El Real Madrid cumplió con su obligación este domingo. Ganó en Cornellá, evitó que el Barcelona cantara el alirón desde casa y, de paso, eliminó uno de los debates más espinosos de la semana: si los blancos iban a hacer o no el pasillo de campeón al Barça antes del Clásico del próximo domingo. Ya no hay debate. Porque ya no hay pasillo.

El Madrid no falla en el match-ball

El Barcelona llegó al domingo con una ventaja de 14 puntos sobre el Real Madrid en la tabla. Un triunfo blanco en Cornellá era el único escenario que podía evitar que los azulgranas se proclamaran campeones desde el sofá de su casa. Y los de Arbeloa respondieron.

La victoria del Espanyol sobre el Real Madrid era el primer match-ball para evitar el título culé, y los blancos lo sacaron adelante. El resultado aplaza la coronación del Barcelona y traslada toda la tensión al escenario más dramático posible: el Clásico del próximo domingo en el Spotify Camp Nou.

El debate del pasillo, zanjado

Lo que más ruido hubiera generado esta semana no era el título en sí, sino lo que vendría antes del Clásico: el pasillo. La tradición futbolística dicta que el campeón recibe el honor del pasillo de su rival antes del partido. Y la imagen del Real Madrid haciendo el pasillo al Barcelona en el Camp Nou era una que muchos en el madridismo preferían no imaginar.

El triunfo en Cornellá zanjó el debate antes de que empezara. No habrá pasillo. No habrá ceremonia incómoda. Habrá fútbol, y el Barcelona tendrá que ganarse el título en el campo, ante su máximo rival, en su propio estadio.

Las cuentas para el título

La situación matemática es la siguiente: un triunfo o un empate del Barcelona en el Clásico proclama campeón a los azulgranas de manera matemática. Con un empate, la diferencia sería de al menos 12 puntos, con solo tres jornadas y nueve puntos por disputarse.

Si el Real Madrid gana el Clásico, la diferencia se reduciría a ocho puntos, con el gol average a favor de los blancos. En ese escenario, el Barcelona necesitaría al menos una victoria más para ser campeón. Un empate culé combinado con triunfo madridista dejaría la diferencia en seis puntos y dos jornadas por delante, retrasando el alirón una jornada más.

Los jugadores del Barça, al margen del debate

Los jugadores del Barcelona no entraron en la polémica del pasillo. Robert Lewandowski fue el más evasivo: se refugió en el objetivo de ganar todos los partidos y llegar a los 100 puntos, otro de los retos que ilusiona a la plantilla azulgrana esta temporada.

El mensaje del vestuario culé fue claro: quieren ganar cuanto antes, pero prefieren hacerlo en el campo. Y el Clásico es la oportunidad perfecta.

El Clásico que lo decide todo

El próximo domingo, el Spotify Camp Nou será el escenario de uno de los Clásicos con más carga emocional de los últimos años. El Barcelona puede proclamarse campeón de su vigesimonovena Liga ante su máximo rival, en su propio estadio, con su afición celebrando en las gradas.

El Real Madrid, por su parte, llega con la misión de aguarle la fiesta por segunda semana consecutiva y mantener viva una Liga que, matemáticamente, todavía no está perdida del todo.

El pasillo no habrá. Pero el espectáculo, sin duda, sí.