La histórica final de la UEFA Champions League de este sábado entre el Arsenal y el París Saint-Germain ha desatado una crisis institucional inesperada en el Reino Unido. Por primera vez en 34 años, el partido más trascendental del fútbol europeo a nivel de clubes no se transmitirá por televisión abierta en territorio británico, una decisión que ha llevado al propio primer ministro, Keir Starmer, a elevar una enérgica queja pública que, de momento, no ha surtido efecto.
La cadena de pago TNT Sports, dueña exclusiva de los derechos de transmisión de las competencias de la UEFA en las islas británicas, se ha mantenido inflexible en su política comercial. Rompiendo con una tradición de gratuidad bien establecida desde el año 1992, la compañía exigirá una suscripción de pago para acceder al encuentro, cobrando 30 libras (unos 35 euros) a sus clientes actuales por un mes de servicio y 5 libras a los nuevos usuarios.
Keir Starmer sale en defensa de la clase trabajadora
La medida generó una honda irritación en el nuevo Gobierno laborista. En una carta oficial dirigida a las altas esferas de TNT Sports, el mandatario Keir Starmer solicitó formalmente reconsiderar la estrategia, argumentando el impacto cultural y económico de la restricción:
“La Champions significa mucho para los aficionados de este país, que es el hogar del fútbol. Soy un firme defensor de que la final debería ser gratuita, juegue el Arsenal o no. La clase trabajadora no tendría que preocuparse de poder pagar o no una suscripción para ver un partido de esta magnitud. Los aficionados deberían ser lo primero”, sentenció Starmer.
La molestia gubernamental radica en que millones de fanáticos ingleses se verán limitados para congregarse a presenciar la primera final de los “Gunners” en los últimos veinte años. A pesar del reclamo, la televisora respondió alegando que consideran “un privilegio traer las tres finales al Reino Unido” y defendieron que el costo de su tarifa promocional es accesible.
El vacío legal de la UEFA y el fantasma del pasado ‘Tory’
La raíz del conflicto radica en un descuido contractual de la UEFA. El organismo rector del fútbol europeo no incluyó ninguna cláusula obligatoria que forzara la emisión gratuita de las finales en su último acuerdo con TNT Sports. Aunque se asumía un pacto de buena fe en consonancia con lo hecho por canales previos y por la antigua BT Sports, la cadena decidió monetizar el compromiso definitivo.
Ante este escenario, al Gobierno de Starmer le queda una sola vía legal si desea blindar el acceso al deporte en el futuro: clasificar la final de la Champions dentro de la lista de eventos de interés general, un estatus del que ya gozan competiciones emblemáticas como los Juegos Olímpicos y el torneo de tenis de Wimbledon.
Esta ruta regulatoria ya cuenta con antecedentes cercanos; hace seis años, el anterior gobierno conservador (Tory) intentó catalogar la final de la Copa de Europa bajo este mismo esquema junto al crícket y al Open Británico de golf, pero la iniciativa terminó siendo rechazada y sepultada en la Cámara de los Lores.