La historia del fútbol dominicano atraviesa un momento crucial. En un giro sin precedentes, la selección absoluta de República Dominicana ha fijado su campo de entrenamiento en Bogotá, Colombia, como parte de su plan estratégico para encarar dos desafíos trascendentales: las eliminatorias rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026 y la primera participación del país en la prestigiosa Copa Oro de la Concacaf.
Bajo la dirección del técnico argentino Marcelo Neveleff, el conjunto tricolor ha decidido establecerse en la capital colombiana por motivos tanto técnicos como logísticos. A 2,600 metros de altitud, Bogotá ofrece condiciones similares a las que enfrentará el plantel en Guatemala, su primer rival en la ruta mundialista.
“Queríamos movernos gradualmente en cuanto al huso horario y también adaptarnos un poco a la altura. No queremos dejar ningún detalle al azar”, explicó Neveleff. “Todo lo que hagamos ahora es clave para afrontar ese partido con el máximo de preparación”.
Una generación dorada
El equipo dominicano cuenta con jugadores de renombre internacional, quienes no solo aportan calidad sobre el terreno de juego, sino también una identidad competitiva que antes parecía esquiva para el país caribeño.
Júnior Firpo, lateral del Leeds United inglés, se ha convertido en uno de los referentes indiscutibles del combinado. Su experiencia en ligas de élite y su compromiso con el proyecto han inspirado a una camada joven que busca hacer historia.
Dorny Romero, goleador del Bolívar de Bolivia, llega en un momento dulce. Fue figura clave en la clasificación a la Copa Oro al anotar cuatro goles frente a Bermudas en noviembre, sellando así una página inédita en el fútbol nacional. A su lado, el delantero Mariano Díaz —ex Real Madrid— vuelve a enfundarse la camiseta tricolor por segundo ciclo consecutivo, reafirmando su conexión con el proyecto tras años de ausencia.
Objetivos claros: Mundial y Copa Oro
La preparación en Bogotá está orientada a alcanzar el punto máximo de forma antes de una doble cita de alto voltaje. El 6 de junio, República Dominicana se enfrentará a Guatemala en el Estadio Cementos Progreso de Ciudad de Guatemala, en un duelo que ya es considerado como uno de los más importantes en la historia reciente del seleccionado.
Cuatro días después, el 10 de junio, el equipo volverá a casa para medirse ante Dominica en el Estadio Olímpico Félix Sánchez de Santo Domingo. Con una victoria en este encuentro, el equipo podría asegurar por primera vez su pase a la ronda final de las eliminatorias mundialistas.
Pero el camino no termina allí. Apenas cuatro días más tarde, el 14 de junio, la República Dominicana debutará en la Copa Oro frente a la poderosa selección de México, uno de los gigantes del área. Luego enfrentará a Costa Rica el 18 de junio y cerrará la fase de grupos ante Surinam el 22.
La triple exigencia de junio se vislumbra como una prueba de fuego para el cuerpo técnico, que también ha incorporado a nuevos jugadores que deberán adaptarse al modelo de juego en tiempo récord.
“Estamos trabajando no solo en lo físico, sino en crear cohesión, una identidad fuerte. Queremos formar un grupo sólido que pueda enfrentar la adversidad”, subrayó Neveleff.
Un proyecto que toma forma
Esta etapa de preparación en suelo colombiano no es un hecho aislado, sino la expresión más reciente de un proyecto ambicioso que busca consolidar a República Dominicana como un competidor serio en el fútbol regional.
Con una plantilla que ha visto aumentar su valor de mercado de 12 a 21 millones de euros, según datos recientes, la selección refleja una evolución tangible tanto en lo deportivo como en lo institucional. La Federación Dominicana de Fútbol ha apostado por la profesionalización y la planificación a largo plazo, abriendo puertas para que talentos del exterior se integren sin barreras burocráticas ni culturales.
Neveleff ha repetido en más de una ocasión que “cada partido será una final”, y bajo esa filosofía se están construyendo los cimientos de una generación que no solo quiere competir, sino ganar respeto.
El desafío de ilusionar a un país
Más allá de los aspectos tácticos y técnicos, esta aventura representa una oportunidad única para consolidar un vínculo emocional entre la selección y el pueblo dominicano. El fútbol ha comenzado a ganar terreno en un país tradicionalmente dominado por el béisbol, y los logros recientes podrían servir como catalizador para un cambio cultural.
Las redes sociales ya han comenzado a reflejar ese entusiasmo. Los seguidores celebran la presencia de figuras internacionales, la planificación estratégica y, sobre todo, la posibilidad de ver a la bandera tricolor ondear en los grandes escenarios del fútbol continental y mundial.
La concentración en Bogotá marca más que una etapa preparatoria. Es, en esencia, el símbolo de una transformación. República Dominicana ya no es la cenicienta del área; se perfila como un competidor serio con jugadores de renombre, una dirección técnica comprometida y un sueño colectivo que comienza a ser tangible: llegar por primera vez a una Copa Mundial y competir con dignidad en su debut en la Copa Oro.
Lo que antes parecía una utopía, hoy se entrena en la altura de Bogotá.