El periodismo de ráfaga y las redes sociales operan bajo una fisonomía implacable: necesitan triturar mitos en las portadas para alimentar el bucle del clic diario. Tras el amargo empate 1-1 de Portugal ante la República Democrática del Congo en el Houston Stadium, las planillas analíticas internacionales se han desbordado en un juicio sumario contra Cristiano Ronaldo. La narrativa oficial ya está escrita en los despachos: que si el “Bicho” es un lastre, que si su letargo contagia a la medular, y la eterna, cansina e imprecisa comparativa con la noche mágica de Lionel Messi ante Argelia.

Pero en este espacio, donde nos debemos al análisis con las estadísticas limpias y el porqué desapasionado en la mano, tenemos la obligación de poner el freno de mano. Vender el acta de defunción futbolística de un atleta de 41 años tras noventa minutos de sequía es un berrinche utilitario. Reducir el cortocircuito de Portugal a un solo hombre es no entender cómo funciona el engranaje táctico de una pizarra de élite.

Las mentiras del relato y la verdad del partido

Lo primero que hay que exigirle a la prensa global es rigor reglamentario. En las últimas horas se ha leído de todo, desde crónicas despiadadas que afirman que Ronaldo “no está a la altura de Messi” (en especial luego de su hat-trick ante Argelia), hasta planillas inventadas que hablan de una sequía histórica inexistente para un delantero que viene de facturar 30 goles en el Al-Nassr esta temporada.

Vamos al estadio de Texas. ¿Terminó Cristiano la primera mitad con cero disparos al arco de Mpasi? Sí. ¿Registró 16 toques, de los cuales 15 fueron devoluciones hacia atrás? También. Pero el delantero centro, por más que se llame Cristiano Ronaldo, es un finalizador perimetral; vive de lo que se siembra en la medular. Y durante los primeros 45 minutos, el bloque ofensivo de Portugal sufrió de una alarmante psicosis creativa. Con un Bernardo Silva completamente apagado y un Bruno Fernandes impreciso, la línea de volantes registró una planilla sepulcral: cero pases entre líneas y cero centros limpios al corazón del área. Atacar a Ronaldo por no marcar cuando sus mediocampistas le cortaron las vías de suministro es una profunda injusticia analítica.

La ansiedad del mito y las ocasiones del complemento

Es innegable que en la segunda mitad el encuentro cambió y llegaron los fallos que hoy le cuestan la crítica de los diarios lusos. Los dos balones que Francisco Conceição le sirvió hacia atrás (al minuto 68 y 74) eran jugadas para que el “Bicho” saliera en hombros. Al mandarlas desviadas junto al vertical izquierdo, dejando a Bruno Fernandes con los brazos extendidos en un berrinche monumental, Cristiano expuso una debilidad, pero no física, sino emocional.

Ronaldo no saltó a la duela norteamericana solo a jugar un partido; saltó arrastrando la presión perimetral de responder al triple impacto de Messi el día anterior y cargando el peso histórico de indexar su partido 23 en Mundiales como el jugador de campo más veterano de la historia de la FIFA (41 años y 132 días). Lo que presenciamos en el NRG Stadium no fue el declive estructural de un goleador insaciable, sino un atleta devorado por la ansiedad de responder a su propio mito, intentando resolver contracorriente y de manera individual los problemas asociativos que el colectivo de Roberto Martínez no sabía descifrar en la pizarra.

Ajustar los despachos antes de Uzbekistán

Roberto Martínez tiene por delante una semana para ordenar las ideas en las oficinas de entrenamiento y apagar las alarmas antes del choque del próximo martes 23 de junio ante Uzbekistán. El cuerpo técnico debe evaluar con frialdad si la alarmante dependencia del vestuario por buscar siempre a CR7 —incluso cuando las líneas de pase dictan otra cosa— no está asfixiando el drive de extremos punzantes como Rafael Leão, o si ha llegado el momento utilitario de meter a Gonçalo Ramos en la rotación para repartir el desgaste en el parqué.

El debut de Portugal dejó un sabor muy agrio y le dejó el carril de líder servido a las planillas de Colombia. Pero a los lectores de este diario les dejo una advertencia basada en veinte años de registros: a Cristiano Ronaldo nunca se le escribe el epitafio antes de tiempo. El monstruo competitivamente más voraz de la era moderna ha sido herido en su orgullo en la primera jornada, y la historia nos demuestra que no hay nada más peligroso para los rivales que un “Bicho” cuestionado buscando redención en los tableros.