El telón europeo se levanta en el UEFA Europa League y el Celta de Vigo sabe que el margen es corto. El 1-2 conseguido en Salónica ante el PAOK FC es una ventaja valiosa, pero no definitiva. En el fútbol continental, un gol cambia todo, y en Balaídos nadie quiere sustos innecesarios.
El equipo dirigido por Claudio Giráldez logró cortar una racha irregular precisamente en el duelo de ida. Ese triunfo en Grecia fue un punto de inflexión anímico que se reforzó el fin de semana con otra victoria en LaLiga frente al Mallorca. El mensaje es claro: el Celta llega en crecimiento, con mejores sensaciones y mayor solidez competitiva.
Sin embargo, no todo es tranquilidad. Hugo Sotelo y Pablo Durán siguen fuera por lesión, mientras que Franco Cervi quedó al margen por decisión técnica. La buena noticia es la inclusión en la convocatoria de Carl Starfelt y Álvaro Núñez, quienes arrastraban molestias y finalmente estarán disponibles. Además, Óscar Mingueza y Andrei Radu están apercibidos: una amarilla los dejaría fuera de una hipotética ida de octavos. En estas instancias, cada detalle pesa.
Del otro lado, el PAOK llega con la presión de revertir una historia que, hasta ahora, le ha sido esquiva: nunca logró vencer al Celta. Dos partidos, dos derrotas. Para avanzar, necesita ganar en Vigo, algo que implicaría romper esa tendencia negativa. El empate liguero ante el Larissa no ayudó a reforzar la confianza y, para colmo, el conjunto griego arriba con varias ausencias sensibles: Konstantelias, Ivanusec, Pelkas, Despodov y Lovren están lesionados, mientras que Zivkovic deberá cumplir sanción.
No obstante, el técnico Răzvan Lucescu recupera a un hombre clave: el delantero Giakoumakis, máximo goleador del equipo con 14 tantos, quien no pudo jugar la ida por suspensión. Su presencia obliga a la defensa celeste a extremar cuidados desde el primer minuto.
El contexto invita a una noche vibrante. El Celta tiene la ventaja, el estadio y el impulso reciente. El PAOK, la necesidad y la urgencia. Balaídos será el escenario donde se definirá si el sueño europeo sigue vivo o si la aventura termina antes de lo esperado. Y en este tipo de partidos, la diferencia entre la euforia y la decepción suele medirse en un solo gol.