El swing que detuvo el tiempo

13 de octubre de 1960. Forbes Field, Pittsburgh. Fondo del noveno inning, Juego 7 de la Serie Mundial. Empate 9-9 en un partido absolutamente delirante. Bill Mazeroski se paró en el plato como primer bateador del inning, con el conteo en una bola y cero strikes, y conectó un línea hacia el jardín izquierdo que superó la barda.

Juego terminado. Serie terminada. Temporada terminada. Con un solo swing.

Fue la primera vez que una temporada de Grandes Ligas terminó con un jonrón, y sigue siendo el único walk-off home run que definió un Juego 7 de Serie Mundial en toda la historia del béisbol. El lanzador víctima fue Ralph Terry, de los Yankees.

Lo más increíble: esos Yankees de 1960 superaron a los Pirates 55 carreras a 27 en toda la serie. Bobby Richardson, segunda base de Nueva York, ganó el premio al Jugador Más Valioso… en un equipo perdedor. Pero Pittsburgh tenía a Maz, y Maz tenía ese swing.

Mucho más que un home run

Sería injusto reducir a Mazeroski a un solo batazo, por más legendario que sea. Quienes lo vieron jugar saben que “Maz” fue, ante todo, el mejor segunda base defensivo de su época y uno de los mejores de la historia.

Los números hablan por sí solos:

Logro Detalle
Gold Glove Awards 8 (récord para un segunda base en su momento)
Selecciones All-Star 7
Doble plays completados Líder histórico de MLB como segunda base
Temporadas con Pittsburgh 17 (1956-1972)
Juegos disputados 2.163
Promedio de bateo .260
Jonrones 138
WAR acumulado 30.9

Mazeroski es el líder absoluto en doble plays completados como segunda base en la historia de las Grandes Ligas, un récord que se mantiene vigente más de medio siglo después de su retiro. No por nada lo apodaban “The Glove”: sus manos eran mágicas para convertir rodados en outs dobles con una fluidez que parecía coreografiada.

Un Pirata de por vida

William Stanley Mazeroski nació el 5 de septiembre de 1936 en Wheeling, Virginia Occidental. Llegó a Pittsburgh en 1956, con apenas 19 años, y nunca se fue. 17 temporadas con la misma camiseta, algo cada vez más raro en el béisbol moderno.

Fue parte central de aquellos Pirates campeones de 1960 y siguió siendo pilar del equipo durante toda la década del ’60, aunque el club no volvería a ganar la Serie Mundial hasta 1971, cuando Roberto Clemente lideró la conquista.

Tras colgar los spikes en 1972, Mazeroski se mantuvo ligado a los Pirates como instructor y embajador del club. Su número 9 fue retirado por la franquicia, y una estatua suya —recreando el momento exacto del swing de 1960— se erige frente al PNC Park.

El Salón de la Fama, la reivindicación tardía

A pesar de su brillante carrera defensiva y del momento más icónico en la historia de la Serie Mundial, Mazeroski tuvo que esperar 29 años para entrar al Salón de la Fama de Cooperstown. Fue elegido recién en 2001 por el Comité de Veteranos, en lo que muchos consideraron una reivindicación largamente merecida.

El Baseball Hall of Fame lo describe así: “Aunque es famoso por su jonrón del Juego 7 en la Serie Mundial de 1960, Bill Mazeroski fue la encarnación de la defensa estelar”.

Su caso abrió un debate que sigue vigente: ¿puede un jugador cuyo valor principal fue defensivo merecer Cooperstown? La respuesta, al menos para Maz, fue un rotundo sí.

El legado de Maz

Los Pittsburgh Pirates anunciaron su fallecimiento el viernes 21 de febrero, informando que Mazeroski había muerto el día anterior, jueves 20, a los 89 años.

Se va un hombre que representó todo lo que el béisbol valora: lealtad a una camiseta, excelencia en los fundamentos, humildad fuera del campo y la capacidad de brillar cuando más importa. En una era de analítica avanzada y contratos multimillonarios, Mazeroski era un recordatorio de que el béisbol, en su esencia, se reduce a momentos.

Y el suyo —ese swing en Forbes Field, esa pelota volando hacia la izquierda, esa carrera desenfrenada por las bases mientras Pittsburgh enloquecía— fue, quizás, el momento más grande que el béisbol haya visto jamás.

Descanse en paz, Maz.