Carlos Alcaraz volvió a dar una muestra de su particular forma de celebrar los grandes logros: esta vez, el español decidió grabarse un canguro en la piel para conmemorar su reciente consagración en el Abierto de Australia 2026. El diseño, ubicado en la parte baja de su pierna izquierda, fue realizado durante su estadía en California, en el marco del Masters 1000 de Indian Wells, y representa al animal más emblemático del país oceánico.
La elección no es casual ni aislada: el murciano convirtió los tatuajes en una tradición personal cada vez que conquista un Grand Slam. Con apenas 22 años, el actual número uno del ranking ya había plasmado en su cuerpo referencias a sus títulos anteriores, como la Torre Eiffel por Roland Garros, una fresa por Wimbledon o símbolos de Nueva York por el US Open. Ahora, el canguro se suma como emblema del trofeo que le faltaba para completar el pleno en los cuatro grandes.
El triunfo en Melbourne no solo significó un nuevo hito en su carrera, sino también un logro histórico: Alcaraz se convirtió en el jugador más joven en alcanzar el Career Grand Slam tras vencer en la final a Novak Djokovic. En ese contexto, el tatuaje adquiere un valor simbólico aún mayor, como una marca permanente de una conquista que lo consolida como una de las figuras dominantes del tenis actual y proyecta una carrera que, a este ritmo, todavía tiene mucho espacio —en la piel y en las vitrinas— para seguir sumando capítulos.
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