Jules Rimet y Uruguay 1930: cómo nació el torneo más lucrativo del mundo
Se dice que el fútbol moderno nació en 1863 en Inglaterra, cuando se fundó la Football Association y se establecieron las primeras reglas unificadas. Pocos años después, en 1885, se profesionalizó oficialmente en ese mismo país. Sin embargo, no sería hasta bien entrado el siglo XX cuando se celebró la primera edición del mayor torneo de selecciones del mundo.
Tuvieron que pasar 26 años desde la fundación de la FIFA, en 1904, para que se materializase la idea del que fuese su tercer presidente, el francés Jules Rimet. La trayectoria de Rimet había estado ligada al fútbol desde sus inicios profesionales: ayudó a fundar el club parisino Red Star FC y fue presidente de la Federación Francesa de Fútbol.
En marzo de 1921, asumió la presidencia de la FIFA de manera interina, cargo en el que estuvo durante los 33 años posteriores. Desde su llegada al organismo rector del fútbol mundial, Rimet tenía una idea clara: crear una Copa del Mundo que se celebrase cada cuatro años.
Tan solo seis años después, en 1928, Rimet acometió su objetivo, tras confirmarse que dos años después se celebraría la primera edición de la Copa del Mundo en Uruguay. Lo que no sabía Rimet es que, 25 años después de su nombramiento como presidente de la FIFA, el trofeo diseñado por el escultor francés Abel Lafleur llevaría su nombre.
Uruguay 1930: la elección que cambió el fútbol
La elección de Uruguay como sede del Mundial de 1930 se formalizó en el seno de la FIFA tras la propuesta impulsada por la Asociación Uruguaya de Fútbol, con Héctor Rivadavia Gómez como una de las figuras clave en la promoción de la candidatura.
El proyecto uruguayo se apoyaba en el prestigio deportivo del país — bicampeón olímpico en 1924 y 1928 — y en el respaldo institucional del Gobierno encabezado por Juan Campisteguy, que garantizó la viabilidad económica del torneo.
Bajo la presidencia de Rimet, la propuesta uruguaya terminó imponiéndose frente a alternativas europeas, consolidando a Montevideo como sede única del primer Mundial de fútbol de la historia.
La historia de las sedes: de Montevideo a Budapest
Tras Uruguay, una lista de quince países compone la historia del Mundial de la FIFA. Italia tomó el testigo del país sudamericano, seguido de Francia, Brasil, Suiza, Suecia y Chile. No sería hasta 1982 cuando España sería elegida para albergar un Mundial. En 2002, el campeonato viajó a Corea del Sur y Japón, pasando a Sudáfrica ocho años después. En 2018 el torneo se disputó en Rusia, viajando a Qatar en 2022.
Solo las ediciones de 1942 y 1946 no llegaron a celebrarse — la Segunda Guerra Mundial obligó a suspenderlas. Se dice que, durante la guerra, el vicepresidente de la FIFA, el italiano Ottorino Barassi, escondió el trofeo en una caja de zapatos debajo de la cama para evitar que cayera en manos del ejército de ocupación.
La metamorfosis: de 590.000 espectadores a 41.000 millones de dólares
La transformación del Mundial de la FIFA en casi cien años es total. Pese a que no hay datos oficiales en clave económica de Uruguay 1930, la comparativa es reveladora. Entonces, un total de 590.549 espectadores asistieron a uno o más de los 18 partidos del torneo, con alrededor de 93.000 aficionados en la final. Los precios de las entradas oscilaban entre 0.5 y 5 pesos uruguayos — equivalentes a fracciones de céntimo de euro.
Ahora, se espera que la edición de 2026 se convierta en el mayor acto deportivo de todos los tiempos por su impacto económico: 41.000 millones de dólares sobre el PIB mundial.
Durante el ciclo 2023-2026 se generarán aproximadamente 11.000 millones de dólares — casi un 50% más que en el período anterior, cuando se registraron ingresos de 7.600 millones. La distribución de esos ingresos:
- Derechos de retransmisión: 4.300 millones de dólares
- Acuerdos de patrocinio: 2.700 millones de dólares
- Venta de entradas y hostelería: 3.000 millones de dólares
La televisión: el motor que lo cambió todo
Durante sus primeras décadas, el Mundial fue un torneo condicionado por la logística y la hegemonía europea. Su verdadera expansión llegó con la posguerra y, sobre todo, con la televisión. A partir de entonces, la competición empezó a consolidarse como un producto audiovisual de alcance global.
En Reino Unido, la BBC e ITV desarrollaron despliegues editoriales completos con programación diaria y análisis en prime time. En Alemania, ARD y ZDF integraron el Mundial en su parrilla con formatos especiales. En Estados Unidos, Fox Sports lo convirtió en un evento de entretenimiento televisivo con estudios propios.
Con el cambio de siglo, el Mundial terminó de consolidarse como un evento global en sentido pleno, con sedes en Asia, África, Europa y América, y una audiencia que abarca prácticamente todos los mercados del planeta.
Los momentos que construyeron la leyenda
En lo deportivo, el Mundial ha dejado imágenes icónicas que forman parte de la memoria colectiva del fútbol:
- Pelé en 1958 — La consagración del genio brasileño que marcó el inicio de una era de dominio y talento generacional
- Maradona en México 1986 — El argentino que redefinió el concepto de futbolista decisivo con actuaciones que trascienden el deporte
- Messi en Qatar 2022 — El cierre de un ciclo histórico con Argentina levantando el trofeo ante Francia, consolidando su estatus como el mejor de todos los tiempos
Son momentos que, más allá del resultado deportivo, han contribuido a construir el relato global del torneo y su impacto cultural a escala mundial.
2026: la edición más grande de la historia
La metamorfosis del Mundial de la FIFA casi cien años después de la primera edición en 1930 es total. Se han aumentado el número de selecciones a 48 — algo que no se había dado antes de la cita en Canadá, México y Estados Unidos. El torneo que Jules Rimet soñó en una sala de reuniones de la FIFA en los años 20 del siglo pasado se ha convertido en el evento deportivo más lucrativo, más visto y más influyente del planeta.
Desde los 0.5 pesos uruguayos de una entrada en Montevideo 1930 hasta los 32.970 dólares de un asiento en la final de Nueva Jersey 2026. Ese es el camino que recorrió la idea de un abogado francés apasionado por el fútbol.