El “Scratch” recupera la locura del gol para el debut ante Marruecos.

El MetLife Stadium de Nueva Jersey está a punto de presenciar un regreso a las raíces más puras y audaces del fútbol sudamericano. Mañana sábado, cuando el balón ruede en el estreno del Grupo C, la Selección de Brasil no saldrá a especular, ni a medir fuerzas, ni a cuidar el resultado. El director técnico italiano Carlo Ancelotti ha tomado una decisión que ya estremece las pizarras del Mundial 2026: sacudir los manuales del orden moderno y apostar por un esquema táctico ultraofensivo de 4-2-4. Cuatro delanteros natos, vértigo puro por las bandas y una consigna innegociable: asfixiar al rival a fuerza de goles.

La noticia ha encendido los debates en el planeta fútbol, especialmente por el momento en el que llega. La concentración de la “Canarinha” sufrió un golpe durísimo en la previa tras confirmarse una nueva lesión de Neymar Jr., quien tendrá que ver el debut desde las tribunas esperando regresar para la segunda fecha ante Haití. En cualquier otra selección del mundo, perder a tu faro creativo a horas del debut provocaría dudas y repliegues defensivos. En Brasil, provocó todo lo contrario. La respuesta de Ancelotti ante la adversidad fue redoblar la apuesta, encender los motores del Jogo Bonito y liberar una delantera temible.

La responsabilidad táctica y espiritual de esta maquinaria recaerá sobre los hombros de Vinícius Jr. El extremo del Real Madrid, en un gesto que conmovió a la torcida brasileña y apagó cualquier conato de tensión mediática, declaró públicamente que la camiseta número ’10’ le pertenece a Neymar y que él jugará para honrar el legado de leyendas como Pelé o Ronaldinho. Sin “Ney” en la cancha, “Vini” será el encargado de liderar un tridente y medio de época, acompañado por la explosividad de Gabriel Martinelli por el otro costado, el desequilibrio de Raphinha y la potencia física de Matheus Cunha en el corazón del área chica.

El plan de Brasil es tan arriesgado como fascinante. Dejar la medular de la cancha expuesta únicamente al despliegue físico e inteligente de Casemiro y Bruno Guimarães implica que las transiciones defensivas deberán rozar la perfección. El “Scratch” sabe que en la última Copa del Mundo la falta de contundencia y el exceso de confianza los mandó a casa en los cuartos de final ante Croacia, y los exámenes preparatorios de este año —donde aplastaron 6-2 a Panamá y vencieron 2-1 a Egipto— demostraron que este equipo vive para y por el ataque.

Mañana, el plan ultraofensivo de Ancelotti se medirá ante su prueba de fuego más exigente. Los “Leones del Atlas” de Marruecos no son un rival cualquiera; llegan cobijados por el histórico cuarto puesto de Qatar 2022 y con el antecedente fresquísimo de haber derrotado a Brasil por 2-1 en su último careo amistoso en 2023. La muralla marroquí protegida por Yassine Bono en el arco y la inteligencia táctica de Achraf Hakimi por la banda derecha desafiarán cada segundo de la propuesta sudamericana.

Brasil ha decidido vaciar los cargadores desde el primer minuto del campeonato. En una era donde el fútbol suele amarrarse por el miedo a perder y los planteamientos precavidos, la pentacampeona del mundo salta al MetLife dispuesta a demostrar que el futuro del fútbol sigue perteneciendo a los valientes que se atreven a atacar. La mesa está servida para un choque colosal.