Jacob Misiorowski está construyendo una temporada que, por la combinación de prevención de carreras y capacidad para generar ponches, comienza a entrar en un territorio estadístico reservado para los mejores lanzadores de la era moderna. El derecho de los Milwaukee Brewers no solo está impresionando por la velocidad con la que lanza la pelota, sino también por la manera en que ha convertido sus herramientas de poder en resultados excepcionalmente difíciles de sostener para los bateadores.
Con la temporada regular acercándose a sus últimos 30 partidos, Misiorowski llega a ese tramo con el tanque aparentemente lleno. Parte del mérito corresponde al manejo que los Brewers han hecho de su carga de trabajo. El equipo apenas lo utilizó tres veces con cuatro días de descanso, todas antes del Juego de Estrellas, y solo en tres ocasiones le permitió alcanzar los 100 lanzamientos. Su máximo fue de 107 pitcheos.
También ha sido importante el trabajo físico realizado durante la temporada baja. Misiorowski aumentó fuerza y masa en sus piernas, un proceso que, de acuerdo con el análisis de Tom Verducci, está ayudando a sostener su rendimiento durante la campaña.
Pero existe otro aspecto menos evidente que puede resultar todavía más importante: su capacidad para modular la velocidad.
Una recta que llega a velocidades extraordinarias
Misiorowski, de 6 pies y 7 pulgadas, tiene una característica física que potencia todavía más su repertorio. Su punto de liberación se produce aproximadamente 7,5 pies por delante de la goma, lo que genera una velocidad percibida promedio de 103 mph. Su récord de velocidad percibida alcanza las 107.8 mph, una cifra extraordinaria incluso dentro de una época caracterizada por el aumento de la velocidad.
Sin embargo, el derecho no utiliza siempre el máximo de potencia.
Cuando no tiene strikes, su recta promedia 100.3 mph y los rivales batean .353 contra ella. Con un strike, sube ligeramente a 100.5 mph y permite un promedio de .278. Con dos strikes, alcanza las 101.2 mph y el promedio de los bateadores cae hasta .201.
La diferencia muestra cómo administra su arsenal: guarda una parte de su velocidad máxima para los momentos en los que necesita terminar el turno.
Un ritmo de ponches que supera incluso a Pedro Martínez
La dimensión histórica de la campaña aparece al comparar sus números con temporadas sobresalientes de la era de la pelota viva.
Misiorowski está en camino de convertirse en el primer lanzador con al menos 24 aperturas, una efectividad inferior a 2.00 y 12 o más ponches por cada nueve entradas. Actualmente registra un ritmo de 13.4 K/9.
Ese registro estaría por encima de algunas de las temporadas más dominantes de las últimas décadas. En esta comparación, Pedro Martínez aparece segundo con sus 11.8 K/9 de 2000, una campaña considerada histórica; le siguen el propio Martínez con 11.4 en 1997, Jacob deGrom con 11.2 en 2018 y Blake Snell con 11.0 en 2018.
En términos de relación entre ponches y bases por bolas, la temporada de Misiorowski también ocupa un lugar destacado. Su K/BB de 6.55 lo sitúa cuarto entre los lanzadores de la era de la pelota viva con efectividad inferior a 2.00 y al menos 24 aperturas. Solo lo superan Pedro Martínez en 2000 (8.88), Greg Maddux en 1995 (7.87) y Clayton Kershaw en 2014 (7.71). Justin Verlander, en 2022, aparece detrás con 6.38.
Los zurdos prácticamente no encuentran respuestas
El dominio de Misiorowski adquiere otra dimensión cuando se observa su rendimiento frente a bateadores zurdos. Según los datos presentados, los zurdos le batean apenas .117, una cifra que sería la más baja registrada bajo el mínimo de 300 bateadores enfrentados.
Su recta elevada también se ha convertido en una de sus armas más difíciles de atacar. Ha realizado 578 lanzamientos altos, definidos como rectas ubicadas a tres pies o más del suelo. Los bateadores han conectado apenas 11 hits contra esos envíos para un promedio de .104, y únicamente uno de esos imparables fue extrabase: un doble.
Incluso cuando los bateadores tienen más oportunidades de observarlo, Misiorowski no pierde efectividad. En su tercera exposición dentro de un mismo partido, los rivales batean .126, la segunda mejor marca registrada, únicamente detrás del .121 de Blake Snell en 2023.
La situación se vuelve todavía más llamativa con corredores en posición de anotar: contra su recta, los bateadores presentan un promedio de apenas .063, producto de dos hits en 32 turnos.
Cavalli también emerge en Washington
El análisis de Verducci también destaca a Cade Cavalli, derecho de los Washington Nationals, como uno de los brazos que han dado un salto importante esta temporada.
A los 28 años, Cavalli finalmente está disfrutando de una temporada saludable y ha registrado 27 aperturas, efectividad de 3.22 y récord de 11-5. Es, junto con Sandy Alcantara, uno de los dos lanzadores que han iniciado 28 partidos en la temporada mencionada por el artículo.
Su repertorio incluye tres rectas que se sitúan entre 93 y 98 mph, dos lanzamientos rompientes ubicados en el percentil 97 en valor de carreras y un cambio de velocidad utilizado para mantener controlados a los bateadores zurdos. Además, viene de dos aperturas consecutivas sin permitir carreras y con cifras de dos dígitos en ponches.
Su evolución también es producto de aprender de los problemas que sufrió durante sus primeros años como profesional. Cavalli, antiguo seleccionado de primera ronda procedente de Oklahoma, sufrió una lesión en el codo mientras intentaba desarrollar características como velocidad y quiebre vertical que se habían convertido en objetivos centrales de la preparación moderna de lanzadores.
Después modificó su enfoque. Como supinador natural, volvió hacia una posición más cercana a su mecánica natural, generando una combinación de movimiento cortado y ascendente en la recta y mayor calidad de giro en sus rompientes. También abandonó el windup con las manos por encima de la cabeza y adoptó una variante desde la posición de estiramiento, con las manos a la altura del cinturón.
Las lesiones limitaron a Cavalli a apenas 355 entradas entre 2020 y 2025, pero ahora su salud y su adaptación mecánica le están permitiendo mostrar un repertorio que apunta al nivel de un abridor de primera línea.
Mientras Cavalli representa la historia de un brazo que finalmente encuentra la fórmula después de años de obstáculos, Misiorowski está escribiendo una completamente diferente: la de un lanzador joven que combina una velocidad fuera de lo común con una eficiencia estadística que, si consigue mantenerla durante el cierre de la campaña, podría colocar su nombre junto al de algunas de las temporadas de pitcheo más extraordinarias de las últimas décadas.