El mercado de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM) se encuentra bajo la lupa tras cuestionarse públicamente las altas sumas que devengan ciertas figuras históricas en el tramo final de sus carreras. En el centro de la tormenta se ubica el experimentado intermedista Robinson Canó, abriendo un agrio debate en la crónica especializada sobre si su rendimiento actual en el terreno justifica un salario estimado de 3.5 millones de pesos mensuales, o si las organizaciones se están dejando llevar puramente por el peso de su nombre.
La mesa de análisis de Curvas Deportivas criticó la postura de un sector de la prensa que prefiere “ser amiga de los peloteros” en lugar de plantear las interrogantes incómodas que exige el negocio de la pelota invernal.
El factor rendimiento: La comparación con Raimel Tapia
Uno de los argumentos más sólidos puestos sobre la mesa es la disonancia entre lo que percibe Canó por “mantener una imagen” y lo que aportan otros jugadores nativos en plenitud de condiciones.
Al trazar un paralelo con figuras de la liga como Raimel Tapia, los analistas señalan que existen peloteros que garantizan un rendimiento superior a lo largo de los tres meses de torneo, entregándose al máximo en cada jugada:
Entrega constante: Jugadores que corren las bases, se tiran de cabeza y producen de manera consistente en el Lineup.
Costo-Beneficio: Cuestionan el valor real de otorgar contratos astronómicos a veteranos por encima de atletas que se encuentran en el día a día batallando por el campeonato.
“Le hizo trampa al deporte que lo hizo millonario”
Más allá de las sábanas de estadísticas y las finanzas de los clubes de LIDOM, el debate adquiere un tinte moral que, según los expertos, la generación actual suele pasar por alto. Robinson Canó dio positivo en dos ocasiones al uso de sustancias para mejorar el rendimiento (esteroides) en las Grandes Ligas, una acción catalogada directamente como un intento de trampa contra la Major League Baseball (MLB).
Las suspensiones del infielder estuvieron rodeadas de tecnicismos médicos, puesto que los laboratorios detectaron el uso de un diurético comúnmente empleado como sustancia enmascaradora para limpiar los residuos de anabólicos en el organismo.
“Nelson Cruz lo hizo una vez. ¿Qué pasó con Nelson Cruz? Lo respetamos todos. Pidió perdón y jamás nadie lo señaló con eso. Rectificó, pero él (Canó) volvió y repitió el taco y dañó su carrera hacia Cooperstown, que es el dolor que yo como dominicano tengo por hacer trampas sin tener necesidad”, sentenció con dureza el panel de cronistas.
La gran tragedia que rodea el legado de Canó es que se trataba de un pelotero súper dotado que poseía las herramientas naturales para finalizar con números envidiables y asegurar una placa directa en el Salón de la Fama al momento de su retiro. Al reincidir en el uso de sustancias prohibidas, sepultó su inmortalidad en el béisbol organizado de los Estados Unidos, dejando una sombra que hoy empaña su valor de mercado e impacto ético en la pelota de la República Dominicana.