El director técnico de los “Faraones”, Ibrahim Hassan, encendió la previa del histórico choque en Atlanta con una frase desafiante. Por primera vez en la historia, Lionel Messi y Mohamed Salah se verán las caras defendiendo las camisetas de sus selecciones.

Un choque de planetas inédito a nivel de selecciones

El Mercedes-Benz Stadium de Atlanta será el escenario de un enfrentamiento que paralizará las pantallas internacionales y que regalará un capítulo dorado para los libros de historia de la FIFA. La campeona defensora, Argentina, se mide ante la Selección de Egipto en los octavos de final del Mundial 2026. Más allá del análisis estrictamente táctico de la pizarra, el compromiso adquiere una dimensión colosal al escenificar el primer careo de la historia entre Lionel Messi y Mohamed Salah representando a sus respectivos países.

A pesar de haberse enfrentado previamente en dos batallas de la UEFA Champions League —una en 2015 con Salah vistiendo la camiseta de la Roma y la recordada semifinal de 2019 con el Liverpool—, las dos superestrellas mundiales jamás habían cruzado sus caminos defendiendo las sedas nacionales. Cuando la prensa internacional interrogó al atacante africano de 34 años sobre la posibilidad de batirse en duelo contra el astro de Rosario en lo que podría marcar su última Copa del Mundo, el “Faraón” simplemente sonrió y respondió con un contundente: “Messi”.

“No nos centramos en Messi; tenemos 26 Messis en nuestro país”

El búnker de la delegación de Egipto saltará al césped estadounidense con la moral por las nubes y sin un ápice de temor escénico ante el cartel de los vigentes monarcas del planeta. Los africanos acaban de firmar la página más gloriosa de su bitácora futbolística al derrotar a Australia en una dramática definición por penales, logrando sellar el boleto a la ronda eliminatoria de un Mundial por primera vez en toda su historia.

Con el orgullo intacto, el director técnico de la escuadra egipcia, Ibrahim Hassan, encendió las portadas deportivas con una audaz y provocadora declaración de principios:

“No nos centramos en Messi. Les pedimos a los jugadores que salgan al campo, jueguen a su manera y no se dejen influir por la reputación del rival. Ellos tienen a Messi, pero nosotros tenemos a Mohamed Salah y a 26 Messis en nuestro país”.

El propio capitán Salah asumió el liderazgo del vestuario de cara a la tanda de penales ante los australianos, dejando atrás los fantasmas de las penas máximas erradas en el pasado (como la eliminación ante Senegal en la repesca africana) para inyectar una dosis absoluta de confianza a los futbolistas más jóvenes del plantel.

Las alarmas de la Scaloneta: Desgaste físico y el peligro de Salah

En la acera de la Albiceleste, el optimismo por la racha de cuatro victorias consecutivas se cruza de frente con serias preocupaciones logísticas y físicas. Una de las voces más autorizadas del entorno de la Selección de Argentina, el exdelantero Sergio “Kun” Agüero, encendió las luces de alerta respecto a las ventajas físicas que ostentan los africanos. “Lo que me preocupa es la falta de descanso y el tiempo de viaje. Egipto es muy fuerte físicamente. Además, tiene más calidad en ataque que Cabo Verde”, analizó con preocupación el exjugador, recordando que la plantilla de Lionel Scaloni apenas dispuso de cuatro días para recuperarse y trasladarse tras el extenuante partido de dieciseisavos donde múltiples figuras sufrieron severos calambres.

El foco de la zaga argentina se concentrará de forma prioritaria en neutralizar a un Salah que, pese a arrastrar una reciente lesión en el tendón de la corva sufrida en la fase de grupos ante Irán, se mantiene como el futbolista más punzante del certamen al haber creado 16 ocasiones manifiestas de gol, más que ningún otro jugador en todo el Mundial de 2026. Con el ariete Omar Marmoush y el juvenil Hamza Abdelkarim listos para dinamitar las bandas, y con Salah a las puertas de igualar el mítico récord histórico de 69 goles con la camiseta nacional que ostenta su seleccionador Hossam Hassan, Egipto saltará a la cancha decidido a dar el golpe más sísmico del verano norteamericano.