París – En medio de la euforia por la histórica conquista de la UEFA Champions League, Luis Enrique no dudó en poner sobre la mesa una opinión tajante que ya recorre el mundo del fútbol: Ousmane Dembélé debería ganar el Balón de Oro. Y lo hizo sin rodeos, con argumentos que fueron más allá del brillo de los goles o las estadísticas.

El entrenador del Paris Saint-Germain habló en conferencia de prensa tras la aplastante victoria por 5-0 ante el Inter en la final disputada en Múnich, y su discurso dejó en claro que, para él, el verdadero liderazgo no siempre se mide en goles, sino en esfuerzo, compromiso y ejemplo. En ese plano, el técnico encontró en Dembélé mucho más que un talento ofensivo: vio al corazón de un equipo campeón.

Una declaración que sacudió el debate por el mejor del año

Le daría el Balón de Oro solo por cómo defendió esta final”, soltó Luis Enrique, sin una sola sonrisa, aunque en un tono relajado. No necesitó más para que su frase encendiera el debate. La figura del extremo francés se agigantó no solo por su producción ofensiva, sino por su sacrificio en un partido clave.

“Eso es liderar desde la humildad”, amplió el entrenador. “Ousmane ha presionado durante toda la temporada como pocos lo hacen, y hoy fue una muestra más de su compromiso. No tengo dudas de que es el jugador más valioso del año, no solo por títulos, sino por lo que entrega cada vez que pisa la cancha”.

Dembélé, el espejo de la entrega que Luis Enrique quería de Mbappé

La comparación fue inevitable. Las palabras de Luis Enrique remiten directamente a una vieja charla con Kylian Mbappé, captada por las cámaras en un documental de 2024. En aquella ocasión, el técnico le reclamaba al ahora delantero del Real Madrid más compromiso en la presión defensiva, señalando como ejemplo a su ídolo Michael Jordan. “Tú tienes que dar el ejemplo, primero como persona y luego como jugador… Cuando no puedas marcar, ayuda defendiendo”, le decía.

Aquella arenga resuena hoy con más fuerza. En Wembley, el que lideró desde el esfuerzo fue Dembélé, el mismo que entregó dos asistencias en la final, corrió, recuperó balones y sostuvo al equipo desde lo físico y lo mental. Todo eso, sin ser la estrella que encabeza campañas publicitarias, sino con perfil bajo y constancia.

Mbappé, por su parte, se despidió del PSG sin conseguir la Champions, y en esta edición, ya como jugador del Madrid, quedó eliminado en cuartos de final ante el Arsenal.

Una temporada de números imponentes y títulos históricos

Más allá del partido en Múnich, Dembélé construyó un año soñado con la camiseta del PSG. Disputó 45 partidos, en los que marcó 30 goles y dio 14 asistencias. Fue el máximo goleador de la Ligue 1 y elegido como el mejor futbolista del torneo francés.

En lo colectivo, el exBarcelona levantó cuatro trofeos en una misma temporada: la liga local, la Copa de Francia, el Trofeo de Campeones y la ansiada Liga de Campeones. Un póker de títulos que lo coloca como uno de los jugadores más influyentes del ciclo.

Su impacto no se limitó al ámbito de clubes: con la camiseta de la selección de Francia también dejó huella, con tres goles y una asistencia en cuatro apariciones recientes.

¿Es Dembélé el heredero silencioso del Balón de Oro?

En un fútbol dominado por figuras mediáticas y estadísticas brillantes, la candidatura de Ousmane Dembélé al Balón de Oro aparece como una bocanada de aire fresco. Representa la reivindicación del trabajo silencioso, del sacrificio colectivo y del liderazgo basado en el ejemplo, no en el ego.

Luis Enrique lo tiene claro: su PSG campeón fue una máquina que se sostuvo en valores más allá del talento. Y para él, Dembélé fue el engranaje que los unió a todos. En el año en que París tocó la gloria, el extremo nacido en Vernon podría recibir el mayor premio individual del fútbol. Y no por lo que brilló solo con la pelota, sino por todo lo que hizo cuando no la tuvo.

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