Hay actuaciones que se explican con estadísticas y otras que necesitan imágenes para comprender realmente su dimensión. La noche de Fernando Tatis Jr. en Citi Field pertenece claramente al segundo grupo.
El dominicano lideró la victoria 5-2 de los San Diego Padres sobre los New York Mets con una combinación extraordinaria de poder ofensivo y capacidad defensiva. Conectó dos cuadrangulares, produjo tres carreras y, sobre todo, protagonizó una atrapada espectacular que evitó un posible grand slam de Francisco Lindor.
El escenario hizo que todo adquiriera todavía más significado.
Tatis regresó a Nueva York, una ciudad que forma parte de su historia familiar. Cuando tenía apenas 10 años, su padre jugaba para los Mets y el pequeño Fernando vivía cerca del lugar donde practicaba sus saltos utilizando una pared como improvisado laboratorio para perfeccionar sus atrapadas.
Casi dos décadas después, volvió al mismo entorno y protagonizó una de las noches más memorables de su carrera.
El primer lanzamiento ya anunciaba el espectáculo
Tatis abrió el partido como primer bateador y necesitó exactamente un lanzamiento para comenzar a escribir la historia.
El jardinero derecho conectó un cuadrangular de 452 pies, proyectado por Statcast, que puso a los Padres delante 1-0.
No fue simplemente otro jonrón.
El batazo convirtió a Tatis en el único jugador de las Grandes Ligas esta temporada con cuatro cuadrangulares de al menos 450 pies.
La estadística resulta todavía más llamativa considerando que el dominicano no había conectado su primer jonrón de la campaña hasta el 30 de mayo.
Su temporada, por tanto, ha tenido una evolución peculiar: comenzó esperando mucho tiempo por su primer cuadrangular y ahora acumula una colección de batazos de una distancia extraordinaria.
Pero el verdadero espectáculo apenas comenzaba.
Una atrapada que cambió el partido
En la segunda entrada llegó la jugada que probablemente quedará como la imagen de la noche.
Los Mets tenían las bases llenas, dos outs y una oportunidad enorme para cambiar completamente el partido. Francisco Lindor conectó una pelota hacia el jardín derecho que tenía posibilidades reales de convertirse en un grand slam.
Tatis salió disparado hacia la zona de la cerca.
El dominicano llegó hasta la marca de los 330 pies, saltó y extendió el guante por encima de la barda.
La pelota terminó dentro de su guante.
Grand slam evitado.
La jugada tuvo además un componente teatral difícil de ignorar: la gorra de Tatis salió despedida durante el salto y, después de completar la atrapada, el dominicano sacó la pelota del guante para mostrarla al estadio.
Fue una demostración de las condiciones atléticas que lo han convertido en uno de los jardineros más espectaculares del béisbol.
Y también fue una jugada de enorme valor competitivo.
En lugar de cuatro carreras para Nueva York, los Mets se fueron de la entrada sin producir.
Después llegó el segundo jonrón
Tatis todavía tenía más.
En la quinta entrada volvió a castigar al pitcheo de los Mets, esta vez con un cuadrangular hacia la banda contraria que amplió la ventaja de San Diego a 3-0.
La ofensiva de los Padres terminó haciendo suficiente daño para sostener la ventaja y llevarse una victoria importante por 5-2.
Tatis concluyó el encuentro de 5-2, con tres carreras impulsadas y dos anotadas, mientras Manny Machado también tuvo una noche productiva al batear de 4-3, con una carrera anotada, una impulsada y un boleto.
El dominicano llegó así a 15 cuadrangulares en la temporada.
La dimensión de Tatis va más allá del jonrón
Lo extraordinario de esta actuación es que no depende de una sola herramienta.
Tatis puede cambiar un partido con el bate, pero también hacerlo con su velocidad, su alcance defensivo y su capacidad para generar jugadas que pocos jugadores pueden intentar.
En esta ocasión utilizó prácticamente todo su repertorio.
Un jonrón de 452 pies para comenzar el partido.
Una atrapada sobre la cerca para impedir cuatro carreras.
Otro cuadrangular para ampliar la ventaja.
Tres carreras impulsadas.
Dos carreras anotadas.
Es decir, participó directamente en buena parte de la historia del triunfo de San Diego.
Y lo hizo precisamente en Nueva York, donde su relación con el béisbol comenzó mucho antes de convertirse en una estrella de las Grandes Ligas.
Quizás por eso la noche tuvo una carga simbólica especial.
Aquel niño que practicaba saltos cerca del apartamento donde vivía su padre terminó convertido en un jugador de Grandes Ligas capaz de realizar exactamente ese tipo de jugadas frente a miles de personas.
Esta vez no había una pared de apartamento.
Había una cerca de Citi Field.
Y detrás de ella, una pelota que parecía destinada a convertirse en un grand slam de Lindor.
Tatis decidió que no.