La noche prometía fiesta en Rosario, pero terminó teñida de frustración. Ángel Di María volvía a jugar oficialmente en el estadio donde todo comenzó, y el marco no podía ser más emotivo: un Gigante de Arroyito repleto, una hinchada eufórica y un equipo que quería iniciar el semestre con el pie derecho. Pero el fútbol argentino, con su crudeza habitual, le dio al ídolo un recordatorio de lo que significa competir en estas tierras: un fuerte pisotón de Vicente Poggi lo obligó a salir en camilla, y minutos después, el mismo Poggi selló el empate 1-1 que arruinó la celebración.
Gol, dolor y bronca: un regreso marcado por contrastes
El inicio fue prometedor. Di María, con categoría y aplomo, transformó un penal en el 1-0 parcial que desató la locura en las tribunas. Rosario Central dominó el primer tiempo, generó situaciones claras —una incluso estrellada en el travesaño— y mostró una versión convincente ante un rival siempre incómodo como Godoy Cruz.
Pero con el correr de los minutos, el partido se ensució. La fricción creció, y en un cruce fuerte, Poggi pisó con dureza al rosarino, que cayó al suelo con visibles gestos de dolor. La escena fue impactante: Di María dejó la cancha en camilla, y el estadio pasó de la euforia a la preocupación en segundos.
El análisis de Di María: “Es así el fútbol argentino”
Ya más tranquilo, el propio Di María bajó el tono de la preocupación: “Fue un pisotón en el hueso, nada grave. Todo bien”, declaró ante los medios. Sin embargo, no ocultó su fastidio por la agresividad del partido y por cómo terminó la noche.
“Siempre pasa lo mismo. Es el fútbol argentino. Queríamos arrancar bien, darle una alegría a la gente, pero no se pudo”, lamentó. Consciente de que el empate no es un desastre, trató de rescatar algo: “No perdimos, sumamos, hay que seguir trabajando para lo que viene”.
Una presentación que ilusiona, pese al resultado
En lo futbolístico, Central mostró señales positivas, y el propio Di María lo remarcó: “Hicimos un buen partido. En el primer tiempo generamos varias con pelota parada. Después marcamos, pero no lo pudimos aguantar. Una lástima, porque ya faltaba poco”.
También hizo foco en la producción ofensiva: “Tuvimos muchas claras, una pegó en el travesaño… pero no quiso entrar. Así es este juego”, se resignó.
Del glamour europeo al barro criollo
La vuelta de Di María a Rosario no sólo es una historia de amor con su club, sino también una muestra de carácter. En una liga donde el roce es moneda corriente y el margen de error es mínimo, el campeón del mundo ya empezó a experimentar las complejidades del fútbol doméstico. Él lo sabe, y por eso eligió restarle dramatismo: “Estoy tranquilo, lo que no me gusta es hablar mucho… esto, estar con el grupo, es lo que más me importa”, dijo.
Un comienzo difícil, pero con horizonte de esperanza
El reencuentro entre Di María y el pueblo canalla no fue el cuento de hadas soñado, pero sí dejó en claro que hay química, compromiso y calidad. La lesión no parece grave, el equipo respondió, y el semestre recién comienza. Rosario Central ya tiene a su emblema en casa. Ahora, será cuestión de ajustar detalles, recuperar soldados y encontrar regularidad.
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