En los colmados de Villa Consuelo y las bancas de Santiago, el debate está encendido: ¿Qué pasó con esos cerradores que ponían a temblar al rival apenas sonaba su música de entrada? La temporada 2026 ha arrancado con una estadística que deja a cualquiera en shock: 86 lanzadores diferentes han salvado al menos un juego en apenas 23 partidos. ¡Un verdadero desorden!
La analítica vs. El corazón: El adiós a Mariano
Hubo un tiempo donde Mariano Rivera era ley. El panameño acumuló 652 salvamentos tirando casi exclusivamente el noveno inning. Pero hoy, según ejecutivos de la Liga Americana, Mariano quizás ni tendría ese récord. ¿La razón? Las famosas “tarjetas de emparejamiento” (matchups).
Ahora, los mánagers prefieren quemar a su mejor brazo en el octavo inning si ahí es donde batean los “pesados” del equipo contrario (como un Aaron Judge o un Juan Soto), dejando el noveno para cualquiera que pueda sacar tres outs contra la cola del lineup. “El fanático que llevo dentro no lo acepta, pero la estrategia dice que esto gana juegos”, confesó un ejecutivo.
Dominicanos en la mezcla: ¿Y Aroldis Chapman?
De los 30 equipos, solo seis (incluyendo a San Diego con Mason Miller y Pittsburgh con David Bednar) mantienen la mentalidad tradicional. El resto es una tómbola. El caso de Aroldis Chapman es emblemático: el “Misil Cubano” es de los pocos que todavía exige el noveno inning como cuestión de orgullo. Para él, y para muchos de nuestros relevistas criollos, el noveno tiene una mística que la analítica no puede medir.
El factor “cuarto frío” (Arbitraje Salarial)
Aquí es donde la cosa se pone fea. En las oficinas de la MLB saben que los jugadores quieren “salvados” porque eso significa más dinero en el arbitraje. Pero la cultura está cambiando a la mala. Ahora se le dice al pelotero: “Sacar a los tres mejores bates en el octavo vale más que cerrar el juego”.
Para el fanático dominicano, que vive de la intensidad de ese último out, ver a 17 pitchers diferentes salvando juegos en un solo equipo (como hicieron los Diamondbacks recientemente) le quita “grasa” al espectáculo. Ya no hay un villano o un héroe fijo para el final del mambo.
No obstante, en lo personal, no estoy en romance sino en ganar. Al final de todo, el poder es para usarlo. La tecnología nos provee precisamente de ello, y al final solo lo será terquedad resistirse a la evolución de las cosas.
La pregunta queda en el aire: ¿Estamos preparados para un béisbol sin ídolos en el noveno inning? Si la tendencia sigue, el “Closer” será pronto un recuerdo de abuelos, como el toque de bola o las dobles cartillas. ¡El béisbol moderno no tiene sentimientos, solo hojas de cálculo!, exclamarán algunos.