. Simplemente está cambiando de manos.