Cuando se habla de Ricardo Pellerano, la imagen que suele venir a la mente es la de un defensor sólido, silencioso y confiable. Un pilar de la retaguardia en el fútbol argentino durante las décadas del 70 y 80, cuya carrera se construyó sin estridencias, pero con una constancia admirable. Sin embargo, lo que pocos recuerdan —y muchos quizás nunca supieron— es que en su última aventura como profesional, allá por 1980, este zaguero central cambió el libreto: se puso el traje de goleador en Ecuador.
Ese año, Pellerano cruzó fronteras para sumarse al Deportivo Cuenca, club que por entonces buscaba reforzar su defensa con experiencia internacional. Lo que no esperaban es que el argentino también se convertiría en una amenaza ofensiva: anotó 4 goles en apenas 17 partidos, logrando un promedio de 0,24 tantos por encuentro, una cifra que rompe cualquier pronóstico considerando su posición natural.
Ricardo Pellerano, jugador de Deportivo Cuenca 1980 es el padre de Cristian campeón con Independiente del Valle y de Hernán ex jugador de LDU Quito #Pellerano #PadreseHijosExtranjerosenFutbolEcuatoriano pic.twitter.com/ilN7UZ6zz5
— Antonio Ubilla (@AntonioUbilla1) December 13, 2021
Para ponerlo en contexto: en sus 281 partidos oficiales como profesional, Ricardo Pellerano marcó solo seis goles. Es decir, dos tercios de sus tantos los hizo en una única temporada y en un país distinto al suyo. ¿Qué pasó en Cuenca? ¿Cambio de esquema? ¿Mayor libertad para pisar el área rival? ¿O simplemente una muestra tardía de lo que pudo haber sido? La respuesta exacta quizás se haya perdido en el tiempo, pero los números hablan por sí solos.
Más allá de su sorpresiva cuota goleadora en Ecuador, su legado no está en los gritos de gol, sino en su presencia constante y su papel como testigo privilegiado de momentos históricos: desde compartir equipo con Norberto Alonso en su debut hasta estar en la cancha cuando Diego Maradona jugó su primer partido en Primera División.
El capítulo ecuatoriano fue breve, sí, pero marcó un cierre inesperado y vibrante a una carrera que, como él, supo ser discreta pero llena de peso específico. Ricardo Pellerano no solo fue un defensor de época: también supo, por un instante, ser el goleador que nadie esperaba.