La selección nacional de Canadá logró una hazaña inédita para su historia futbolística al avanzar por primera vez a la ronda de los dieciseisavos de final de una Copa del Mundo. Sin embargo, la algarabía en el norte del continente se ha transformado en un balde de agua fría debido a una curiosa, insólita y perjudicial consecuencia organizativa tras su tropiezo en la última jornada de la fase de grupos.

El conjunto canadiense cayó derrotado con marcador de 2-1 ante una ordenada Suiza en el partido celebrado en Vancouver. Este resultado impidió que la escuadra local asegurara el primer lugar de su sector, lo que desató un castigo logístico sin precedentes en la historia del torneo de la FIFA. Al no clasificar como líderes de grupo, el estricto reglamento del torneo estipula el movimiento geográfico de las llaves, convirtiendo a Canadá en el primer país coanfitrión de la historia que se verá obligado a abandonar sus propias fronteras para disputar la fase de eliminación directa.

Si los canadienses hubieran amarrado al menos un empate ante los suizos, se habrían quedado cobijados por su ferviente fanaticada local en el BC Place de Vancouver para la siguiente ronda. Ahora, el cuerpo técnico y los jugadores norteamericanos tendrán que empacar sus maletas a toda prisa y viajar hacia el sur para encarar su crucial duelo de eliminación directa.

El destino de los de la “Hoja de Maple” será la ciudad de Los Ángeles, en los Estados Unidos, donde se verán las caras ante la dura selección de Sudáfrica. Para colmo de males, los fanáticos canadienses expresaron su descontento en redes sociales, ya que se habían vuelto furor los famosos “canadian clappers” (aplaudidores gratuitos) distribuidos en los estadios locales. Con la mudanza obligada a territorio estadounidense, el equipo perderá su localía y tendrá que buscar los octavos de final en terreno ajeno.