El nuevo formato de la Champions League cambió por completo la manera de imaginar el denominado “grupo de la muerte”. Ya no existen los grupos tradicionales ni una primera fase en la que cuatro equipos quedan encerrados en una misma zona. Desde la transformación del torneo, cada club disputa una fase liga de ocho partidos, frente a rivales procedentes de los cuatro bombos del sorteo.

Eso significa que incluso los grandes favoritos pueden encontrarse desde el inicio con varios de los principales aspirantes al título.

Para los equipos españoles, el escenario resulta especialmente interesante. Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid estarán ubicados en el bombo 1, mientras que Betis y Villarreal partirán desde los bombos 2 y 3, respectivamente. Sin embargo, pertenecer al primer bombo no garantiza un calendario sencillo.

La razón es precisamente una de las características centrales del nuevo sistema: los cabezas de serie también deben enfrentarse a dos equipos del bombo 1.

Adiós al grupo de la muerte, hola a la ruta de la muerte

Con el formato anterior, hablar de un “grupo de la muerte” tenía sentido porque podía existir un grupo particularmente complicado con cuatro equipos fuertes. Ahora esa expresión ha perdido precisión.

En su lugar, puede hablarse de una “ruta de la muerte”: una combinación de ocho rivales que, individualmente y en conjunto, puede convertir la fase liga en una auténtica prueba de resistencia.

Cada equipo recibirá dos adversarios de cada uno de los cuatro bombos. Por eso, estar en el bombo 1 no significa evitar a los gigantes europeos. Al contrario, Madrid, Barça y Atlético pueden tener que enfrentarse a otros dos clubes situados en ese mismo grupo de cabezas de serie.

El ejemplo más extremo planteado para los equipos españoles reúne prácticamente todos los ingredientes para construir un calendario de máxima dificultad.

La combinación hipotética incluye al PSG y Arsenal, procedentes del bombo 1; Oporto y Manchester United, del bombo 2; Nápoles y Leipzig, del bombo 3; y Stuttgart y Como, del bombo 4.

Sobre el papel, sería una de las rutas más exigentes que podría deparar el sorteo.

PSG y Arsenal, el primer gran desafío

El hecho de enfrentarse a dos equipos del bombo 1 ya eleva considerablemente el nivel de dificultad.

Un duelo contra Paris Saint-Germain o Arsenal representa un enfrentamiento ante equipos que, por su posición en el sorteo, pertenecen al grupo de clubes considerados entre los principales candidatos del continente.

Para un equipo español del bombo 1, encontrarse con ambos en la misma fase liga significaría afrontar desde temprano dos partidos de máxima exigencia.

La situación es particularmente relevante porque estos encuentros no sustituyen los otros seis compromisos. Se suman a ellos.

De ahí surge la importancia del concepto de “ruta”: no se trata solamente de tener uno o dos partidos complicados, sino de acumular rivales de alto nivel en diferentes bombos.

Manchester United y Oporto aumentan la dificultad

El segundo escalón de esta hipotética ruta estaría compuesto por Oporto y Manchester United, procedentes del bombo 2.

Aquí aparece otra característica importante del sistema. Un club que ya tiene dos rivales de enorme nivel del bombo 1 todavía debe afrontar otros dos adversarios del segundo bombo.

El resultado puede ser una fase liga con cuatro encuentros especialmente exigentes antes incluso de llegar a los rivales de los bombos inferiores.

En el escenario planteado, Nápoles y Leipzig completarían los enfrentamientos del bombo 3, mientras que Stuttgart y Como serían los representantes del bombo 4.

Aunque estos últimos clubes puedan parecer menos intimidantes que los gigantes de los bombos superiores, forman parte de un calendario que, acumulado, podría dejar muy poco margen para el error.

La regla que limita los enfrentamientos entre países

El sorteo tampoco es completamente libre. Existe una restricción fundamental: los equipos pueden enfrentarse como máximo a dos clubes de un mismo país.

Esta regla tiene consecuencias importantes a la hora de construir las posibles rutas.

Si un club español, por ejemplo, recibe dos equipos de una determinada nacionalidad desde el bombo 1, ya no podrá encontrarse con otros clubes de ese mismo país procedentes de los bombos restantes.

Por eso, no basta con seleccionar a los equipos aparentemente más fuertes de cada bombo. El sorteo debe respetar las restricciones establecidas para los enfrentamientos nacionales.

Esta condición hace que algunas combinaciones teóricamente posibles dejen de serlo y convierte el sorteo en un ejercicio mucho más complejo que el antiguo sistema de grupos.

Cinco equipos españoles ante un desafío diferente

La presencia de Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid en el bombo 1 ofrece una ventaja inicial en términos de clasificación y valoración, pero no los blinda ante los grandes rivales.

Mientras tanto, Betis y Villarreal, ubicados en los bombos 2 y 3, respectivamente, parten con un escenario diferente y también pueden recibir adversarios de enorme nivel.

El cambio de formato obliga a mirar la Champions desde una perspectiva distinta. Ya no se trata de sobrevivir a seis partidos contra tres rivales y calcular las posibilidades de avanzar desde un grupo cerrado. Ahora cada equipo tiene que construir su camino a través de ocho partidos contra adversarios distribuidos por todo el cuadro.

Eso aumenta la variedad de los calendarios y, al mismo tiempo, puede generar diferencias importantes entre las rutas que les correspondan a los distintos clubes.

Para los españoles, la combinación más dura planteada —PSG, Arsenal, Oporto, Manchester United, Nápoles, Leipzig, Stuttgart y Como— muestra precisamente hasta qué punto un sorteo favorable o desfavorable puede modificar las perspectivas de una temporada europea.

La Champions ya no tiene grupos de la muerte. Pero sí puede tener rutas capaces de convertir la fase liga en una verdadera batalla desde el primer partido.