El caso más emblemático, el que cualquier hincha de los dos clubes nombra primero, es el de Wayne Rooney. El chico de Croxteth debutó en Everton con apenas 16 años, en octubre de 2002, con un golazo ante el Arsenal que lo convirtió en el goleador más joven de la Premier League en ese momento. Fueron 77 partidos y 17 goles con los Toffees antes de que, en el verano de 2004, Manchester United pagara 25,6 millones de libras por un pibe de 18 años que ya parecía un veterano. Lo que vino después es historia conocida: 559 partidos, 253 goles y el récord de máximo goleador histórico del club, superando a Sir Bobby Charlton. Ganó cinco Premier Leagues, una Champions League, una Europa League y todo lo que había para ganar en Old Trafford. En 2017, con 31 años y el cuerpo ya pesado, Rooney volvió a casa. Regresó a Everton como un gesto sentimental, jugó una temporada con 10 goles en liga y se fue a la MLS. Su historia es la de un hijo pródigo que se fue, conquistó el mundo y volvió a despedirse donde todo empezó.
Curiosamente, el verano en que Rooney regresó a Everton fue el mismo en que Romelu Lukaku hizo el camino inverso. El belga había llegado a Goodison Park en 2014, primero cedido y luego comprado al Chelsea por 28 millones de libras, y se convirtió en una máquina de goles: 87 tantos en 166 partidos con la camiseta azul. En 2017, Manchester United pagó 75 millones de libras para llevárselo a Old Trafford, donde tuvo dos temporadas irregulares —42 goles en 96 partidos, números respetables pero insuficientes para las expectativas— antes de emigrar al Inter de Milán. Lukaku fue letal en Everton y apenas correcto en United, un patrón que se repetiría en otros nombres de esta lista.
Antes de Rooney y Lukaku, el primer gran traspaso entre ambos clubes en la era Premier League fue el de Andrei Kanchelskis. El extremo había sido pieza clave del United de Ferguson a principios de los ’90, ganando dos ligas, una FA Cup y una League Cup. En 1995, tras una salida tumultuosa de Old Trafford, Everton lo fichó por 5 millones de libras y el tipo respondió con 16 goles en su primera temporada, siendo elegido mejor jugador del club. Su velocidad endiablada y su capacidad para desbordar por la derecha lo convirtieron en ídolo instantáneo en Goodison. Lamentablemente, las lesiones y una segunda temporada opaca apagaron la llama, y terminó en la Fiorentina. Pero ese primer año en Everton fue espectacular.
Otro que cruzó de Manchester a Merseyside fue Phil Neville. Formado en la cantera de United junto a su hermano Gary, Phil fue un lateral polivalente que ganó seis Premier Leagues y tres FA Cups con los Red Devils entre 1995 y 2005. Cuando David Moyes lo llamó para sumarse a Everton, muchos pensaron que iba a ser un parche. Se quedó ocho temporadas. Jugó más de 300 partidos con los Toffees, fue capitán del equipo y se retiró en Goodison en 2013 convertido en una leyenda silenciosa del club. Pocos jugadores pueden decir que fueron queridos de verdad en ambos vestuarios.
Hablando de Moyes: si bien no fue jugador, David Moyes es quizás el nombre que más une a los dos clubes en el siglo XXI. Dirigió a Everton durante 11 años (2002-2013), llevándolo a la Champions League y convirtiéndolo en un equipo competitivo con presupuesto limitado. Cuando Ferguson se retiró, fue el elegido para sucederlo en Old Trafford. El experimento duró apenas 10 meses y terminó en despido. Hoy, en un giro del destino, Moyes está de vuelta en Everton para un tercer ciclo, intentando salvar al club del descenso.
Tim Howard es otro caso entrañable. El arquero estadounidense llegó a United en 2003 como una apuesta joven, pero nunca logró consolidarse como titular indiscutido —Roy Carroll y luego Edwin van der Sar le ganaron el puesto—. En 2006 se fue cedido a Everton, y lo que iba a ser un préstamo se convirtió en una década. Howard jugó 414 partidos con los Toffees entre 2006 y 2016, fue el arquero titular durante diez años consecutivos y se convirtió en uno de los jugadores más queridos de la historia del club. Incluso le metió un gol a Bolton con un despeje desde su propia área. En United fue una promesa; en Everton, una leyenda.
Louis Saha siguió un camino similar. El delantero francés tuvo cuatro temporadas en Old Trafford (2004-2008) con destellos de calidad pero demasiadas lesiones. Cuando llegó a Everton en 2008, ya tenía 30 años y las rodillas maltrechas, pero dejó momentos memorables: su gol a los 25 segundos en la final de la FA Cup 2009 contra el Chelsea —el más rápido en la historia de esa final— es parte del folklore del club, aunque Everton terminó perdiendo ese partido.
Marouane Fellaini hizo el viaje de Goodison a Old Trafford en 2013, siguiendo a Moyes en su mudanza al otro lado de la M62. El belga había sido un mediocampista dominante en Everton durante seis temporadas, con su juego aéreo y su capacidad para marcar goles desde la segunda línea. En United nunca terminó de encajar en un estilo definido —fue usado como plan B, como pivote, como delantero de área— pero se mantuvo cinco temporadas y tuvo momentos importantes, como su gol agónico ante el Arsenal en la FA Cup 2016.
En la era más reciente, Michael Keane pasó por la academia de United sin lograr debutar de manera consistente, se fue a Burnley, explotó como central y en 2017 eligió volver a Merseyside en lugar de regresar a Old Trafford, pese al interés de Mourinho. Lleva ya ocho temporadas en Everton y es uno de los referentes del plantel actual. James Garner, otro producto de la cantera de United, también se mudó a Goodison en 2022 y se ha convertido en un jugador versátil e indispensable para Moyes. Y Donny van de Beek, el holandés que nunca encontró su lugar en Manchester, pasó cedido por Everton en 2022 en un intento fallido de relanzar su carrera.
Más atrás en el tiempo, Morgan Schneiderlin fue otro mediocampista que no funcionó en United y terminó en Everton en 2017, donde tampoco logró brillar del todo. Y Darron Gibson, el irlandés que parecía tener un cañón en la pierna derecha, dejó Old Trafford por Goodison en 2012 con la esperanza de tener más minutos, aunque las lesiones truncaron su carrera en ambos lados.
Lo que queda claro al repasar esta lista es que el corredor entre Manchester y Liverpool ha sido transitado muchas veces, y casi siempre en la misma dirección: de Old Trafford a Goodison Park. Salvo Rooney, Lukaku y Fellaini, la mayoría de los nombres hicieron el viaje de United a Everton, muchas veces como jugadores que necesitaban una segunda oportunidad. Algunos la aprovecharon —Howard, Neville, Kanchelskis—. Otros simplemente pasaron. Pero todos, de una forma u otra, son parte del tejido que une a estos dos clubes del noroeste de Inglaterra.