El prestigioso diario estadounidense compara el caótico y emocional triunfo de la Albiceleste con la cultura psicológica de Buenos Aires. Tom Brady reaccionó en redes asegurando que la gesta de Messi superó su legendario 28-3 en la NFL.

La montaña rusa que desborda las planillas del Mundial

El vigente campeón del mundo se niega a entregar su corona y ha decidido convertir su travesía en la Copa Mundial de la FIFA 2026 en una experiencia extrema, caótica e irresistible. En la jornada de este jueves 9 de julio, las salas de redacción internacionales siguen bajo el impacto de la agónica victoria de Argentina por 3-2 sobre Egipto en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, un careo perimetral que parecía sentenciado en favor de los africanos y que mutó en una de las reacciones más inverosímiles, poéticas y dramáticas en la historia moderna de los mundiales de fútbol.

La magnitud de la remontada capturó la atención del célebre analista James Horncastle, quien publicó una radiografía sociológica en las páginas de The New York Times. En su crónica, Horncastle encuentra una fisonomía muy particular para explicar por qué el combinado sudamericano necesita coquetear con el abismo antes de activar su verdadero poderío táctico: la salud mental y la cultura del diván en el país de la plata. Citando informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el texto destaca que Buenos Aires registra una tasa inverosímil de 222 terapeutas por cada 100,000 habitantes —en contraste con los apenas 30 que promedia Estados Unidos—, una métrica que ayuda a entender por qué esta escuadra, desde el cuerpo técnico comandado por Lionel Scaloni hasta las estrellas en la cancha, está habituada a procesar el sufrimiento extremo como un combustible indispensable para la redención.

Del 0.6% de Opta a los elogios de Tom Brady

El trámite del compromiso en el rectángulo de juego rozó el colapso absoluto para la Scaloneta. Tras venir de un careo sumamente gris y opaco ante Cabo Verde —donde avanzaron gracias a un autogol en tiempo suplementario—, las pizarras de Atlanta se tiñeron de tragedia cuando Egipto facturó el 2-0 parcial a falta de escasos 11 minutos para el pitazo final. En ese instante de fricción histérica, los modelos de inteligencia artificial de la firma Opta le otorgaban a la Argentina un famélico y lapidario 0.6% de probabilidades de consumar la remontada.

Las postales de la velada reflejaban un epílogo de pesadilla: Lionel Messi errando un penal de forma prematura ante el arquero Mostafa Shobeir y cayendo boca abajo sobre el césped con un gesto de total rendición tras una clarísima ocasión fallada por el ingresado Lautaro Martínez. Sin embargo, cuando las planillas dictaban el funeral deportivo del “Rey”, emergió la deidad. Messi frotó la lámpara perimetral para asistir con precisión quirúrgica el descuento de Cristian “Cuti” Romero de cabeza y, minutos más tarde, clavó el empate transitorio con un remate de alta escuela que besó el travesaño antes de ingresar a las redes. La proeza fue de tal magnitud que la leyenda viviente de la NFL, Tom Brady, escribió en su cuenta oficial de X: “Eso quizá supera al 28-3”, equiparando la reacción de Messi con la mayor remontada en la historia del Super Bowl que él mismo lideró con los New England Patriots en 2017.

Lágrimas  y un torneo fuera de eje

El éxtasis definitivo llegó en las fracciones del descuento, cuando Leandro Paredes firmó un cruce defensivo providencial en un mano a mano egipcio, dándole paso al contragolpe quirúrgico donde Enzo Fernández perforó las mallas para desatar el delirio total en las gradas norteamericanas. Al concluir el calvario, tanto Lionel Scaloni como el propio Lionel Messi se derrumbaron sobre el tabloncillo sumidos en un llanto incontrolable, evidenciando el severo desgaste emocional que arrastra el camerino.

“Las sensaciones que te da un partido de fútbol, las emociones que te da, especialmente para nosotros los argentinos, no se comparan con nada. Que volvamos a crear estas emociones es algo increíble. Soy entrenador para momentos como este”, declaró entre lágrimas el timonel Scaloni frente a las pantallas de televisión. Minutos después, Messi secundó la fisonomía del vestuario con una frase contundente: “Fue una locura lo que hizo este grupo en esta fase eliminatoria”.

Mientras los aficionados locales dominicanos debaten los tags del millonario fichaje de Jean Montero en Grecia o el poder perimetral de Yaxel Lendeborg en Las Vegas, la Copa del Mundo se prepara para unos cuartos de final volcánicos. Argentina chocará ante la Suiza de Rubén Vargas en Kansas City bajo la lupa de un planeta entero que mira con recelo sus arbitrajes y sus planillas de penales a favor, pero sabiendo que, con el 99.4% de fe activado y un psicólogo de cabecera a mano, la Albiceleste ha transformado el caos en su hábitat natural.