Se terminaron los experimentos y las dudas para La Roja. Después de una fase de grupos que dejó más interrogantes que certezas tras el sorpresivo empate ante Cabo Verde y un triunfo ajustado contra Uruguay, la selección de Luis de la Fuente se plantó con autoridad en los dieciseisavos de final del Mundial 2026 y goleó por 3-0 a una combativa pero superada selección de Austria ante más de 70 mil espectadores en el SoFi Stadium.
Desde el pitazo inicial, el libreto del partido estuvo claro. España asumió el protagonismo absoluto a través de la posesión del balón, registrando un aplastante 65% frente al 35% de los dirigidos por Ralf Rangnick. La asfixiante presión ibérica anuló por completo los circuitos de los austríacos, que venían de un desgaste monumental tras su agónico pase ante Argelia y nunca pudieron encontrar la brújula en territorio californiano.
La superioridad se reflejó de inmediato en las estadísticas ofensivas: La Roja generó 15 intentos de gol, metiendo 10 de ellos entre los tres palos, obligando al arquero rival a convertirse en figura para evitar una catástrofe mayor en el marcador. Austria, por su parte, pagó caro su falta de profundidad y terminó el encuentro con cero tiros a puerta, un dato que refleja la solidez defensiva que recuperó la zaga española.
Control total y rotación clave
Con el boleto en el bolsillo, De la Fuente se dio el lujo de mover el banquillo en la segunda mitad para dosificar cargas de cara a lo que viene. Figuras de la talla de Lamine Yamal, Pedri, Dani Olmo y Alex Baena abandonaron el terreno para dar paso a Gavi, Fabián Ruiz, Mikel Merino y Ferran Torres, manteniendo la intensidad alta y demostrando la impresionante profundidad de plantilla que posee el conjunto ibérico.
Con este contundente 3-0, España borra de un plumazo las críticas del debut, recupera la chispa que la coronó en el Viejo Continente y manda un mensaje directo a sus rivales de cara a los octavos de final: el campeón está despierto y tiene hambre de más gloria mundial.